«Siria está al borde del colapso y necesita ayuda», dice el cardenal Zenari

El papa Francisco con el cardenal Zenari, en una foto de archivo
El relato del Nuncio Apostólico en Damasco sobre la trágica situación en Siria, durante la cita en el Aula Nueva del Sínodo, con los embajadores acreditados ante la Santa Sede. «El país está al borde del colapso y necesita ayuda», dice el cardenal Zenari: «no dejemos que quede enterrado bajo un manto de silencio».
Haciendo referencia a la última encíclica del papa Francisco Fratelli tutti, el cardenal Mario Zenari se dirige a los embajadores acreditados ante la Santa Sede para pedir la «solidaridad» con Siria, siempre «más enferma y más pobre», porque «o nos salvamos todos o no se salva nadie». El Nuncio en Siria habla del país que lo acoge desde hace 12 años, que hoy parece haber desaparecido «del radar de los medios de comunicación», una desgracia que se suma a un conflicto de larga duración y que, hoy en día, corre el riesgo de ser cubierto por un «manto de silencio», como dijo el Papa en el intercambio de saludos con el cuerpo diplomático el año pasado.

El cardenal -en la reunión moderada por Monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario de Relaciones con los Estados- se refirió sobre todo al aspecto humanitario de la que es, «la más grave catástrofe humanitaria causada por el hombre después del final de la Segunda Guerra Mundial» y recordó «que en el suelo y en el cielo de Siria todavía hay cinco Fuerzas Armadas de países en desacuerdo entre sí».

Una tragedia evocada también por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, en su introducción, al recordar a los presentes, que el riesgo es que uno se acostumbre a una «letanía de los horrores» y así «caiga en el silencio y en la indiferencia», ante las imágenes de madres exhaustas, niños que mueren de hambre y de frío, padres desesperados que, después de largas horas de camino, no pueden llegar a tiempo a los hospitales para salvar a sus hijos.

La importancia del proyecto «Hospitales Abiertos»

Por su parte, el cardenal Zenari explica que en Siria «ha estallado la terrible ‘bomba’ de la pobreza», que afecta a cerca del 80% de la población, ahora privada incluso de los bienes esenciales. La pregunta fundamental que el Nuncio dirige a la audiencia es cómo detener ‘esta bomba’, y recuerda la importante labor de las Iglesias presentes en Siria y las Organizaciones de Caridad de inspiración católica que, a lo largo de los años, «han dado vida a una serie de proyectos humanitarios».

El cardenal cita los «Hospitales Abiertos» de Damasco y Alepo, estructuras accesibles a todos los enfermos y pobres, más allá de las creencias religiosas, estructuras que curan «los cuerpos y las relaciones sociales» entre personas pertenecientes a diferentes religiones. Un proyecto, iniciado con el apoyo del papa Francisco, iniciado durante tres años, con un costo de 17 millones de euros, que casi ha llegado a su fin, pero que no puede ser interrumpido, y para el cual se necesita ayuda económica. Sin embargo, incluso un proyecto tan importante corre el riesgo de ser una gota en medio del mar de los enfermos en constante aumento, por muchas causas, a las que hoy en día se ha añadido otro enemigo: la pandemia del Covid-19.

La ayudar a Siria no sea solo asistencia 

Es una lista de devastación la que recopila el Nuncio Zenari: éxodo de personal sanitario, debilitamiento de la industria farmacéutica más floreciente de la región, escuelas inutilizables y más de dos millones de niños no escolarizados, desempleo y luego la destrucción de hogares. Habla de «barrios y aldeas esqueléticas y fantasmales», en las afueras de la capital Damasco, en Homs, en Alepo, y recuerda que hay 12 millones de sirios que ahora están desplazados internamente o refugiados en los países vecinos. La «generosa ayuda» recibida hasta ahora «es un grifo de agua en el desierto» y junto al precioso trabajo de las ONG y las organizaciones humanitarias, es necesario «el apoyo de los gobiernos».

Sin embargo, la ayuda proporcionada hasta ahora no puede ser una solución a largo plazo, caería en el «asistencialismo», convirtiendo a los sirios en «mendigos».

Por lo tanto, el Nuncio explica que lo que se necesita es un «río» de ayuda para la reconstrucción y la recuperación económica de Siria.

Las Iglesias -responde el purpurado al ser preguntado por los presentes- tienen campo libre para el proyecto humanitario, pero las dificultades son de orden práctico, como las nacidas a raíz de la grave crisis del Líbano, país que siempre ha sido un paso importante para la ayuda humanitaria. Sin la reconstrucción y sin un comienzo económico «la paz no llegará a Siria», pero «el tiempo se acaba» (es la advertencia), «se necesitan soluciones radicales». El cardenal, instado también por las preguntas, se detiene en la «delicada cuestión de las sanciones impuestas a Siria», que sobre todo pesan sobre la población, la primera en sufrir, pero que no debilitan «la actual dirección política de Damasco». Es una cuestión que hay que resolver, tomando «el toro por los cuernos», para no permanecer en la miseria, para hacer frente al coronavirus, en referencia al llamamiento del Papa en la última Pascua, cuando pidió que se levantaran las sanciones para permitir a los estados enfrentarse a la pandemia del Covid.

El dramático éxodo de los cristianos: una ventana abierta al mundo

El cardenal Zenari anuncia el inminente largo y frío invierno sirio, recuerda a los ancianos y niños que han muerto en los últimos años, se detiene en la herida incurable infligida a Siria por la partida de tantos jóvenes cualificados, así como en la «muerte de tantos de ellos en la guerra»; describe el doloroso sacrificio de los niños, las primeras víctimas de este conflicto, habla de la suerte de las mujeres, obligadas a sufrir abusos muy graves. Y luego describe el dolor de tener que ver que más de la mitad de los cristianos han dejado Siria, que las iglesias ya no tienen fieles. Un éxodo que marca un enorme riesgo para la sociedad en su conjunto, porque los cristianos son una ventana abierta al mundo, son una riqueza en todos los sectores del país. La petición más sincera es hacer todo lo posible para que los fieles cristianos puedan permanecer en Siria para ayudar a construir la paz y, sobre todo, para reconstruir los corazones heridos de los ciudadanos, cristianos y musulmanes, pero sobre todo de los niños.

Lo que se hace falta es la reconciliación de los espíritus, los impulsos, un compromiso importante también para las religiones, en perfecta armonía y sinergia entre ellas.

La esperanza en riesgo: no la dejemos morir

«¡Quiten las manos de Siria!», es el grito del Nuncio, que concluye su encuentro con una mirada «al grave problema humanitario de la repatriación de los refugiados», así como «a los numerosos desaparecidos y prisioneros».  En diez años de guerra han muerto tantas personas, tantos niños, pero ahora la «esperanza» también está en peligro, «no dejemos que muera» es el último ruego del cardenal Zenari, «no dejemos que quede enterrada bajo un manto de silencio».

(Francesca Sabatinelli – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 41564 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).