Santa Teresa 2020 – Orar por los demás en este tiempo difícil

Queridos hermanos:
Quisiera enviaros a todos un especial saludo y mi cercanía en estas fiestas de nuestra Santa Teresa de Jesús, y hacerlo si cabe con más cariño en este año tan especial en que estamos padeciendo la grave situación de la pandemia del COVID-19, que tanto sufrimiento está provocando especialmente en las víctimas y sus familias, a la par que se hacen patente numerosas muestras de entrega de personas e instituciones que nos ayudan a superarla y a las que estamos infinitamente agradecidos.

Esta prolongada circunstancia está cambiando también muchas cosas en nuestra vida personal y social, entre ellas la forma de celebrar nuestras fiestas como ocurre con la de nuestra Santa en este año en que conmemoramos el 50 aniversario de su proclamación como Doctora de la Iglesia por el Papa san Pablo VI, quien además de reconocer y ensalzar las grandes
virtudes humanas y sobrenaturales que concurren en la santa abulense y su condición de ser la primera mujer en la historia de la Iglesia a la que se otorga este singular título, destaca que su gran mensaje o legado es la oración, que en ella alcanza la cumbre de la mística cristiana junto a nuestro otro Doctor de la Iglesia san Juan de la Cruz. “Llega ahora a nosotros –decía el santo Papa S. Pablo VI en su homilía de la misa de proclamación del doctorado- el sublime y sencillo mensaje de la oración de la sabia Teresa, que nos exhorta a comprender «el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad…, que no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 4-5). Este es, en síntesis, el mensaje que nos da Santa Teresa de Jesús, doctora de la santa Iglesia. Escuchémoslo y hagámoslo nuestro”.

Santa Teresa de Jesús efectivamente es reconocida en toda la Iglesia como maestra de vida espiritual. Lo que con más frecuencia suele destacarse de sus enseñanzas es la descripción que hace de la unión del alma con Dios en sus sucesivas etapas o «moradas», así como los consejos que ofrece para llegar a recibir esta gracia. Pero, junto con ello, no podemos olvidar
otra dimensión esencial de la oración cristiana, profundamente arraigada en la experiencia creyente y sobre la que nuestra Doctora también tiene mucho que enseñarnos. Me refiero a la intercesión, a las peticiones que elevamos al Padre por nuestro bien, el de la Iglesia y el de toda la familia humana.

En estos tiempos de pandemia, cuando tantas personas sufren a causa de la enfermedad, de la crisis económica o de la inestabilidad social, los cristianos tenemos la obligación no sólo de socorrerlos con nuestra ayuda material y nuestras palabras de aliento; también debemos rezar por ellos y suplicar a Dios que recuperen la salud, el bienestar y la paz. Quiero invitaros,
por tanto, a rogar insistentemente para que pase pronto esta epidemia y que sus consecuencias sean lo menos perniciosas posibles. ¡Oremos por las personas que han muerto y sus familias, por los enfermos y por los que los cuidan y ayudan!

Nuestro Señor Jesucristo insiste en reiteradas ocasiones en la necesidad de hacer oración de petición. Por ejemplo, cuando asegura a sus discípulos que «lo que pidáis en mi nombre, yo  lo haré» (Jn 14,13), repitiendo lo que ya había asegurado antes: «todo lo que pidáis orando con fe lo recibiréis» (Mt 21,22). Nos invita a una intensa confianza: «Pedid y se os dará» (Mt 7,7).
Y pone ejemplos muy claros, fundados en la conciencia del inmenso amor del Padre: «Si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le piden!» (Mt 7,11).

Santa Teresa, como amiga fuerte de Jesús, recoge estas indicaciones del Maestro. Es frecuente, por ejemplo, encontrar en su Epistolario numerosas súplicas a los destinatarios de sus cartas para que se rece por tal o cual intención, así como el compromiso suyo de interceder por algunas necesidades concretas. En el inicio de Camino de Perfección explica que una de las
misiones de los monasterios que funda, si no la principal, era la de apoyar con su oración la labor de los misioneros en América y de los teólogos que rebatían las tesis luteranas. En concreto, anima a sus monjas a pedir dos gracias especiales: «que haya muchos… que tengan las partes que son menester para esto» y «que después de puestos en esta pelea… los tenga el Señor de su mano para que puedan librarse de tantos peligros como hay en el mundo» (CV 3,5). La principal enseñanza de la Santa en este pasaje es que una oración de intercesión, para ser verdadera, no debe buscar egoístamente el propio bien, sino que debe ser movida por la caridad y pretender de todo corazón la gloria de Dios y el bien de la Iglesia (cf. CV 3,6). La oración de petición, dice la Santa, no se limita sólo a lo que se dice con palabras, sino que va acompañada de pequeños sacrificios ofrecidos por amor y, sobre todo, de un cumplimiento lo más perfecto posible de los consejos evangélicos. No se trata de hacer grandes cosas, sino de poner «lo poquito que hay en mí… confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo» (CV 1,2).

La misma Teresa experimenta la eficacia de la oración de petición. Cuando estaba desanimada ante las dificultades de sus fundaciones, se siente sostenida por la oración de cuantos apoyan su obra y escribe: «Me tenía con tanta pusilanimidad entonces, que no parece confiaba nada de Dios. Mas las oraciones de aquellas benditas almas, en fin, pudieron más» (F
28,14). ¡Qué fuerza tienen estas palabras en unos tiempos como los actuales, en los que hay muchos que se desaniman y desconfían ante la dureza del coronavirus y de sus consecuencias! ¡Qué hermoso es sostener, con nuestra oración, a personas que flaquean y sabernos también sostenidos por ellas, en esa defensa espiritual que la oración de los cristianos levanta para toda la Iglesia como sólida muralla frente a los demonios del desaliento y la desesperación! La oración de intercesión se hace en la comunión del Espíritu, unos pedimos por otros, seguros de que «si siempre pedís a Dios lo lleve adelante, y no fiais nada de vosotras, no os negará su misericordia» (F 27,12).

No es posible recoger en estas breves líneas los muchos pasajes en los que la Santa habla de la oración de petición. Sirvan estos que acabo de referir para que, de la mano de nuestra Santa, nos comprometamos a hacer lo que ahora el mundo más necesita: suplicar a Dios el fin de la pandemia. Hagámoslo personal o comunitariamente, invocando también la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los Santos. Podemos hacer con santa Teresa lo que ella hizo con su venerado san José: «tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores… este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabría pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que no la haya dejado de hacer» (V 6,6). Eso mismo les dice este Obispo que mucho lo tiene experimentado.

Con mi afecto y bendición les deseo lo mejor en esta fiesta de nuestra Santa abulense.

✠José María Gil Tamayo,

Obispo de Ávila

Mons. Jose Mª Gil Tamayo
Acerca de Mons. Jose Mª Gil Tamayo 20 Articles
Nacido el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz), José María Gil pertenece, desde su ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980, al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en cuyo Seminario realizó los estudios sacerdotales, licenciándose posteriormente en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos rurales y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. En 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis, de la que es canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz. Ha sido profesor del título de postgrado de “Experto en Comunicación” de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ha sido profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador y ha dictado conferencias en Puerto Rico. En el ámbito internacional ha sido (2001-2011) experto del Comité Episcopal Europeo de Medios de Comunicación (CEEM); colaborador de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y ha asesorado sobre temas de pastoral de las comunicaciones a los obispos de las Conferencias Episcopales de El Salvador y de Chile. Ha sido miembro del Comité internacional preparatorio del Congreso Mundial de TV Católicas, celebrado en Madrid en octubre de 2006, dirigiendo también la oficina de prensa de dicho evento. Ha sido portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012. Ha desempeñado la tarea de adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco, en febrero y marzo de 2013. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016). OTROS DATOS DE INTERÉS Durante 13 años (1998-2011) fue Director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española. Ha dirigido también el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC)(www.agenciasic.es). Ha sido secretario general de la Conferencia Episcopal Española en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hace público su nombramiento como obispo de Ávila. Sede de la que tomará posesión el 15 de diciembre.