Patricia Rodríguez, médica: “Intento ver a Cristo sufriente en el enfermo”

La médico Patricia Rodríguez, desde el pasado 10 de octubre, forma parte del Ordo Virginum. Con motivo de su consagración como Virgen Consagrada, tenida lugar en Covadonga, el semanario de información del Arzobispado de Oviedo ‘Esta hora’ publica su entrevista.

¿Qué es lo que vas a vivir el 10 de octubre, en Covadonga?

Celebramos mi consagración como Virgen Consagrada, para empezar a pertenecer al Ordo Virginum de esta diócesis de Oviedo.

Has elegido un lugar muy especial, la casa de la Madre.

Sí, para mí es muy simbólico y a nuestro Arzobispo, Mons. Jesús Sanz, también le parecía el lugar más adecuado. Estaremos acogidos bajo el manto de María. Un lujo.

¿Cómo llegas a tener esa certeza sobre tu vocación?

Realmente yo fui ya religiosa, es decir, ya estuve consagrada. Pero en un momento determinado me secularicé porque no veía que esa fuera mi vocación definitiva. Buscando, recurrí a nuestro Arzobispo y él fue el que me habló de esta vocación, que yo apenas conocía. Al descubrirla, me pareció que era una llamada de Dios para poder seguir consagrada a Él, de quien me siento enamorada, siguiendo con mi profesión, que también es una vocación que siento con mucha fuerza. Ahí empezó un proceso de discernimiento que culminará con la celebración de este sábado.

Ser Virgen Consagrada es una vocación muy particular, una de las vocaciones más antiguas de la Iglesia, pero también una de las más desconocidas, ¿Cómo la definirías?

Lo más característico es el ofrecer a Cristo la esponsalidad, es decir, esa virginidad, y ofrecerle tu vida entera. Consiste en seguir viviendo la consagración bautismal de una manera más explícita, con dos características muy sencillas: por un lado la diocesanidad –el servicio a la Iglesia universal en una diócesis concreta–, y por otro lado la secularidad, ya que nosotras tenemos un trabajo secular, en medio de la sociedad en la que vivimos, donde también estamos llamadas a ser signo.

Eres médico, trabajas en un hospital, y esa, especialmente en estos días, es una profesión que imprime carácter también. ¿Cómo vives tu día a día en el trabajo?

Por un lado está el servicio a los pacientes, en los que intento ver a Cristo sufriente, y verle a veces también cuando las cosas no parecen tener sentido, porque no siempre vemos grandes patologías en un servicio de urgencias, a veces vemos a gente que está muy perdida.

Por otro lado, está el testimonio entre los compañeros, que no siempre son personas creyentes y no siempre entienden cómo una persona puede vivir en la sociedad enamorada del Señor y siendo ese el centro de su vida. Es, en definitiva, un doble compromiso, con los compañeros y con los pacientes.

¿Tu familia y tus amigos entienden tu decisión y te apoyan?

Sí, no lo comprendieron en un principio cuando, con 20 años, me fui a una congregación, pero yo creo que ahora ya se han acostumbrado y han entendido que mi vida es Cristo. Además, ya tengo edad de que me comprendan (risas).

Hay otras vírgenes consagradas en Asturias. ¿Estáis en contacto, cómo os relacionáis?

Realmente estoy empezando ahora a entrar en contacto con ellas. En estos momentos en Asturias hay cuatro vírgenes consagradas y si Dios quiere, a partir de mañana seremos cinco. No vivimos en comunidad, porque no es propio del Ordo Virginum, pero sí en fraternidad. Espero reunirme con ellas en algún retiro, para la oración y sobre todo, estar en comunión, que es lo más importante.

Hablas del servicio a la diócesis desde tu vocación. ¿En qué se traducirá?

No sé en qué se traducirá, pero yo me siento disponible. Decía San Pablo que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de la comunidad. Yo creo que conozco cuáles son mis dones y mis cualidades, y cuáles no lo son en absoluto. Me veo, por ejemplo, en temas de espiritualidad, para lo que llevo años preparándome, en el estudio de la Teología. Dios dirá y nuestro obispo también tendrá que decir dónde puedo echar una mano, pero la disponibilidad es absoluta.

(Archidiócesis de Oviedo)

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