Acción de gracias por la expansión de la fe y evangelización en América Latina

Con una invitación a los fieles a encomendar gracias especiales a la Sierva de Dios Isabel La Católica y la petición a Dios por la paz en el mundo, que vive preso en estos momentos de miedo por el virus y de desconfianza entre unos y otros, se ha celebrado la Eucaristía en la Capilla Real en este 12 de octubre, Día de la Virgen del Pilar y Día de la Hispanidad.

En el marco de pandemia actual y con las medidas sanitarias exigidas, la celebración de este año ha tenido en Granada su epicentro una vez más en la Capilla Real, que custodia los restos de los Reyes Católicos, impulsores de la expansión de la fe y evangelización en América Latina en el siglo XV. Así, la Capilla Real acogía la Eucaristía presidida por el arzobispo Mons. Javier Martínez y concelebrada por los cabildos catedralicio y de la Capilla Real, junto con el Vicario Territorial I de la ciudad de Granada, D. Francisco Tejerizo. A la Santa Misa asistió el alcalde de la ciudad, Luis Salvador.

Encomendarse a Isabel la Católica

La tradicional tremolación del estandarte de Castilla y el canto del Te Deum no se han celebrado este año, con motivo de la pandemia. Pero sí se ha llevado a cabo la tradicional Ofrenda floral en las tumbas de los Reyes Católicos, de manos de nuestro arzobispo y del alcalde de la ciudad, ante las que se rezó un Padrenuestro “por la fe en España y por los pueblos de América Latina”.

Precisamente, antes de descender a la cripta, Mons. Martínez invitaba a los fieles a encomendarse en sus oraciones a la Sierva de Dios Isabel La Católica para pedirle “gracias especiales, para que, si es bueno para el futuro de la fe y para la expansión de la fe en el mundo, de la que ella ha sido instrumento muy grande, podamos obtener la gracia de su beatificación”.

Evangelización y santidad en América Latina

En este día del Pilar y de la Hispanidad, la Iglesia diocesana ha dado gracias a Dios por la evangelización de los pueblos de América Latina, hasta donde llegó la fe por el impulso de los Reyes Católicos y donde –explicaba nuestro arzobispo- España marcaba en el siglo XV “un nuevo rumbo”, ya que trataba a los indios de igual modo “como los hijos de las tierras de España”. Hasta tal punto fue un trato fraterno, y aun reconociendo errores y abusos cometidos, que la población en América Latina ha conservado con el paso de los siglos su origen mestizo o indio, frente a las tierras de América del Norte donde la procedencia india se exhibe como algo exótico o de museo.

A lo largo del tiempo, esa expansión de la fe en el Nuevo Mundo ha traído consigo frutos de santidad en la Iglesia, como santa Rosa de Lima, el cura Brochero, santo Toribio de Mogrovejo o los mártires de la revolución cristera en México. Una santidad por la que se ha dado gracias en esta Santa Misa.

“Ha habido miserias, no sólo en el pasado, las hay hoy, porque hoy hay tráfico de esclavos en América Latina, como las hay en Asia; hay tráfico de órganos, de droga, hay esclavitud infantil”, explicó D. Javier. “¿Qué añade la Presencia de Cristo?. Añade la conciencia de que el amor es el secreto de la vida humana, de que la vida eterna es nuestra vocación y nuestro destino, y de que el modo de vida único, digno de nuestra vocación es el cultivo de la convivencia, de la paz, de la fraternidad”, señaló.

“Damos gracias por toda la santidad que hay en esa historia nuestra y, al mismo tiempo, que en este momento seamos valientes de desarraigar todo lo que hay de inhumano, de contaminación pagana en nosotros”.

Hermanos todos

“Un uso recto de la razón, amor verdadero a la libertad y un amor verdadero al bien de todos nuestros hermanos” es la guía que propone nuestro arzobispo para hacer de este mundo más fraterno y humano. Precisamente, nuestro arzobispo recordaba la última Encíclica del Papa Francisco, “Fratelli tutti”, presentada recientemente en Asís: “Quisiéramos vivir como hermanos de todos, vivir con la mano tendida, para desear una colaboración de fraternidad y de amistad con todos los hombres (…) que vale más que ninguno otro de los bienes que pudiéramos defender o proteger”.

“Que seamos testigos fieles, sencillos, humildes, del amor infinito de Dios, del amor que nosotros hemos recibido y del amor y de los bienes que quisiéramos compartir con todos. Esos bienes son: un uso de la razón al servicio de la vocación del hombre, la conciencia de que la libertad es un don para todos y de que no hay bien moral que se obtenga a costa de la libertad y la conciencia de que el secreto de la vida humana es el afecto, es el amor, es una relación de hermanos unos con otros”.

Oraciones por la paz

Ante la situación de miedo y desconfianza que actualmente vive el mundo, con motivo de la pandemia del coronavirus, D. Javier alentó a los fieles a no dejarse vencer por el miedo. Apelando a la prudencia que este tiempo de pandemia exige, Mons. Martínez subrayaba que “no sea el miedo lo que domine nuestra humanidad. Un pueblo con miedo es incapaz de buscar su propio bien”.

En la Santa Misa, se oró también a Dios por la paz en este mundo, actualmente convulso y herido por la desconfianza entre unos y otros y el miedo al virus. De forma concreta, se oró por la paz en el Medio Oriente, tras la reapertura de la guerra entre Armenia y Azerbayán, enfrentados en los años 90 y tras más de veinte años de tregua. El pueblo armenio ya vivió uno de los momentos más dolorosos de su historia con el holocausto y de exterminio de su pueblo a manos de los turcos en 1914, antes incluso del ocurrido con la Alemania nazi y que ha sufrido durante años el silencio de la comunidad internacional.

(Paqui Pallarés, Archidiócesis de Granada)

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