«El sacerdote quiere seguir atento a las consecuencias de la relativizada situación contemporánea»

La publicación quincenal de la diócesis Iglesia en Plasencia ofrece una entrevista con Juan Carlos Milla Cuartos, Director del Instituto San Fulgencio de Estudios Teológicos-Pastorales

–¿Qué novedades presenta la Formación Permanente del Clero este curso?

–La formación permanente de los sacerdotes que organiza el Instituto san Fulgencio de Estudios Teológicos-Pastorales tiene como referente principal las inquietudes que observan ellos en la sociedad actual, las oportunidades que académicamente planifica la diócesis de conocerlas mejor con la ayuda de profesores especializados en esos campos, así como el intercambio de ideas entre los miembros del presbiterio diocesano, quienes en estas sesiones formativas comparten “pupitre”, y en muchas ocasiones, también la mesa del almuerzo. La “novedad” es la “cotidianeidad” en la programación de la agenda de los sacerdotes cada curso pastoral, reservando un jueves durante diez semanas para asistir a las sesiones que se imparten en Plasencia (Seminario Diocesano) y en Trujillo (Pago de San Clemente). Y estamos de aniversario, veinticinco años desde que el Instituto San Fulgencio empezara a coordinar este servicio al presbiterio diocesano.

–De todos los temas que se van a tratar, ¿cuál destacaría?

–El temario a desarrollar se planifica de forma unitaria teniendo como base estos tres ámbitos: el plan pastoral diocesano, temas sociales o culturales más influyentes, y la formación espiritual del sacerdote. Junto a la presentación de documentos nuevos del magisterio (este curso sobre una renovada catequesis y las nuevas formas de cursillos prematrimoniales), habrá espacio para analizar las virtudes del buen educador, la propuesta de ecología integral de la doctrina eclesial, los desafíos actuales que tiene la antropología cristiana, y como referente de evangelización: la “sinodalidad”. Con el evangelio de San Marcos, propio del ciclo litúrgico B, teológica y experiencialmente recordaremos el modelo de discipulado que todo sacerdote ha de prolongar en su vida. ¿Algún tema llamativo?: “Fundamentos de marketing religioso aplicado al primer anuncio”.

–¿Por qué es importante la formación para un sacerdote?

–En el seminario, con frecuencia elevábamos esta súplica: “Señor, danos sacerdotes, santos y sabios como eres Tú…”. Las comunidades cristianas tienen que ser conocedoras de la preocupación continua de los sacerdotes por el cuidado personal tanto de la vida de piedad, como la preparación intelectual. A cada tiempo le corresponde una palabra, y el sacerdote no puede ser ajeno al lenguaje en el que debe hacer resonar el Logos de Dios, la teología. ¿Por qué programan entonces los sacerdotes una permanente formación?: para estar “al día” con las preocupaciones de las comunidades y no caer en la monotonía del que “tiene ojos, pero no ve”; encontrar con la ayuda del pensamiento racional formas de explicación vivencial de la fe; fortalecer la fraternidad presbiteral. Cuando los cambios culturales y sociales enraízan con rapidez en todos los ámbitos personales, familiares y religiosos, el sacerdote quiere con humildad y sabiduría seguir atento a las consecuencias de la relativizada situación contemporánea, con el fin principal de cumplir bien la misión encomendada: ser testigo santo y sabio de la Buena Noticia de Dios para el hombre.

–¿Qué medidas se han adoptado para poder llevarla a cabo ante la situación de pandemia actual?

–Las medidas son las conocidas, fáciles de cuidar por la amplitud de los salones que utilizamos para las ponencias. En la primera sesión del curso, el Sr. Vicario General nos expondrá la relación que podemos encontrar hoy entre la Palabra de Dios y el coronavirus, preocupación que desde el Sr. Obispo a todos los sacerdotes no dejamos de tener presente en esta etapa de la historia donde una pandemia ha trastocado nuestras seguridades, nuestra convivencia y nuestra religiosidad. Nos inquieta la recuperación física de nuestros feligreses, pero no menos hacerles sentir la presencia real y cercana del Dios que a todos nos ha ofrecido salud divina en la experiencia humana del dolor de su Hijo.

 –Es tu primer curso como director del Instituto San Fulgencio de Estudios Teológico-Pastorales, ¿cómo lo afrontas?

–Con agradecimiento al Señor Obispo por el nombramiento para esta labor diocesana en la que el trabajo es exclusivo con y para los sacerdotes. Es un ministerio entre iguales, por eso es más fácil de ejercer. Y encima tengo la oportunidad, al asistir a las dos sedes, de disfrutar semanalmente del encuentro con todos los sacerdotes de la diócesis. La dirección del Instituto San Fulgencio supone riqueza personal y sacerdotal, porque la fraternidad anima comunitariamente al cuidado de la inteligencia de la fe, a la alabanza agradecida, y al anuncio esperanzado de la Palabra siempre nueva y eficaz del Evangelio.

(Diócesis de Plasencia)

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