Saludo de Mons. Carlos Escribano a la Archidiócesis de Zaragoza

Mensaje de saludo a la Archidiócesis de Zaragoza

Soy consciente de que afronto este ministerio en un momento complejo provocado por la pandemia del Covid- 19, que tanto nos está haciendo sufrir. Quiero elevar mi plegaria confiada al Padre en este día por los fallecidos, por sus familias, por los enfermos y convalecientes de esta cruel enfermedad, por aquellos que la están combatiendo y por todos los que están sufriendo las consecuencias por la crisis económica y social que de ella se deriva. Debemos seguir estando cerca de todos los que sufren, sin cansarnos nunca de tender nuestra mano amiga y nuestra ayuda incondicional a todo el que lo necesite, especialmente a los más pobres y débiles.

Hace unos días recibí la noticia de mi nuevo destino. El Papa me propone regresar a la que ha sido mi casa durante unos cuantos años. En la vida pastoral de la diócesis y en las parroquias de Zaragoza aprendí a ser sacerdote, acompañado por mis hermanos en el presbiterio y de tantos fieles laicos y religiosos. ¡Muchas gracias!

Hoy el Señor me envía de nuevo a serviros desde el ministerio episcopal. Desde el primer momento he rezado por vosotros y os pido que recéis también vosotros por mí, para que me gaste y me desgaste en vuestro servicio para gloria de Dios. Soy consciente de mi debilidad pero confío en la acción del Espíritu Santo y en vuestra colaboración y ayuda, queridos sacerdotes, religiosos y laicos,  para poder llevar adelante este servicio en la Archidiócesis de Zaragoza.

El Señor me envía a una Iglesia llena de historia, de vida y de frutos de santidad, sostenida en su fe, esperanza y caridad por la mediación de la Virgen del Pilar. Es una diócesis con una gran tradición cristiana y con muchos hombres y mujeres verdaderamente entregados a su vocación que han trabajado y trabajan con alegría e ilusión en la misión de la Iglesia. Sé que es mucho el trabajo que se realiza en nuestra diócesis, en sus parroquias, delegaciones, secretariados, comunidades religiosas, en el seminario diocesano, en asociaciones, movimientos y familias; y que hay un gran interés en ser una Iglesia en “estado de misión permanente”, para llegar a todos con el mensaje de la Salvación de Cristo, siendo testigos del amor y la misericordia de Dios.

Querido D. Vicente, le saludo con afecto y gratitud, del mismo modo que saludo a mis predecesores y a los hermanos obispos de la Provincia Eclesiástica de Zaragoza, a los señores Obispos de Huesca, Tarazona, Barbastro – Monzón y Teruel y Albarracín, diócesis en la que serví durante seis años como Obispo.

Saludo respetuosamente a las autoridades civiles, políticas, académicas, militares y judiciales.

Regreso a Zaragoza con ilusión y esperanza, para compartir con vosotros la alegría de anunciar el Evangelio. Os agradezco vuestra acogida, vuestra buena disposición y vuestra oración por mi humilde persona y por mi ministerio episcopal entre vosotros, que ahora se inicia. Encomiendo a la Virgen del Pilar, Madre de la Misericordia, todas nuestras tareas y personas.

Recibid, un saludo cordial y lleno de afecto y la bendición del Señor.

+ Carlos Escribano Subías

Administrador Diocesano de Calahorra y La Calzada – Logroño

Arzobispo electo de Zaragoza

 

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Queridos diocesanos:

Con gran gozo os anuncio una buena noticia: el Santo Padre el Papa Francisco ha nombrado un nuevo Arzobispo para nuestra Diócesis de Zaragoza. Es S. E. R. Mons. Carlos Escribano Subías, hasta ahora, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño. D. Carlos es conocido y querido por nosotros, porque ha sido sacerdote de nuestro presbiterio diocesano de Zaragoza. De aquí salió para ser el obispo y pastor de la Diócesis hermana de Teruel y Albarracín. Ahora viene  desde la Diócesis vecina y hermana de Calahorra y La Calzada-Logroño. Por tanto vuelve a su casa.

Damos gracias a Dios, que cuida siempre de su Iglesia, y agradecemos al Papa Francisco el nombramiento del nuevo pastor para nuestra Diócesis de Zaragoza en la persona de Mons. Carlos Escribano Subías.

La sucesión apostólica continúa en nuestra Diócesis. Los Obispos, pastores visibles pasamos, pero Cristo, el “Supremo Pastor” invisible (1 Ped 5, 4) y “Obispo de nuestras almas” (1 Ped 2, 25) permanece para siempre. Cristo Jesús “el Buen Pastor no abandona nunca a su rebaño, sino que lo custodia y lo protege mediante aquellos que, en virtud de su participación en su vida y misión, desarrollando de manera eminente y visible el papel de maestros, pastores y sacerdotes, actúan en su nombre en el ejercicio de las funciones que comporta el ministerio pastoral y son constituidos como vicarios y embajadores suyos” (Exhortación apostólica, Pastores gregis 6).

Os exhorto vivamente a recibir al nuevo Arzobispo como al que viene en nombre del Señor. Debemos ver en él “un signo vivo del Señor Jesús, Pastor y Esposo, Maestro y Pontífice de la Iglesia” (Juan Pablo II, Pastores gregis 7).

Os invito a recibir a nuestro nuevo Arzobispo como a un padre, hermano y amigo. Estoy seguro de que le acogeréis como me acogisteis a mí con la nobleza de las gentes de Aragón, con el sentido de comunión eclesial y con el ánimo bien dispuesto a la colaboración en la misión evangelizadora de nuestra Iglesia Diocesana.

Nuestras iglesias, nuestras casas, nuestras obras, y, sobre todo, nuestros corazones se abren para recibirle. Viene a una Diócesis, que ya conoce y ama, que es la suya, hecha de siglos, marcada por la presencia secular de la Virgen del Pilar desde los comienzos de la predicación evangélica por el apóstol Santiago a las orillas del río Ebro.

Llega en esta hora marcada por el anuncio de la alegría del Evangelio, como nos indica el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Viene en tiempos de pandemia  a causa del coronavirus, Covid-19, con las consecuencias de la gran crisis sanitaria, social, económica y laboral de muchas familias. Estos tiempos de dificultad y de prueba son una llamada a la conversión pastoral, a la salida misionera, al testimonio personal y en la vida pública, y a la solidaridad con las personas más vulnerables. Aunque nuestra fe, como la de los apóstoles es débil y nos invade el miedo, tenemos la seguridad de que el Señor está con nosotros en la barca de su Iglesia atravesando la tempestad de la pandemia y nos dice: “Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe” (Mc 4, 40).

El Señor Nuncio Apostólico en España me comunica que por disposición de la Santa Sede continuaré gobernando la Diócesis en calidad de Administrador Apostólico hasta la toma de posesión de mi Sucesor, conforme a las normas del Derecho de la Iglesia. Orad por mí para que sepa servir a la comunidad cristiana en este tiempo de espera hasta la venida del nuevo Pastor. Pidamos también en la oración de los fieles por el nuevo arzobispo ante su próximo ministerio pastoral en nuestra Diócesis.

Desde ahora rogamos al Señor, por intercesión de la Virgen del Pilar, para que le conceda a D. Carlos Escribano Subías el espíritu de consejo y de fortaleza, de ciencia y de piedad para que, pastoreando fielmente al pueblo que le ha sido confiado, edifique la Iglesia como sacramento en el mundo. Le deseamos  que tenga en el ejercicio de su ministerio episcopal audacia de profeta, fortaleza de testigo, clarividencia de maestro, seguridad de guía y mansedumbre de padre.

Carlos, ¡Felicidades! ¡Bienvenido a esta Diócesis Cesaraugustana!

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora

Administrador Apostólico de Zaragoza

(Archidiócesis de Zaragoza)

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