“Salid a los caminos y dad razón de vuestra esperanza”

Queridos diocesanos:

Iniciamos un nuevo curso marcado todavía por las consecuencias de la crisis provocada por la COVID-19 que ha traído tanto dolor por las personas que han sufrido la enfermedad y, sobre todo, por los miles de muertos en soledad, sin la compañía de sus seres queridos. Además, esta crisis sanitaria ha provocado una crisis económica, debida al confinamiento y al cese de la actividad laboral, que ha llevado a la pérdida de tantos negocios y empleos. Son muchas las personas que viven angustiadas por su presente y su futuro. Y un curso marcado también por la incertidumbre ante la evolución de la pandemia que estamos padeciendo a causa de este coronavirus. Esta in- certidumbre toca a todas las realidades de nuestra vida cotidiana: el trabajo, la escuela, la cultura, el ocio y, como no podía ser de otra manera, a todas las actividades eclesiales que hacen referencia a la evangelización, a la celebración de los sacramentos y al ejercicio de la caridad.

La programación pastoral quiere acompañar la vida diocesana, de manera que la Iglesia que peregrina en Osma-Soria se sienta ayudada en su quehacer diario y, al mismo tiempo, viva un renovado Pentecostés. La Providencia nos ilumina como Iglesia diocesana y el lema escogido para este año pastoral, inspirado en el texto de la primera carta del Apóstol Pedro, lleva una gran carga de esperanza: “Salid a los caminos y dad razón de vuestra esperanza”. Cuando hablamos de esperanza cristiana no nos referimos a un optimismo iluso nacido de la ignorancia de la gravedad de la realidad actual. Charles Péguy decía: “Para esperar hace falta haber recibido una gran gracia”.

Nuestra gracia es la vida de Dios inaugurada con la resurrección de Cristo que nos ha prometido la Vida eterna con Él.
La programación pretende subrayar unas líneas, unos medios y unas acciones concretas que son importantes y urgentes para el caminar de nuestra Diócesis. De ahí la necesidad de que todos tomemos conciencia de ellas y nos impliquemos en su realización. Así, este curso insistiremos en:

  1. La implantación progresiva de las comunidades parroquiales, la potenciación del domingo como el día de la Eucaristía y la creación o renovación de los Consejos parroquiales.
  2. La elaboración del Directorio de la Iniciación Cristiana y presentación de experiencias de Iniciación Cristiana.
  3. El despliegue de iniciativas encaminadas al acompañamiento del duelo y la enfermedad, así como la recepción del Congreso de laicos que tuvo lugar a nivel nacional en febrero de 2020.
  4. El desarrollo del programa de animación comunitaria de Cáritas junto con la implantación de las Cáritas parroquiales y arciprestales, y la conmemoración del quinto aniversario de la Encíclica Laudato Si´.

Además, ha tenido lugar la inauguración del Año Dominicano con motivo del 800 aniversario de la muerte de Santo Domingo de Guzmán, patrono secundario de la Diócesis. No es un año para fuegos artificiales sino que debe contribuir a un mayor conocimiento de Santo Domingo, al incremento de la devoción a nuestra Madre la Virgen y a un mayor afán evangelizador por parte de todos los miembros del Pueblo de Dios que peregrina en Osma- Soria. Sin olvidar la línea transversal que consiste en el fomento y cuidado de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Debemos tomar conciencia de la situación de escasez de presbíteros en la que nos encontramos en nuestra Diócesis y poner manos a la obra, sin angustia, pero siendo plenamente conscientes de nuestra realidad.

La programación tiene una función de comunión, es un servicio que nos llevará a trabajar todos en coordinación. Hemos de ver cómo afectan estas acciones descritas a la programación del Arciprestazgo, de la Parroquia, Delegación, Movimientos, Asociaciones, etc. Evidentemente el plan de pastoral no agota toda la actividad de nuestra Diócesis ni pretende anular ninguna iniciativa del Pueblo de Dios. Vivir la comunión (koinonía) es expresar la naturaleza más profunda del ser y del misterio de la Iglesia: “Las diferencias entre las personas y comunidades a veces son incómodas, pero el Espíritu Santo, que suscita esa diversidad, puede sacar de todo algo bueno y convertirlo en un dinamismo evangelizador que actúa por atracción” (EG 131).

Termino animando a todos los cristianos de Osma-Soria, sin excepción, a trabajar con ilusión por el Reino de Dios día a día, sin desfallecer, centrando los esfuerzos en lo fundamental. Y siempre con esperanza, especialmente atentos a las nuevas situaciones de pobreza que hemos de atender, poniéndonos al servicio de las personas más vulnerables. No sabemos cómo se va a desarrollar este curso pero de nosotros depende hacer todo lo posible por aliviar el sufrimiento de tantos hermanos heridos.

Que María, la Madre de la Esperanza, nos ayude en esta crisis tan fuerte e interceda ante su Hijo para poder superarla.

† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.