Obligados a huir, como Jesús

El Papa ha designado este domingo como “jornada mundial del migrante y del refugiado”. Concretamente, dedica su mensaje a los llamados “desplazados internos” para acogerlos, protegerlos, promoverlos e integrarlos.

Los “desplazados internos” son personas o grupos de personas que se han visto obligadas a marchar de sus lugares de residencia habitual para evitar los efectos de un conflicto armado, de situaciones de violencia, de violaciones de los derechos humanos, de catástrofes naturales o provocadas, y que no han cruzado una frontera estatal internacionalmente reconocida.

Constata el mismo Papa que es un drama a menudo invisible, y más aún en tiempo de pandemia, porque concentra todas las preocupaciones y deja a un lado el resto de emergencias humanitarias.

Por su importancia considero que hay que dedicar una mirada a este mensaje para que nos mueva a contemplar a las personas más allá de nuestros reducidos círculos.

El mensaje propone afrontar este reto, y lo hace a partir de actitudes y acciones que también nos pueden servir en otras situaciones de la vida ordinaria.

Reconocer el rostro de Cristo

Los desplazados nos ofrecen esta oportunidad de encuentro con el Señor, incluso si a nuestros ojos nos cuesta reconocerlo: con la ropa harapienta, con los pies sucios, con la cara deformada, con el cuerpo llagado… Todo cristiano está llamado a reconocer en sus caras el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero, encarcelado… que nos interpela.

Hay que conocer para comprender

El conocimiento es necesario para la comprensión del otro. Cuando se habla de migrantes y desplazados siempre se mencionan números, pero son personas. Y si conocemos sus historias lo podremos comprender. Podemos comprender, dice el Papa, que la precariedad y el sufrimiento que hemos experimentado con la pandemia son un elemento constante en la vida de los desplazados.

Hay que convertirse en prójimo para servir

Los miedos y los prejuicios –sí, los prejuicios– nos empujan a mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden acercarnos a ellas, a convertirnos en su prójimo y servirlas. Acercarse al otro significa estar dispuestos a correr riesgos, tal como nos han enseñado los médicos y resto de personal sanitario desde el mes de marzo.

Para reconciliar hace falta escuchar

Aquí el Papa propone el modo de actuar de Dios, que escuchó el lamento de la humanidad y envió a su Hijo al mundo: “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16.17). El amor, el que reconcilia y salva, empieza por una escucha activa.

Para crecer hay que compartir

Una de las actitudes de las primeras comunidades cristianas era el hecho de compartir. El Papa señala que Dios no quiso que los recursos de nuestro planeta beneficiaran solo a unos pocos. Por eso debemos aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar a nadie excluido. La experiencia de la pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco.

Es necesario involucrarse para promover

El Papa pone como ejemplo la narración de Jesús y la mujer samaritana. Si queremos promover a las personas tenemos que involucrarlas y hacerlas protagonistas de su propia promoción.

Hay que colaborar para construir

La construcción del Reino de Dios es un compromiso común de todos los cristianos, y esto requiere colaborar dejando a un lado los celos, las discordias y las divisiones.

Hace falta el compromiso de la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar excluido a nadie.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 407 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.