Desplazados internos. De la acogida a la integración

El Papa Francisco ha dedicado el Mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2020 al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por el Covid-19 ha agravado todavía más. A la luz de los acontecimientos que han caracterizado el presente año, el Santo Padre extiende este Mensaje a todos los que han experimentado y siguen aún hoy viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa de la pandemia.

Jesús, María y José, experimentaron las incomodidades, la incertidumbre y el miedo que conlleva la condición de desplazado y refugiado cuando se vieron obligados a huir a Egipto. Es la triste realidad de millones de familias en nuestros días a causa de los conflictos armados, las violaciones a los derechos humanos, y la violencia generalizada. Refugiados que huyen del hambre, de la guerra y de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias. En ellos hemos de reconocer el rostro de Cristo.

Los desplazados constituyen un reto pastoral al que hemos de responder. El Papa describe el proceso de respuesta con cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar, y añade otros seis pares de verbos, que se corresponden a acciones muy concretas para llevarlo a cabo: conocer para comprender, hacerse prójimo para servir, escuchar para reconciliarse, compartir para crecer, involucrarse para promover, colaborar para construir.

La primera acción consiste en conocer para comprender. El conocimiento es un paso imprescindible para poder comprender al otro. No se trata de estar al día de los datos estadísticos o de las teorías. Se trata de seres humanos, de experiencias, de historias personales. El miedo, la incertidumbre, la precariedad que nosotros mismos hemos experimentado durante el confinamiento  nos ayuda a entender lo que es una constante en la vida de estas personas.  El siguiente paso es hacerse prójimo para servir al hermano necesitado. Los miedos y los prejuicios nos impiden acercarnos a los caídos que encontramos en el camino, pero es preciso correr riesgos. Así lo hemos contemplado en muchas personas que en los momentos más críticos de la pandemia han arriesgado sus vidas ayudando a los demás.

Las personas concretas, las familias, los diferentes colectivos de la sociedad, las naciones, necesitan reconciliarse, y el camino de la reconciliación es el camino de la escucha.  Vivimos una saturación de palabras y  mensajes imposible de asimilar. Necesitamos silencio para poder escuchar, y necesitamos aprender a escuchar. Escuchar nuestro interior, nuestra conciencia, al hermano necesitado, escuchar la voz de Dios. La escucha facilitará la reconciliación consigo mismo, con la creación, con los demás y con Dios. La reconciliación nos llevará a ser más conscientes de que formamos una misma realidad, una familia, la familia de los hijos de Dios y a compartir nuestras cosas, nuestra vida, todo lo que hemos recibido, y a crecer juntos.

Creceremos juntos viviendo en fraternidad y solidaridad, sin excluir a nadie, implicando a todos, contando con todos, promoviendo a todos, porque todos y cada uno somos importantes, y hemos de encontrar nuestro lugar en esta comunidad, en esta familia humana.  Todos estamos llamados a colaborar en la construcción del Reino de Dios, Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Este Reino no se construye con el poder, la fuerza o la violencia, sino con el perdón, con la solidaridad, con amor vivido hasta dar la vida. Este es el camino para acoger e integrar a nuestros hermanos desplazados a los que en esta jornada os invito a tener muy presentes..

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.