Salgamos a sembrar en tiempos de pandemia

Estamos empezando un nuevo curso pastoral ciertamente lleno de incertidumbres, debido a la pandemia, pero que es tiempo de Dios y tiempo de gracia. Por eso os pido que todos ponemos nuestra esperanza nuevamente en la acción poderosa de Dios, siempre callada y misteriosa, pero siempre eficaz. Es en el Señor que confiamos a la hora de recomenzar la vida pastoral de la Diócesis: el culto debemos mantener al máximo, y los sacramentos de salvación para las personas; la acogida de la gente que sufre; la catequesis y el esparcimiento, adaptados a la nueva situación; la caridad fraterna con Cáritas y Manos Unidas, y otros grupos; debemos incrementar la solidaridad en la medida que podamos; fallarán algunos voluntarios, tal vez, y tendremos que buscar en edades menos vulnerables; las reuniones habrá adaptarlas entre presenciales -siempre cumpliendo el número máximo permitido-, pero también telemáticas, para llegar a más gente; lo que vale también para las actividades formativas parroquiales, arciprestales y diocesanas; no dejamos la dedicación a los enfermos, imaginando nuevas formas de acercarlos los sacramentos; ayudamos en el cuidado de la vida espiritual; y sobre todo fomentamos la vivencia del domingo; no dejamos de participar en la Eucaristía dominical, y de vivir con la comunidad y el templo parroquial, y sólo cuando no se pueda, a través de los medios de comunicación.

«Salió el sembrador a sembrar…» (Mt 13,3ss). Nuevamente debemos «salir a sembrar» como nos pide la parábola, confiando en el Señor que todo lo puede, y orando por el trabajo pastoral de este nuevo curso, para que sea realizado según el estilo del Buen Pastor. Y lo hacemos desde la esperanza confiada que las semillas que sembraremos, Dios las hará germinar cómo y cuándo Él quiera, y en los que Él querrá y las acogerán… Nosotros «somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Abandonemos la parálisis que el virus fomenta y los prejuicios sobre las personas, o las fuerzas que tenemos, o las graves dificultades de nuestro tiempo y el desinterés del ambiente. No nos dejemos vencer por el fatalismo del «todo es muy difícil» o el «no hay nada que hacer». Hay que salir de nosotros mismos, ir con Jesús a encontrar a la gente. Los tiempos reclaman una audacia nueva en la tarea evangelizadora. Sabemos que todos lo necesitan y que nuestra semilla es muy buena, es Cristo mismo. Él es la respuesta. Dejemos que el Espíritu Santo nos sorprenda y mueva los corazones de los que tal vez nos parecen irreductibles y cerrados. No demos nada ni nadie por perdido, por inútil, en orden a anunciar el Evangelio. S. Pablo recomienda «insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta, con toda magnanimidad y doctrina» (2Tm 4,2).

Necesitaremos creer en la fuerza eficaz de la oración. Ciertamente que somos pobres y débiles, y siempre necesitamos la ayuda de Dios. Él nos librará de la sed de éxito inmediato y visible, nos salvará de los miedos que paralizan, del orgullo que nos encierra, de las envidias, rivalidades y críticas que todo lo hacen estéril. ¡Amémonos y amemos a todos! Busquemos lo que nos une, lo que hay de positivo en cada persona, su deseo de felicidad y de salvación… Los «signos de los tiempos» nos animan a dar un salto cualitativo en la dedicación evangelizadora en nuestra Diócesis. Hay muchos que esperan que les anunciemos Jesucristo, que valoran la Iglesia y la dedicación de los sacerdotes, y que esperan que les ofrezcamos un ambiente sano para su familia y sus hijos, que los reconozcamos como amigos y hermanos, que les abramos las puertas y la solidaridad real, con una acogida cordial, humilde y paciente… ¡Seamos testigos de la Vida nueva del Resucitado!

+Joan-Enric Vives,

Arzobispo de Urgell

 

Mons. Joan E. Vives
Acerca de Mons. Joan E. Vives 380 Articles
Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).