Tiempo de gracia y misericordia

Queridos hermanos diocesanos, fieles del Señor:

Comenzamos un nuevo curso. Me dirijo a vosotros con toda confianza para señalar las propuestas, inquietudes y esfuerzos que
vamos a compartir este curso, contando con vuestra colaboración, que tanto agradezco. “Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno” (Hebreos 4,16). Vivamos la vida como un tiempo de gracia de Dios, por más que nos afecten los acontecimientos sanitarios que tanto afectan a la vida personal y social, convencidos de encontrarnos ante una nueva oportunidad para vivir nuestra fe y para evangelizar.

Un comienzo de curso incierto

Nos ponemos en marcha iniciando nuestros programas y trabajos en un momento incierto y cargado de interrogantes. Quisiéramos proyectar nuestro tiempo y actividad pero nuestro futuro es más imprevisible que nunca. Aún no hemos apartado de nosotros el temor de la pandemia. El coronavirus sigue causando heridas profundas y desenmascarando nuestras vulnerabilidades. Los difuntos y enfermos continúan aumentando en todos los continentes y la situación ha provocado problemas socioeconómicos, que afectan especialmente a los más pobres. No obstante debemos hacer previsiones y programar la vida pastoral, la de las parroquias y delegaciones especialmente, y, sobre todo, pertrecharnos de ánimo para aprovechar el tiempo y afrontar los acontecimientos con disponibilidad y capacidad de servicio, confiando siempre en la ayuda de Dios y su amorosa providencia. “Para los que aman a Dios, todo sirve para bien” (Rm 8,28).

Aprender de la pandemia

La Covid-19 ha estremecido al mundo y nos ha hecho reflexionar. El edificio de la realidad virtual se ha desmoronado por completo. La crisis ha restablecido, aunque sea fugazmente, el interés por la verdad. Hemos tenido que mirar de frente a la muerte, salir de la fantasía de una vida de apariencias donde no se piensa y se vive atolondradamente recurriendo a tópicos. Se avivan nuestros sentimientos, en gran parte de miedo y de incertidumbre, pero también de compasión, solidaridad y gratitud. En primer lugar, hemos podido constatar de forma dramática que un pequeño virus puede revolucionar el mundo entero pero que sus consecuencias son aún más dañinas si nos encerramos en nosotros mismos y si prevalece la autorreferencialidad. El Papa ha recordado que “en el sufrimiento y la muerte de tantos, hemos aprendido la lección de la fragilidad”. Aún se sigue luchando, afrontando las dificultades sanitarias, económicas y sociales. No olvidemos a las víctimas del coronavirus. Recordemos a las familias que sufren por ello.

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+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.