Otra vez la eutanasia

Queridos fieles:
Los grandes valores humanos, empezando por el derecho a la vida, vuelven periódicamente al Parlamento, sea por el derecho a la vida en su fase inicial o en su fase terminal.

Ahora el debate es la eutanasia, presentada como muerte digna o progreso social, y en el fondo identificada con un sentimiento de compasión hacia la persona que sufre.

De entrada, la eutanasia no es un acto médico, es su negación, ya que puede ser practicada por un médico que se preste, pero también por un conocido de la víctima, como se ha visto en alguna ocasión en España.

Pasa por el Parlamento esta Proposición de Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, cuando estamos viviendo las consecuencias de la pandemia, que viene a demostrar que las personas no somos entes aislados, sino que la interconexión a la que estamos sometidos es fundamental tanto para el cuidado y la curación de los enfermos como para la propagación de la enfermedad.

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha hecho pública esta semana una nota con el título “No hay enfermos ´incuidables´, aunque sean incurables”. En su tercer párrafo afirma: “Insistir en ´el derecho eutanasia´ es propio de una visión individualista y reduccionista del ser humano y de una libertad desvinculada de la responsabilidad. Se afirma una radical autonomía individual y, al mismo tiempo, se reclama una intervención ´compasiva´ de la sociedad a través de la medicina, originándose una incoherencia antropológica. Por un lado, se niega la dimensión social del ser humano,
´diciendo mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar´ y, por otro lado, se pide que sea otro –la sociedad organizada– quien legitime la decisión o la sustituya y elimine el sufrimiento o el sinsentido, eliminando la vida”.

La misma nota de la CEE hace referencia en su párrafo once a que “lo propio de la medicina es curar, pero también cuidar, aliviar y consolar sobre todo al final de esta vida. La medicina paliativa se propone humanizar el proceso de la muerte y acompañar hasta el final. No hay enfermos ´incuidables´, aunque sean incurables”.

En el caso del aborto, la ley despenalizadora del año 85 en España incluía tres supuestos que han dado paso a una práctica sin límites reales, sujeta a la voluntad de cada cual. No erramos si auguramos el mismo camino para la eutanasia, no porque tengamos dotes adivinatorias, sino porque lo estamos viendo ya en los países que lo han hecho.

En este tipo de leyes una persona no puede decir: “tengo derecho a la eutanasia y dejo a los demás en libertad”, porque es la misma ley la que nos afecta a todos.

Cuando se pierde el respeto por la vida, por toda vida, sea más o menos “útil” o la consideremos en nuestro fuero interno “digna” o “indigna”, nos deslizamos por una pendiente muy peligrosa. Abrir la caja de Pandora siempre tiene consecuencias desastrosas, en el corto plazo para algunos, pero para todos a la larga.

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 64 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.