Jesús, tu amigo

“Buscad al Señor mientras se le encuentra”, con estas palabras del profeta Isaías ((55, 6-9) comienza la liturgia de la Palabra en este domingo. En estos tiempos difíciles que estamos viviendo a causa de la pandemia se hace más necesario para todos la búsqueda y el encuentro con el Señor.

Es cierto que también en la palabra de Dios leemos este otros texto: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20). Es como un equilibrio que debemos hacer, por una parte, el Señor nos asegura que está con nosotros hasta el fin del mundo; pero, por otra parte, Él nos invita a que nuestra vida sea una búsqueda para poderlo encontrar.

Todos somos conscientes de que hay muchas ocasiones en nuestra vida que nos volvemos negligentes para con Dios: No lo tenemos presente en nuestros pensamientos, en nuestros proyectos, no ponemos nuestra confianza en Él. Es como si hubiéramos echado una cortina sobre su presencia, sobre su belleza y su amor. Es entonces cuando nuestra búsqueda del Señor es más urgente y necesaria.

En este año, como decía al principio, la pandemia nos ha hecho más consciente de la fragilidad y de la debilidad humana. Muchas de nuestras seguridades se han tambaleado. Muchas cosas que eran nuestra seguridad han disminuido. Nuestros planes y proyectos, en muchas ocasiones, no se pueden realizar.

Pero, desde la fe, incluso cuando ésta sea pequeña y frágil, se nos hace una llamada a buscar y encontrar al Señor: Buscar a Dios por medio de su Hijo Jesucristo debe ser nuestro principal objetivo. Como nos dice Isaías: “Invocadlo mientras esté cerca”.

Sí, hermanos, el Señor no se ha ido, Él está cerca de nosotros, está con nosotros. Por ello, es necesario que corramos la cortina con que hemos cubierto en nuestras vidas su presencia, su belleza y su amor.

Que encontremos en Él nuestra fuerza porque como nos dice el salmo de hoy (144): “Cerca está el Señor de los que lo invocan”. Puede parecer una paradoja, pero, podemos decir que en la búsqueda está ya presente el encuentro.

Adquieren, en estos momentos, una gran actualidad las palabras del papa emérito Benedicto al inicio de su ministerio: “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

 

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.