Con respeto pero sin miedo, en su nombre, juntos. Aurrera!

Queridos diocesanos de esta Iglesia que peregrina en Vitoria, nuestros mejores deseos en este extraño principio del curso pastoral 2020-2021. Kurtso hasiera ona izan dezagun!

Resuena el lema del Domund de este año: “Aquí estoy, mándame” (Isaías 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.) Hoy la pregunta interroga a una humanidad frágil, amenazada, vulnerable y más necesitada que nunca. “En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo”, dice el Papa Francisco este año en su mensaje de la Jornada Mundial de la Misiones. No es momento de ceder al miedo, a la inseguridad y a la comodidad perezosa. Es momento de reencontrarnos con lo esencial de la fe y de nosotros mismos y de renovar nuestra entrega refrescando nuestro agradecimiento al Señor y a los hermanos. Es momento de ánimo, de comunión y de esperanza. A más dificultades, mayor espacio para la fraternidad, el afecto y la creatividad.
Mientras luchamos contra la pandemia, celebramos con toda la Iglesia este Tiempo de la Creación, celebración mundial de oración y acción para el cuidado de nuestra Casa Común. En el último día del Tiempo de la Creación, el domingo 4 de octubre –San Francisco de Asís– celebraremos la Eucaristía del principio de Curso Pastoral. Todas las eucaristías, con los aforos y cuidados necesarios, en todas las parroquias y comunidades de la Diócesis, en comunión con el Obispo en la Eucaristía de las 12:30 en la Catedral María Inmaculada y en comunión con Pedro, el Papa Francisco en Roma.
Celebrar juntos, oficialmente, el principio de curso, supone que ya están funcionando los arciprestazgos que recogen las propuestas de servicios y delegaciones diocesanas, y que ya están en marcha nuestras parroquias con sus catequesis, grupos y celebraciones, según los protocolos de sanidad. ¡Adelante con todas las medidas de seguridad, en marcha, sin prisa pero sin pausa! Necesitamos tus iniciativas y sugerencias más que nunca. Gracias de antemano.

Las dificultades y restricciones nos están obligando a pasar del hacer al ser y de la acción a la identidad. Las familias, iglesias domésticas, os estáis reinventando para compatibilizar trabajo, estudio, cuidado de los mayores y tiempo de calidad juntos. Las religiosas y religiosos, voluntarios 24 horas 7 días a la semana, alternáis oración, atención a las personas más vulnerables y cuidado de la comunidad. Los sacerdotes queremos trabajar nuestra identidad ministerial para saber situarnos en este momento convulso y seguir desviviéndonos por la comunidad. El Papa en su mensaje del Domund nos pregunta: “¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días?”

En los momentos más duros de la pandemia, no todos hemos podido contribuir desde la medicina y la enfermería, pero todos hemos deseado actuar como profesionalmente vocacionados. Como quien tiene algo importante que aportar. “Dios tiene un plan para ti y para mí. Ser persona, ser cristiano, es admitir que como hijos muy amados, Dios sueña un mundo de hermanos y una misión para cada persona. No hay nadie dejado de la mano de Dios. A todos Dios nos confía personas. No hay nadie sin vocación y no hay vocación sin convocación. Necesitamos la ayuda de los hermanos para dar con el sentido de nuestra existencia. Amando sacamos lo mejor de nosotros mismos y los hermanos nos indican cuál es la bendición que portamos, cuál es el nombre que Dios nos ha puesto”, nos repetíamos en la presentación del III Plan Diocesano de Evangelización. En estos momentos difíciles de crisis sanitaria, de dificultades relacionales, sociales y económicas, estrenando una nueva pobreza, es bueno que nos preguntemos: ¿qué quieres de mí Señor?, ¿cómo puedo ayudar más y mejor? Toda la Diócesis en clave vocacional sería una gracia.

Todos los creyentes, en todas las vocaciones, queremos empezar el curso fraternalmente, con realismo, cariño e ilusión. No tenemos un momento que perder porque la misión nos está exigiendo objetivos claros, flexibilidad, colaboración y cuidados mutuos en todos los sentidos. La prudencia y prevención no pueden bloquear nuestras comunidades. Con grupos más pequeños de catequesis, con colaboradores en edades sin riesgo, con ancianos y enfermos comunicados, en diálogo, y rezando por las comunidades, con esperanza, empuje y alegría, queremos empezar este curso pastoral. Lo que no podemos invertir en grandes celebraciones y eventos, lo haremos en formación profunda y pausada. Si no es momento para una evangelización visible y popular, sí lo es para poner los fundamentos sólidos de una pastoral de conversión personalizada y auténtica. Nuestras comunidades, lejos de replegarse sobre sí mismas, quieren mirar hacia afuera y responder al reto de las nuevas pobrezas cebadas en las personas más vulnerables y en nuestros migrantes y refugiados.

“Ya no nos sirve una simple administración. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión” (EG 25). ¡Ha llegado el momento! ¿Te apuntas?, ¿con quién?, ¿qué necesitas? ¡Aquí estamos, cuenta con nosotros! ¡Aúpa!

Seguiremos trabajando la línea 1 de nuestro III Plan Diocesano de Evangelización: “La Diócesis, creadora de comunidad”. Contamos contigo. Comunicados presencial y virtualmente, comenzamos caminando juntos la andadura de este curso pastoral.
En la Natividad de la Virgen María, un abrazo muy fuerte y una bendición común. Ama Birjinaren jaiotzaren egunean gure bedeinkazioa bihotzez!

+Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

Mons. Juan Carlos Elizalde
Acerca de Mons. Juan Carlos Elizalde 31 Articles
El obispo de Vitoria nació en Mezquíriz (Navarra) el 25 de junio de 1960. Obtuvo la licenciatura en Filosofía por la Universidad de Navarra (1977-1980) y en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, formándose con los Cruzados de Santa María. Es Licenciado en Teología Espiritual por la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y realizó el curso de Directores de Ejercicios Espirituales con los PP. Jesuitas de Salamanca (1994-1996). Fue ordenado sacerdote el 3 de octubre de 1987 en Roncesvalles, quedando incardinado en la diócesis de Pamplona, sede en la que ha desarrollado su ministerio sacerdotal. Entre otros, ha desempeñado los cargos de director de las residencias universitarias diocesanas “Martín de Azpilicueta” y “Argaray” (1999-2004) y párroco de “Santa María” de Ermitagaña” y de “La Sagrada Familia” (2005-2009). Actualmente es profesor de Teología y responsable de Pastoral de la Universidad Pública de Navarra, desde 1998; vicario episcopal territorial de la zona de Pamplona-Cuenca-Roncesvalles, desde 2009; profesor de Homilética del CSET “San Miguel Arcángel”, desde 2011; coordinador del Centro de Dirección Espiritual diocesano en la Capilla de la Divina Misericordia en el oratorio de “San Felipe Neri”, desde 2012; y canónigo-prior de la Real Colegiata de Roncesvalles, desde 2013.