Los cristianos somos una comunidad

Queridos diocesanos:

Mi anterior comentario pretendía crear cierta normalidad llamando a la esperanza en un inicio de curso atípico. Ahora quiero insistir en estas líneas en la importancia del factor comunidad para el desarrollo y crecimiento de la fe de los católicos. Aprendimos desde la infancia que nuestra responsabilidad eclesial y social se basa en la propia libertad individual que se potencia cuando abrimos nuestro corazón y nuestra vida al servicio de los demás. Aceptamos la fe en el bautismo, fuimos educados en la misma por los padres, sacerdotes y catequistas. Entendimos que la lucha de cada día se da contra el egoísmo, el individualismo, la cerrazón mental contra los diferentes, la acumulación indisimulada de bienes, la despreocupación hacia los débiles y excluidos.

Hablamos del ser humano en las dos dimensiones como racional y relacional. Fijaría mi atención en la segunda característica. El hombre no vive solo. Desde su principio necesita del otro para la supervivencia. Uno piensa en los padres para las primeras necesidades, en los maestros para   la incorporación al entorno cultural o en los amigos y conocidos para nuestra propia socialización. Crecemos siempre acompañados por otros que nos ayudan, nos orientan y nos abren a un compromiso para que devolvamos lo que gratuitamente hemos recibido. Es como una cadena con infinidad de eslabones que componen la historia de nuestra propia sociedad. En el último tramo cada uno de nosotros siente la obligación de construir un mundo más habitable, más justo, más solidario que no será posible si no contribuimos nosotros con todas nuestras fuerzasen este momento y en esa dirección, cediéndolo mejorado a las generaciones venideras. Como dice el papa Francisco a quienes deseen leerle en la encíclica Laudato Sí’ que debemos procurar por el cuidado tanto de la casa común como de los sujetos que la habitan.

Los cristianos mientras vivimos en la sociedad compartiendo sus alegrías, esperanzas y sufrimientos,al mismo tiempo participamos y somos una comunidad. Nuestro comportamiento debe ser más exigente por compromiso personal y por ejemplaridad hacia los demás.Así lo llevamos inscrito en nuestro ADN;nos llamamos hermanos, seguimos las palabras y mandatos de Jesucristo, el hermano mayor, que nos muestra el amor de nuestro común padre Dios y nos pide amar hasta el extremo a todos nuestros semejantes. Para evitar huidas al universo o generalizaciones vacías de contenido, sin caer en la formación de un grupo cerrado, os pido que concretéis vuestro cariño y vuestra dedicación a la comunidad en la que estáis viviendo y creyendo. Con quienes escucháis la Palabra y celebráis el misterio de Cristo. Él os concederá un corazón grande para amar a todos, sin exclusiones de ningún tipo, sin barreras que separan, sin descalificaciones que pisotean la dignidad del otro.

El cristiano es aquel que no está nunca tranquilo cuando ve el sufrimiento del hermano. Que sabe consolar y acompañar. Que dedica parte de su tiempo y de sus facultades a dar sentido y felicidad a los demás. Es aquel que se olvida de sí mismo y sabe compartir. Que se empeña en que su comunidad sea muy acogedora y no duda en ofrecer a los demás el gran regalo de la persona de Cristo, quien le alimentará, le acompañará y, al final de su vida, le juzgará. (Mt. 25).

En este curso nuestra comunidad diocesana necesita del esfuerzo general para perfeccionar y presentar el Plan Pastoral que, entre todos, elaboramos el curso anterior. No sobra nadie para ejecutar este desafío evangelizador. Si así lo hacemos, podremos generar una sensibilidad especial para apreciar nuestra comunidad y la sociedad en su conjunto.

 

Con mi bendición y afecto

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.