Eucaristía a la Virgen de San Lorenzo en Valladolid presidida por el cardenal Blázquez

Nuestra Señora de San Lorenzo

La Junta de Gobierno de la Real y Venerable Hermandad de Nuestra Señora del Rosario María Santísima de San Lorenzo Coronada, Patrona Principal y Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Valladolid, atendiendo a las recomendaciones de las autoridades sanitarias y priorizando la salud de nuestros hermanos cofrades y del pueblo vallisoletano, entre otros actos de culto, ha mantenido la celebración el martes 8 de septiembre, Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, de la Santa Misa Pontifical en la Catedral, a las 12:00 horas, presidida por el cardenal Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo de Valladolid. Debido a la pandemia, la salida procesional de Nuestra Señora de San Lorenzo del presente año de 2020 quedó suspendida.

A continuación reproducimos la Homilía pronunciada por el cardenal Blázquez en esta celebración.

Homilía en la fiesta de Nuestra Señora de San Lorenzo

Las fiestas patronales son por su misma naturaleza fiestas populares, ya que por la historia estamos todos invitados: No son patrimonio de algunos privilegiados del que despojarían a otros. Valladolid celebra la fiesta de Nuestra Señora de San Lorenzo estrechando los vínculos de protección de la Virgen a la ciudad y nuestra devoción a ella.

Para tomar parte en las fiestas de nuestra Patrona no necesitamos una invitación especial, pues participamos como ciudadanos de Valladolid. Arraiga entre todos la misma pertenencia; teje relaciones de los contemporáneos con los que nos han precedido y los que vendrán. Una ciudad es también lo que ha recibido, actualiza y desea transmitir. Los símbolos alimentan la convivencia, crean relaciones entre todos y nutren las raíces que nos revitalizan y otorgan identidad. Todos estamos invitados: niños, jóvenes, adultos y ancianos, varones y mujeres, familiares y amigos. Por esto, hay actividades religiosas, culturales, folklóricas, lúdicas que responden a legítimas expectativas. El descanso laboral es signo de la fiesta que posee signos de gratuidad y distensión. Las fiestas patronales marcan también el calendario personal, social y ciudadano. La música y la danza, los juegos y la diversión favorecen la fiesta que caracteriza a una ciudad.

A causa de la pandemia que padecemos celebramos este año la fiesta con grandes limitaciones de participación ciudadana y de manifestaciones religiosas, culturales y folklóricas; esta situación nos hace sufrir. Yo invito a todos a que la piedad cobre en intensidad personal lo que no puede tener en expresiones sociales. Vivimos este año las fiestas entre la memoria de los años pasados y la esperanza de los años futuros. La presente situación será recordada como excepcional cuando pase el tiempo y hayamos tomado distancias para evaluarla. Amigos, también en la situación actual a todos felicito las fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo.

Llama la atención el contraste entre el significado de la fiesta de la Natividad de la Virgen, que desde el punto de vista litúrgico es menos relevante que la fiesta de Santa María Madre de Dios y que la Asunción de la Virgen, y la extensión por el número de advocaciones en la piedad de la Iglesia. Hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora de San Lorenzo en Valladolid, la fiesta de la Peña de Francia en Ciudad Rodrigo, de Santa María de la Vega en Salamanca, de Nuestra Señora de Covadonga en Oviedo, y también de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre Patrona de Cuba. El corazón de los fieles tiene sus razones que no siempre podemos medir objetivamente. Nos unimos todos con gozo en esta celebración de la Virgen. La extensión de la fiesta entre nosotros puede deberse también al tránsito del verano con la recolección ya terminada al otoño con la gratitud por lo recibido, por el descanso bien merecido y por la apertura a una estación diferente. Comenzamos un nuevo curso escolar, académico, pastoral bajo la mirada maternal de la Virgen; si este año es mayor nuestra inquietud, sea más honda nuestra piedad.

La fiesta de la Natividad o del Nacimiento de la Virgen nos habla de la entrada de María en la corriente de la vida humana, creada por Dios, custodiada por Él en su dignidad y colocada confiadamente bajo su protección. Según la tradición fueron sus padres San Joaquín y Santa Ana. En la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María ha sido proclamado el Evangelio de la genealogía de Jesús, el Salvador del mundo. Hay otra corriente en la que entra María portadora de la promesa mesiánica que Dios gratuitamente ha contraído con nosotros y en su fidelidad discurrió hasta Jesús. Así leemos al final de la lista de antepasados: “Jacob engendró a José, el esposo de María, la cual nació de Jesús, llamado Cristo” (Mt. 1, 16). Y subiendo aguas arriba, llegaremos a Abrahán, el padre de los creyentes, y a David, el rey de Israel. “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán” (Mt. 1, 1). Jesús está emparentado con el gran patriarca Abrahán, origen del pueblo de la promesa y con el rey David, de cuya descendencia nació el Mesías, en el que se cumplen las promesas de Dios. María, por lo tanto, no sólo pertenece a la familia humana; está también insertada en la historia de la promesa mesiánica.

La genealogía de Jesús atestigua su condición mesiánica y su misión salvadora, “salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1, 21); su nombre Enmanuel significa “Dios con nosotros” (Mt. 1, 23). El recurso a la genealogía significa que “la familia era el depósito del honor acumulado por todos los antepasados, y que cada uno de los miembros participaba de dicho honor y estaba obligado a defenderlo” (S. Guijarro). Pero la genealogía de Jesús queda desbordada por la intervención del Espíritu Santo, que manifiesta no sólo la corriente humana sino también mesiánica, como se anuncia a “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). En la misma concepción y origen de Jesús se contiene anticipadamente la singularidad de su persona y el significado de su misión.

La fe cristiana habla también el lenguaje de la poesía y se expresa en imágenes, cuya belleza y elocuencia conocemos bien los hijos de eta ciudad y de este pueblo. La belleza y la verdad están de acuerdo para hablarnos de Santa María la Virgen. Nuestros imagineros inspirados por la fe y devoción esculpieron obras que continúan suscitando, expresando y alimentando nuestra fe. La profesión de la fe y la plasmación de la belleza dan visibilidad al misterio escondido de Dios. Por esto, me permito recordar algunas palabras del campo de la belleza literaria.

El nacimiento de la Virgen María “fue para el mundo esperanza y aurora de salvación” (Oración de la Liturgia de la Fiesta). “Tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo”. “El nacimiento de la Madre de Dios es el exordio” del gran don de la salvación (San Andrés de Creta). El símbolo de la luz, y correlativamente el de las tinieblas, son muy expresivos del sentido de Jesús “Luz del mundo” (cf. Jn. 9, 5). Si caminamos a oscuras, vamos a tientas por la vida, fácilmente tropezamos, nos extraviamos y perdemos el norte. Pues bien, María Madre de Jesús es como la aurora que anuncia la salida del Sol. “La sombra se retira ante la llegada de la luz” (S. Andrés de Creta). La Natividad de María precede al Nacimiento de Jesús, que nació en medio de la noche (cf. Lc. 2, 6-18). Junto a María, acogiéndonos a la protección de Nuestra Señora de San Lorenzo encontramos cobijo, serenidad y esperanza para recorrer el camino también cuando las tinieblas nos cerquen.

Me permito recurrir a cantos de nuestra historia piadosa y literaria. Primero el canto Hoy nace una clara estrella.

“Hoy nace una clara estrella,/ tan divina y celestial,/ que, con ser estrella, es tal,/ que el mismo Sol nace de ella”. “De Ana y de Joaquín, oriente/ de aquella estrella divina,/ sale su luz clara y digna / de ser pura eternamente:/ el alba más clara y bella/ no le puede ser igual,/ que, con ser estrella, es tal,/ que el mismo sol nace de ella. “No le iguala lumbre alguna/ de cuantas bordan el cielo,/ porque es el humilde suelo/ de sus pies la blanca luna:/ nace en el suelo tan bella/ y con luz tan celestial,/ que, con ser estrella, es tal,/ que el mismo Sol nace de ella” (Lope de Vega). Y del mismo autor son los siguientes versos: Canten hoy, pues nacéis vos. “Canten hoy, pues nacéis vos,/ los ángeles, gran Señora,/ y, ensáyense, desde ahora,/ para cuando nazca Dios”./ “Cantan hoy, pues a ver vienen/ nacida su reina bella,/ que el fruto que esperan de ella/ es por quien la gracia tienen./ Digan, Señora, de vos,/ que habéis de ser su Señora,/ y, ensáyense, desde ahora,/ para cuando nazca Dios”. “Y nosotros, que esperamos/ que llegue pronto Belén,/ preparemos también/ el corazón y las manos./ vete sembrando, Señora, de paz nuestro corazón,/ y, ensayemos, desde ahora,/ para cuando nazca Dios. “Creced, Señora, que sois universal remediadora” (M. de Cervantes).

Con palabras entrañables y hermosas, contemplando a María recién nacida, canta el poeta creyente la altísima misión de María, inseparable de la de su Hijo Jesús. Si nos despojamos de nuestra adultez, a veces orgullosa y negativamente envejecida, podemos repetir también nosotros esta oración con alma de niños pequeños según enseña el Evangelio. La celebración del nacimiento de la Virgen María, nuestra Patrona, nos trae mensajes de origen, de esperanza, de renovación, de descanso de las fatigas, de fragilidad experimentada y reconocida de confianza filial, que experimentamos en el calor del regazo y en el poder de los brazos de la madre. Estamos en una situación penosa y larga, que limita nuestros movimientos, recorta la comunicación, que oscurece de incertidumbres nuestro futuro. Necesitamos unir la esperanza alegre y la esperanza en las pruebas. ¡Hay futuro y nuevo comienzo!

Esta fiesta nos muestra una forma de solidaridad y nos invita a asumir otra. Todos estamos bajo el mismo riesgo, todos padecemos “confinamientos” personales y sociales, interiores y exteriores. No hay fronteras a la pandemia; es precisamente pandemia porque se extiende a toda la humanidad. Todos vamos en la misma barca, envueltos en la misma oscuridad, amenazados por la misma tempestad. Formamos una familia humana de personas y de pueblos. Pero hay otra forma de solidaridad, a la que yo invito en esta fiesta de la Virgen de San Lorenzo. Podremos salir de esta nube oscura si estamos unidos, solidariamente, aportando fraternalmente nuestra colaboración. Cada uno, según las posibilidades y responsabilidad, prestemos nuestra cooperación, tanto en la quiebra de la salud como en la crisis económico y social que ya padecemos y que se manifestará con dura incidencia. La ofrenda, organizada por la Hermandad de Nuestra Señora de San Lorenzo al Banco de Alimentos de Valladolid para contribuir a ayudar a los ciudadanos más golpeados por la crisis es un signo alentador. De la pandemia saldremos diferentes y la pandemia provocará muchos cambios; automáticamente no serán a mejor; necesitamos unirnos en las pruebas, en las búsquedas, en los sacrificios; unámonos en la autodefensa de la vida y la salud y también en la reconstrucción pendiente. ¿Qué lecciones debemos aprender de este tiempo largo de despojo, de inquietud y disminución? La próxima encíclica del Papa Francisco nos ayudará en este trabajo. ¡Todos somos más frágiles, más pobres, más vulnerables! ¡Solo el Señor es Dios y todos nosotros tenemos los pies de barro!. Si en la construcción necesaria excluimos a Dios, edificaremos contra el hombre (H. de Lubac).

¡Contemos con Dios! ¡Que la Virgen de San Lorenzo nos acompañe!

+ Cardenal Ricardo Blázquez Pérez, Arzobispo de Valladolid

 

(Archidiócesis de Valladolid)

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