Desafíos de la Pastoral de la Salud en tiempos de pandemia

Pastoral de la Salud, arquidiócesis de Buenos Aires - Argentina
Entrevista al padre Andrés Tello Cornejo, sacerdote de la arquidiócesis de Buenos Aires, encargado de la Pastoral Hospitalaria. “La pandemia nos plantea la soledad del paciente; y que ese aislamiento es muy inhumano” aseguró.
El padre Andrés Tello Cornejo es el encargado de la Pastoral Hospitalaria de la arquidiócesis de Buenos Aires en Argentina. El sacerdote porteño actualmente es capellán del Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez y del Hospital Británico. Entre 1998 y 2004 fue capellán del Hospital de enfermedades infecciosas “Dr. Francisco Muñiz”, durante el tiempo más difícil del HIV en la capital argentina.

El padre Tello es uno de los 50 sacerdotes de la ciudad que son capellanes de los hospitales y sanatorios de la ciudad. En entrevista con Vatican News, habló de la realidad de la pandemia del COVID-19 en Buenos Aires, la atención pastoral de los pacientes, sus familiares y los agentes de salud, y los nuevos protocolos de acompañamiento para el final de la vida.

¿Cual es la realidad de la crisis sanitaria en la ciudad de Buenos Aires?

En realidad no se puede hablar de crisis sanitaria, porque como aquí en Buenos Aires se comenzó temprano con el aislamiento social, ya la tercera semana de marzo, entonces esto dio tiempo a equipar los hospitales, agregar más camas con asistencia respiratoria mecánica, es decir a extender las terapias intensivas, preparar al personal, equipar los hospitales, sobre todo los hospitales públicos, con unidades de atención especiales para los pacientes con coronavirus, para poder tenerlos en lugares separados del resto de las personas que van al hospital. Para esto, pusieron unidades febriles de urgencia, en los ingresos de los hospitales, para que no tuvieran contacto con el resto de los pacientes que pueden venir por diversas situaciones: porque se accidentó, se quebró una pierna o le duele la panza. Eso dio tiempo a equipar los hospitales, por esa razón nunca los hospitales en la ciudad de Buenos Aires estuvieron saturados. Sí hay una alta demanda de camas, pero nunca ha estado saturados: ni la internación general, ni las terapias intensivas. Desde la semana pasada, veo en los dos hospitales en los que soy capellán, tanto el Hospital Álvarez que es público, como el Hospital Británico, que han descendido un poco las internaciones en las salas de internación general. También un poco en las terapias intensivas. El ministro de salud de la Ciudad de Buenos Aires dijo que ha bajado un poco, levemente, los casos de contagio en la ciudad y que estamos en un “amesetamiento”, que llevamos más de dos meses con una leve caída de contagios. Así que esto es un buen panorama.

¿Cómo están acompañando desde la pastoral de la salud?

Desde la pastoral de la salud, lo que propusimos enseguida al cardenal Poli, dado que no todos los hospitales cuentan con capellán, y además algunos de los hospitales que cuentan con capellán no pueden asistir por problema de enfermedad o de edad, reorganizar lo que se llama el Servicio Sacerdotal de Urgencia. En la arquidiócesis de Buenos Aires tenemos un servicio nocturno donde cada sacerdote tiene una guardia, y ahí atiende los llamados para atender casas de familia, geriátricos, hospitales, desde las 21,30 hs hasta las 6 de la mañana. Lo que se hizo desde que comenzó la pandemia, es extenderlo a un horario diurno, desde las 11 a las 20 horas, y armar un equipo de sacerdotes disponibles por cercanía a hospitales y sanatorios. De este modo, a medida que se reciben los llamados al Servicio sacerdotal, que atienden los seminaristas, se derivan a los sacerdotes, por cercanía a los lugares donde proviene esa llamada. Así durante el día se atiende a las personas que llaman, que necesitan la atención sacerdotal. Este servicio se suma a la atención ordinaria con los sacerdotes que pueden seguir estando en los hospitales.

¿Qué desafío presenta a la pastoral de la salud el COVID-19?

Por un lado, está el desafío del aislamiento. El paciente que está solo, pero a la vez la familia muchas veces está aislada, porque también está con COVID. Ese paciente hay que asistirlo, no solo espiritual y emocionalmente, sino con cosas materiales, porque vino al hospital solamente con lo que llevaba puesto y la familia no puede acercarle nada. En los hospitales públicos tenemos una pequeña Cáritas para poder ayudar a todos los pacientes y darle piyama, camisón, máquina de afeitar, jabón, papel higiénico, toalla.

Pero además, otro gran desafío es la contención espiritual. Con los capellanes nos propusimos en principio no ingresar a todas las habitaciones con COVID, por el alto peligro de contagio. El personal de salud está dividido entre los que atienden pacientes con COVID, y los que no atienden COVID. En cambio, nosotros los sacerdotes somos los que vamos por los dos lados. Solamente estamos ingresando a los sectores COVID, para los moribundos, dar la unción de los enfermos. En algún caso excepcional, y si los enfermeros esta sobrepasados, colaboramos para dar de comer. Y entonces ¿cómo hacemos el acompañamiento espiritual? Por teléfono. Teléfono celular, o el teléfono interno en el caso de los hospitales privados. Y me ha pasado de charlar con muchísimos pacientes que nunca les vi la cara. Nunca, nunca les vi la cara. Y esa es una realidad nueva para nosotros pastoralmente. El paciente que sufre la soledad, pero además vos los acompañas sin haberlos visto nunca, nunca en tu vida. Una cosa rara, ¿no? Ciertamente hemos tenido muerte, pero no tanto como ha sucedido en Europa. Que sorprendió como una enfermedad nueva y muy mortal. Acá ha sido menos mortal, pero ha habido muertos.

También nos encontramos con el desafío del acompañamiento post-fallecimiento, rezando los responsos antes de que vaya ese difunto al cementerio, rezando en las puertas de las morgues de los hospitales. Incluso algunos sacerdotes de los hospitales, han ido a los cementerios acompañando a las familias.

¿Cómo está viviendo el personal de la salud esta pandemia?

El personal de la salud, a esta altura del partido, está cansado, agobiado. Ya llevamos el aislamiento desde hace mucho tiempo, desde marzo. Entonces tenemos personal cansado, tenemos personal contagiado (enfermeras, técnicos, camareros, vigiladores, hasta sacerdotes capellanes se han contagiado de COVID). Así que tenemos un gran cansancio. Y no sabemos esto cuando terminará… Va para largo rato, hasta que no salga la vacuna. Esperemos que sigan descendiendo los casos de contagios. La propuesta es seguir acompañando al personal pastoralmente. Parte del tiempo que pasamos los capellanes en los hospitales y sanatorios es para acompañar al personal del hospital. Cotidianamente me dicen “Andrés reza por mí”, “Padre voy a entrar a la habitación dame la bendición”, hay gente que se confiesa, gente que quiere la comunión porque no puede ir a Misa. Y así ir acompañando y animando al personal. Y por medio del teléfono, también acompañar al personal enfermo COVID. Llamándolos o al hospital o a su casa, a los que quedaron infectados y aislados por el virus.

¿Cómo es el acompañamiento de los pacientes terminales de COVID-19?

Con los Comités de Bioética de cada hospital, estamos trabajando en la diagramación de los protocolos para la visita a los pacientes COVID. El acompañamiento compasivo al final de la vida o cuando murió el familiar, que en un principio no se permitía, y ahora están empezando a establecer protocolos, porque se dan cuenta que es muy inhumano. La pandemia nos plantea la soledad del paciente y que es muy inhumano ese aislamiento. Entonces por lo menos al final de la vida, que se permita el ingreso de un familiar, que pueda rezar, despedirse, pueda tomarle la mano. Ahora se ha permitido esto. O cuando recién ha fallecido, poder verlo, y rezar un momento, porque en este momento no se permiten los velatorios, y el difunto directamente va al cementerio a cajón cerrado. Además de esto, algunos sacerdotes formamos parte de los Comités de Ética en la Investigación. Las investigaciones qué hay en torno al COVID: la vacuna, el plasma convaleciente, los estudios sobre el fenómeno de pérdida de olfato y gusto. Y tantas otras investigaciones en esta enfermedad que, si bien desde diciembre que empezó en China y ya se ha avanzado bastante, sigue siendo nueva y se siguen descubriendo nuevas realidades de la enfermedad y nuevos modos de aproximarse, ya sea después del diagnóstico, o de qué hacer con los pacientes COVID positivo.

(Facundo Fernández – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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