«En el nombre de nuestro Señor Jesús» (1Cor 5,4)

Reanudamos nuestras breves comunicaciones semanales en este primer domingo de septiembre. El Señor nos sale al encuentro con las palabras del Evangelio propio de la Liturgia de hoy: «donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Sí, Él está con nosotros. Con esta certeza os animo a comenzar con fe, con alegría y con esperanza.

Después del paréntesis veraniego nos encontramos a las puertas de un nuevo curso, herido por las consecuencias de una enfermedad que aún sigue entre nosotros, lleno de incertidumbres que muchos estáis padeciendo, cargado de problemas laborales, económicos y sociales, y con muchas situaciones que dejan al descubierto nuestras vulnerabilidades. En este contexto, viviendo y compartiendo las luces y las sombras de esta realidad doliente, comenzamos un nuevo Curso Pastoral en nuestra Iglesia diocesana con la necesaria puesta en marcha de tareas, proyectos y actividades pastorales al servicio de nuestro compromiso evangelizador. Es un tiempo de prueba y de gracia. Y yo os invito, queridos hermanos, a situarnos ante este nuevo curso con la firme esperanza de quien comienza «en el nombre del Señor», atentos y a la escucha de su paso en tiempo de pandemia para saber qué quiere de nuestra comunidad diocesana y con la mirada hacia adelante, fijos los ojos en Jesús que camina con nosotros.

«Reunidos vosotros en el nombre de nuestro Señor Jesús…», dice el apóstol Pablo a una de sus comunidades (1 Cor 5, 4). ¡Cuántos signos hicieron los apóstoles, abriendo paso a la Iglesia naciente, en momentos también difíciles de incertidumbre, poniendo su confianza «en el nombre del Señor»! En esta etapa compleja siento que mi servicio como obispo vuestro adquiere todo su sentido para confirmar la fe del pueblo cristiano y para garantizar la comunión en la misión que tenemos como Iglesia en esta sociedad herida, dolorida y perpleja. Como nos recuerda el Papa Francisco, sé que «el obispo habrá de estar a veces delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados» (EG, 31). Pero siempre deberá estar atento para escuchar lo que el Espíritu Santo está diciendo a través del sentido de fe de los fieles cristianos.

Esta actitud es la que he deseado tener desde el inicio de mi servicio entre vosotros, lo ha sido en los duros momentos del confinamiento, y lo sigue siendo con más convicción en estos momentos de reemprender el camino de nuestra vida eclesial. En esta apertura de un nuevo Curso Pastoral, como os decía hace un par de meses, «pienso que la experiencia vivida nos debe llevar a construir un mundo distinto, porque el mañana no puede ni debe ser como el ayer» (Mensaje dominical, 5 de julio); por eso me gustaría soñar el futuro y avivar en vosotros la necesaria esperanza que nace de la fe y que se proyecta en la caridad, tan urgente hoy.

Ante todo, quiero agradeceros el protagonismo que muchos de vosotros habéis asumido para mantener viva la experiencia real de Iglesia en este tiempo de pandemia, en los duros momentos de confinamiento y a la hora del retorno a una cierta normalidad en la vida parroquial. De un modo especial expreso mi gratitud, en nombre de toda la diócesis, a quienes, a pesar de las dificultades, disteis continuidad a la Asamblea Diocesana, viéndola como una oportunidad para la escucha y el discernimiento comunitario, reflexionando de modo más directo sobre qué nos decía el Señor a su pueblo en estos momentos, y qué quería de nosotros; gracias, pues, a los distintos Consejos, a los Grupos de Asamblea y a los diversos movimientos y asociaciones.

Necesitamos seguir escuchando a Dios que pasa. Él nos habla en la difícil situación de una crisis mundial y en los pequeños acontecimientos de cada día. Pero Dios no es el huracán, ni el terremoto, ni el fuego, como nos recuerda la historia del profeta Elías (cfr. 1 Re 19,11-13). Dios es el susurro de la brisa suave que no se impone, sino que pide escuchar para discernir también en fraternidad, en comunión eclesial.

Comencemos así este curso, bajo el amparo de la Virgen Santa María. Que Ella nos acompañe y nos enseñe a caminar con fe y con esperanza «en el nombre del Señor».

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.