La oración cristiana (y IV)

Para el cristiano lo más importante en la oración no es el método o la técnica, sino “la presencia del corazón ante Aquel a quien hablamos en la oración” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2700). Para poder llegar a vivir este encuentro, en la tradición de la Iglesia se han consolidado tres modos de orar que no son incompatibles y que, en cierto modo, tienen un carácter progresivo.

En primer lugar está la oración vocal. Constituye el primer paso en su aprendizaje. Cuando los discípulos le pidieron al Señor que les enseñara a orar (Lc 11, 1), respondió con el Padrenuestro. Al igual que los salmos, que son la oración más importante del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, el Padrenuestro es para ser recitado. De hecho, el cristiano recorre sus primeros pasos en la oración aprendiendo las oraciones fundamentales de la fe: la oración dominical, el saludo a la Virgen María, la alabanza a la Santísima Trinidad, etc… La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana: no se puede oponer a la oración interior ni despreciarla como algo propio de cristianos poco formados. Las personas necesitamos del lenguaje para expresar nuestros sentimientos a los que amamos. Por ello, cuando la oración vocal se vive en la presencia de Dios y no cae en la rutina, es el primer paso para la oración contemplativa. Pensemos en cuántos cristianos a lo largo de los siglos en la Iglesia han progresado en el camino de la santidad siendo fieles a formas sencillas de oración como el Santo Rosario.

Además de la oración vocal está la meditación. Para el cristiano esta no se reduce a analizar los movimientos interiores del propio espíritu, sino en confrontar la realidad de la propia vida con la Palabra de Dios. Cuando el creyente se deja iluminar por esa Palabra descubre la verdad sobre sí mismo, llega también a ser consciente de lo que Dios quiere de Él y va progresando en el camino de la vida cristiana.

La cima de la oración es la contemplación. Es cuando las palabras (oración vocal) y los pensamientos (meditación) dejan paso a la experiencia del amor de Dios. En ese momento el orante centra su mirada de fe y su corazón en el Señor y crece en el amor a Él. Aquí llega a plenitud “la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2712). Es la expresión más sencilla y el culmen de la oración, porque en ella las palabras y los pensamientos se trasforman en sentimientos. Por ello, la oración vocal bien vivida es la primera forma de oración contemplativa.

La tradición de la Iglesia y la vida de los santos nos enseñan que no puede haber auténtica vida de oración y auténtica unión con Dios sin el fundamento de la celebración de los sacramentos, en los que se vive objetivamente esa unión. Por ello, cualquier misticismo que oponga la unión mística con Dios a la que se realiza en los sacramentos, o que lleve a pensar que estos son innecesarios o están superados por las personas “espirituales”, no puede considerarse cristiano.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.