Un nuevo curso. ¿Será nuevo?

Estamos todavía viviendo las consecuencias del coronavirus, la pandemia que ha trastornado y cambiado nuestras vidas durante estos meses, y no solamente nuestras agendas. Todos somos conscientes de ello, y todavía sufrimos los efectos.

Agosto ya termina, y ciertamente empieza “un nuevo curso”, expresión que usamos cuando se inicia un nuevo curso escolar y se retoma la actividad normal pasados los meses de verano. Este nuevo curso está influido por las experiencias vividas hasta ahora y por las medidas que hay que continuar observando. La pregunta que me hago personalmente –y que os invito a haceros– es si este nuevo curso será “nuevo” de verdad, en el sentido de asumir “nuevas actitudes” para afrontarlo.

¿Qué actitudes, de las que podríamos considerar innovadoras por su importancia, podemos plantearnos?

Ayudarnos los unos a los otros a cerrar heridas

La epidemia ha abierto muchas heridas. Pensamos en quienes han muerto sin tener la compañía y el afecto de familiares y amigos, a pesar de la actuación sanitaria adecuada. Somos conscientes de que durante este tiempo los difuntos no han podido tener una celebración cristiana y una despedida digna, llena de afecto, de esperanza y de recuerdo por parte de los familiares y amigos. Los familiares no han vivido la experiencia del luto tal como necesitaban sentirla. Pensamos en los contagiados, sobre todo los más graves, que han pasado por largos días o semanas de sufrimiento y de incertidumbre.

Recordamos también a todos los profesionales sanitarios y a quienes han trabajado para asegurar los servicios esenciales para la ciudadanía, porque el esfuerzo y el estrés también les pasan factura.

De ninguna forma podemos olvidar a las familias y personas para quienes las semanas de confinamiento han sido tan duras.

Por eso, éste tiene que ser un curso en el cual estemos más pendientes los unos de los otros. Todos hemos sufrido y todos debemos ayudarnos a superar o a paliar las heridas recibidas y las contrariedades de cada día.

Crecer en responsabilidad cívica

Hemos constatado que la mayoría de ciudadanos habéis sido responsables a la hora de afrontar la pandemia siguiendo las medidas propuestas. Hay que continuar así y aumentar la responsabilidad de cada uno de nosotros para mejorar la convivencia. Guardemos las medidas sanitarias propuestas; preocupémonos del bien común, interesándonos por las cuestiones que afecten al vecindario, barrio, pueblo o ciudad; respetemos a las personas y sus bienes; cumplamos con los deberes fiscales; y sigamos las indicaciones de la circulación.

Seamos solidarios

La crisis económica es una de las consecuencias de la epidemia. Trabajadores en el paro, empresas cerradas o con reducción de plantilla, dificultades para muchas familias para afrontar los gastos más necesarios… En estas situaciones el impulso instintivo es guardar, pero debemos superarlo mediante la actitud de compartir.

Humanicemos la convivencia

Quizás el ritmo de vida estresante que llevábamos nos deshumanizaba. Hay que recuperar el valor de las palabras, de los gestos, de los saludos, del silencio, de la vida más familiar, de la paciencia en las dificultades.

Cuidemos la salud del espíritu

Hay que cuidar la salud del cuerpo, pero también la del espíritu. Los creyentes, durante este periodo, no nos hemos podido reunir; no hemos podido celebrar en comunidad; no hemos podido comulgar ni recibir los demás sacramentos. Este ayuno nos hace valorar más el significado de “las celebraciones”. Este nuevo curso nos debe llevar a vivir más intensamente la dimensión comunitaria y de celebración de nuestra fe.

Compartamos las alegrías y ayudémonos en las dificultades

Alegrémonos con quienes estén alegres y vivamos intensamente las buenas noticias, pero a la vez ofrezcamos nuestro apoyo cuando los que caminan junto a nosotros lo necesiten.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 452 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.