La mirada ecológica cristiana

Sin duda es bueno que la naturaleza entre en nuestras vidas personales “por la puerta grande”, al menos en tiempos especiales, como las vacaciones. Es bueno en muchos sentidos para la salud social y propia.

Pero vamos más allá. Consideramos que sobre todo esta apertura de la ventana a la naturaleza es necesaria, desde el punto de vista de nuestra fe en Dios creador y redentor del mundo. Más concretamente a partir de los mensajes que escuchamos en la Carta Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco. Este año se cumple el quinto aniversario de su publicación y somos invitados a fijarnos especialmente en su llamada a vivir con espíritu evangélico la ecología integral.

Desde nuestra Diócesis nos adherimos a la invitación que nos llega del Dicasterio vaticano para el Desarrollo Integral, para sumarnos al denominado “Tiempo de la Creación”. Una iniciativa que consiste en intensificar la atención y el compromiso de la Iglesia a favor del cuidado de la denominada casa común, el cosmos, el mundo natural que acoge nuestra humanidad y ante el cual tenemos una grave responsabilidad.

El Papa reconoce que es tarea de toda la humanidad cuidar y respetar la naturaleza. Su intención expresa en esa encíclica es, mediante el diálogo, ofrecer la aportación de la fe y la moral cristiana a esta tarea universal y común. Pero esta aportación no es un simple conjunto de doctrinas, sino que forma parte de nuestra fe, que es vida, verdad, gozo, búsqueda, posesión, amor, acción, contemplación, compromiso, etc.

Por eso pretendemos en estas breves líneas invitar a la realización de un esfuerzo de profundización en la vivencia de una ecología cristiana e integral, mediante la observación, la lectura y la meditación en este tiempo propicio de las vacaciones.

Solo recordamos una condición, que hará factible este ejercicio. Los sentidos son las ventanas mediante las cuales nos abrimos al mundo exterior. Pero, si queremos descubrir algo más que la imagen material, los sentidos deben ser dirigidos por una determinada disposición interior. ¿En qué consiste esta disposición interior? Consiste en todo lo que incluye la mirada de fe: apertura, escucha, disponibilidad, sensibilidad, contemplación. Todo aquello que nos permite captar con la vista el mensaje de vida contenido en el libro de la Sagrada Escritura más allá de la letra, así como nos hace capaces de descubrir la Palabra de Dios en otros dos libros donde ella también habita, es decir, la historia y la naturaleza.

San Buenaventura, siguiendo a su maestro san Francisco de Asís, llegó a escribir estas letras:

“Quien no ve los innumerables esplendores de las criaturas, está ciego; quien con tantas voces no se despierta, está sordo; quien no alaba a Dios por todas estas maravillas, está mudo; quien con tantos signos no se eleva hasta el primer principio, es necio” (Itinerarium mentis in Deum, I,15).

Las miradas a la naturaleza son muchas y variadas, según las disposiciones interiores: habrá quien buscará el rendimiento económico, la pura forma estética, su interés político, el mero disfrute placentero… Nuestros ojos quisieran descubrir en ella el don que nos viene del Señor, para que gocemos de su belleza, nos ayude a subsistir, compartamos sus bienes y, en definitiva, alabemos a Dios, que tanto nos regala.

Mensajes escogidos de la Encíclica Laudato Si’, así como los textos de la Sagrada Escritura correspondientes a cada domingo, nos ayudarán a descubrir y profundizar en la luz del misterio que el Señor sigue ofreciéndonos para nuestra salvación.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.