El arte de escuchar

En el acompañamiento personal, según señala el papa Francisco, es muy importante practicar el arte de escuchar, que es mucho más que el simple oír, para poder encontrar después la palabra y el gesto oportunos. Sólo entonces se pueden descubrir los caminos para un genuino crecimiento, para despertar el deseo de vivir el ideal cristiano, correspondiendo al amor de Dios y desarrollando todos los dones que Él nos ha concedido (cf. EG 171).

Recuerdo que en mis primeros años de sacerdote, una persona vino a consultar algunas cuestiones que le preocupaban. Estuve aproximadamente una hora seguida escuchándola. Varias veces intenté responder, pero fue imposible, porque mi interlocutora no paraba de hablar ni un momento. Al final, cuando nos despedíamos, me agradeció que la hubiese escuchado aquel rato, y también me dijo que mis consejos eran muy acertados. Pero resulta que yo prácticamente no había pronunciado ni una palabra. Es la ocasión en que he percibido con más claridad la necesidad que tenemos los seres humanos de ser escuchados, y la importancia de saber escuchar.

Escuchar no es lo mismo que oír. Oír es un acto natural, inconsciente, que se realiza sin esfuerzo; es captar a través de los oídos una serie de sonidos que se producen a nuestro alrededor, que, si no tienen un significado previo, vienen a resultar simple ruido. En cambio, escuchar es la capacidad de dar sentido e interpretar lo que entra por los oídos; escuchar es algo que se hace intencionadamente, de forma selectiva, prestando atención a lo que nos interesa. Habitualmente no decidimos lo que nos toca oír, pero sí decidimos a quién queremos escuchar y lo que queremos escuchar.

Ahora bien, escuchar de verdad no es una tarea fácil. Significa atender totalmente a la persona que nos habla, sin interrumpirla, sin juzgarla. Saber escuchar es una prueba de respeto y aprecio, es un arte. Aparentemente puede parecer pasividad, inacción, pero es un ejercicio que conlleva un gran esfuerzo de autocontrol y que requiere mucha paciencia y constancia. Comporta  atender las razones del otro, sin alterarlas ni manipularlas, con una actitud receptiva,  entendiendo los gestos y las palabras del otro.

En la vida, siempre es de agradecer una palabra acertada o un detalle de afecto, pero se agradece más todavía que se nos escuche a fondo y sin prisas cuando necesitamos desahogarnos o consultar cuestiones importantes. Cuando el agobio nos atenaza o hemos de tomar una decisión trascendental para nuestra vida, necesitamos que se nos escuche en profundidad y extensión. Hoy en día vivimos en un mundo de prisas, de estrés, de competitividad extrema, en el que no hay tiempo para la escucha serena ni para el diálogo fecundo, ni en las familias, ni en los trabajos, ni en  los diferentes ambientes. Como señaló el escritor y científico alemán Johann Wolfgang Goethe, “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.

Por eso, si es importante saber hablar, más todavía lo es saber escuchar. Si existe el arte de la palabra, de la exposición de los argumentos, del debate de las ideas, y tiene mucha importancia, más importante todavía es el arte de la escucha. El camino para conocer a fondo a las personas es saber escuchar en profundidad. Es entonces cuando, más allá de los datos externos, descubrimos las razones profundas y los caminos, porque llegamos a conocer el corazón de las personas.

Para acabar este escrito, quiero subrayar una actitud muy importante en el que acompaña, para poder escuchar: la humildad, la discreción, la superación del protagonismo, de todo tipo de narcisismo que pueda desviar el foco del proceso. Si no se supera el egocentrismo, siempre acecha el peligro de acabar explicando la propia vida y escuchándose a uno mismo en lugar de escuchar al otro, y al mismo Espíritu Santo, que es quien guía a los dos en el proceso.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.