Cristianos también cuando conducimos

Estimados y estimadas:

Es habitual que durante los meses de verano aumente la movilidad en las carreteras. A pesar de la disminución de tráfico en esta primavera pasada a causa de la pandemia, hemos vuelto a una cierta normalidad. Este año también, hay familias de nuestro entorno que han decidido hacer vacaciones no desplazándose en avión, en tren o en autobús, sino con el propio coche. Pueden ser desplazamientos largos y por lugares menos conocidos. Hay que ser prudentes y saber sacar consecuencias idóneas de comportamiento.

Nuestra manera de actuar en la carretera tiene una clara relación con nuestra actitud ante la vida. En este sentido, recordamos la reflexión de los obispos de Bélgica de hace unos años, señalando que el problema de la circulación es fundamentalmente una cuestión moral y de formación de conciencia. A menudo se dice que para conocer la paciencia de una persona, basta con ponerla al volante. Una máquina potente puede dar satisfacciones a su conductor, pero también puede despertar en él instintos de dominio y prepotencia, afán de ostentación y arrebatos de vanidad: «¡Qué coche más potente! ¡Qué buen conductor soy! De hecho, esta autocomplacencia vanidosa es la causa de muchos accidentes.

Los datos oficiales señalan que el exceso de velocidad, la conducción temeraria o superando los límites establecidos, las distracciones debidas al móvil o al GPS —independientemente del exceso de alcohol o de otras sustancias, que es otra cuestión—, son las causas más habituales de los accidentes que se producen en nuestras carreteras.

Los conductores sancionados por estas causas, aunque no hayan tenido accidente, justifican su comportamiento asegurando que tienen un completo control de su vehículo, o señalando la urgencia por llegar. Creen que esto les permite ir a velocidades extremas. Esta es una actitud insensata, poco consecuente y que demuestra un pobre dominio de nuestros comportamientos compulsivos.

Es evidente que el conductor debe ser responsable y tener autocontrol. La capacidad de convivir y de relacionarse con los demás, presupone en el conductor ciertas cualidades como dominio de sí mismo, prudencia, cortesía, espíritu de servicio y conocimiento de las normas de circulación. ¡Seamos cristianos también cuando conducimos!

Para un cristiano, el correcto dominio de sí mismo, de su volante y de su vehículo son importantes. La carretera debe ser una plataforma para ejercer virtudes basadas en la prudencia y en la caridad. El cristiano debe colaborar con su buen hacer, reproduciendo las actitudes evangélicas sea donde sea. La estima, el respeto, el amor al otro y el espíritu de servicio deben estar siempre presentes en nuestras vidas. El cristiano no debe dejarse llevar por los instintos, sino por el Espíritu. En todas partes, también en la carretera, seamos apóstoles de Cristo. Seamos en todas partes sal de la tierra y luz del mundo.

Feliz verano a todos

† Joan Planellas i Barnosell

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 38 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.