¡Alerta! ¡Agosto, tiempo de virtudes!

Hoy mi reflexión va de virtudes. Según el diccionario, la virtud es “la práctica habitual del bien; la disposición del ánimo para las acciones conforme a la ley moral”. Según el catecismo de la Iglesia católica, es “una actitud interior, una disposición estable positiva, una pasión puesta al servicio del bien”.

Durante el año, las lecturas de la misa se refieren a menudo a las llamadas virtudes teologales –fe, esperanza y caridad–, que tienen su origen en Dios y hacen posible vivir su salvación. Sin embargo, tradicionalmente se han definido también unas virtudes llamadas cardinales –es decir, “importantes”– y que no pueden ser olvidadas: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas virtudes también son denominadas “humanas”, porque nos humanizan y asumen con firmeza la dignidad de cada persona.

Prudencia

Es la capacidad de reconocer y discernir lo que es esencial y bueno de aquello que no lo es, y actuar consecuentemente. Prudencia no es dudar de todo, y como consecuencia permanecer pasivo y no hacer nada. Al contrario, prudencia es valorar en cada situación lo que es un bien para uno mismo y para los demás, y actuar según este criterio.

En la vida, en el momento de tomar decisiones a menudo se nos plantea si tenemos que hablar, si tenemos que actuar, si tenemos que callar… Todos tenemos experiencia de ello. ¿Debemos abstenernos de advertir a alguien de sus defectos, o sí hay que hacerlo? ¿Conviene callar o bien hay que hablar en momentos de tensión familiar? En relación con los bienes y dinero, ¿tenemos que moderar o no nuestros gastos? ¿Podemos arriesgar nuestra vida o nuestra salud buscando nuevas experiencias y sensaciones para satisfacer nuestro ego?

Y sobre todo, prudencia es no tomar decisiones sin haber reflexionado y pedido consejo, dado el caso.

Justicia

El principio de la justicia es “a cada cual lo que es suyo”. La justicia se esfuerza para asegurar los derechos y los deberes de las personas, y que todo el mundo consiga lo que le corresponde. La justicia con respecto a Dios se denomina “virtud de la religión”. En relación con las personas, la justicia se propone respetar los derechos de todos y establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad y el bien común. Ahora bien, la justicia sin misericordia es árida, y la misericordia sin justicia es deshonrosa.

Ciertamente, debemos ser justos en las relaciones familiares, entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, y para con otros familiares; también con los vecinos y amigos.

Concretamente, ¿estamos siendo justos, este mes, con quienes nos sirven? ¿Estamos siendo justos en el momento de respetar los derechos al descanso y a la intimidad de los demás? ¿Somos lo bastante justos para cumplir con nuestros deberes en relación con el bien común?

Fortaleza

Podemos considerar que la fortaleza es la actitud que nos mantiene firmes en las dificultades y en la búsqueda del bien. Seguro que todos nosotros hemos recomendado a alguien en circunstancias difíciles: “Sé fuerte”, para afrontar la situación. Esta virtud es muy necesaria, no solo en los momentos de mucho dolor y angustia, sino también en los contratiempos de la vida ordinaria: desalientos, cansancio, tristezas, fracasos, enfermedades, angustias…

Templanza

Es la virtud del autocontrol, que se concreta en la abstención y la moderación. Sinónimos de esta virtud son los términos “sobriedad” y “cordura”. Significa que no nos tenemos que abandonar al poder de las propias pulsiones, ni buscar satisfacer siempre todos nuestros deseos, y abstenernos de acciones que nos deshumanizan, como por ejemplo los pecados capitales: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, intemperancia, pereza y gula.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 397 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.