‘No caigamos en la postración’

Los profetas, elegidos por Dios para hablar en su nombre al pueblo elegido, con frecuencia tienen que llamar a la conversión, al rechazo de los ídolos y a la vuelta al Dios verdadero a los elegidos. Ante las dificultades de la misión, alguno de ellos, como Elías, que caminaba por el desierto intentando huir de sus responsabilidades, recibe la voz del ángel que le dice: “Levántate, tienes por delante un largo camino” (I Re 19,7).

Jesús, en los encuentros con quienes sufren parálisis corporal o están postrados a causa de la enfermedad, los llama y los invita también a levantarse. Ahora bien, esta llamada no es solo una cuestión del pasado. En medio de las oscuridades de la vida y de las dificultades para el anuncio del Reino, el Señor resucitado continúa llamando a todos los bautizados a ponerse en camino y a emprender con gozo la misión recibida.

Los cambios bruscos, rápidos e inesperados, que experimentamos en la convivencia social, en las relaciones familiares y en los comportamientos religiosos de muchos bautizados, pueden desanimarnos, cerrarnos sobre nosotros mismos y alejarnos de los hermanos. Es más, estos cambios pueden llevarnos a la convicción de que es imposible evangelizar y, por tanto, hemos de esperar que lleguen tiempos mejores.

Cuando contemplamos la realidad desde los criterios de Dios y no desde nuestros criterios, los problemas y los obstáculos para el cumplimiento de la misión no pueden paralizarnos. Al contrario, deben ser siempre un acicate y una invitación del Maestro a levantarnos de nuestra postración y a emprender el nuevo camino que Él quiere y espera que recorramos para mostrar su amor y salvación a todos los seres humanos.

La oración comunitaria y las reflexiones sinodales, entre otras cosas, tienen que ayudarnos a escuchar y acoger con gozo la Palabra de Dios para responder con prontitud a la misma, pues el Señor nos llama y nos invita a levantarnos porque quiere contar con todos nosotros para levantar del polvo al desvalido y para alzar de la basura al pobre.

Desde la situación de marginación, en la que viven tantos hermanos nuestros y desde la indiferencia religiosa con la que conviven otros, Jesucristo nos invita cada día a levantarnos de nuestras postraciones, cansancios y desánimos, para acompañar a quienes desean levantarse de su pobreza, desesperanza y falta de sentido.

En el cumplimiento de esta gozosa misión, hemos de actuar con la convicción de que el Señor nos acompaña siempre con su gracia y tiene el poder de levantarnos de nuestros cansancios. Es más, para ayudar a otros a levantarse de sus fatigas y desánimos, debemos tener muy presente que nuestras acciones y omisiones en la relación con ellos, al mismo Señor las hacemos o dejamos de hacerlas: “Cada vez que dejasteis de hacerlo a uno de estos mis humildes hermanos, dejasteis de hacerlo conmigo” (Mt 25, 45).

 

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.