Olmedo despide al capellán de las Dominicas

Olmedo despide al capellán de las dominicas, el P. Máximo Marina, quien con 16 años de servicio tiene el récord de ser el capellán dominico que más tiempo ha estado en este cargo, pues lleva celebrando en el monasterio Madre de Dios desde 2004. La mayor parte de este tiempo ha residido en la Villa del Caballero, donde es un vecino más que cada día va al quiosco a por sus periódicos, al estanco o a tomar el vermut con los amigos que ha hecho en tantos años de convivencia.

El P. Marina nació en Caleruega, igual que su fundador santo Domingo de Guzmán, e ingresó en la orden dominicana siendo un adolescente. Terminó sus estudios de Filosofía en Roma y desde muy joven fue dedicado por sus superiores a la docencia en el centro superior que entonces tenían den las Caldas de Besaya.

Fundador del instituto de Filosofía en Valladolid

Como prior del convento de las Caldas participó en la decisión de trasladar el centro de estudios a Valladolid (frente a la primera opción que era Oviedo) iniciando con ello una experiencia universitaria muy rica para nuestra capital, que durante décadas ofreció la posibilidad de estudiar el primer ciclo de las carreras de Filosofía y Pedagogía a cientos de estudiantes, en años en los que la UVA no ofrecía estas titulaciones.

Desde la comunidad de San Gregorio, en la plaza de san Pablo, compartió la docencia con profesores que dejaron huella en varias generaciones de seminaristas y religiosos, como Eladio Chavarri, Cándido Ániz, Emilio G. Estébanez, Juan Manuel Almarza, entre otros.

Fue también profesor en la Escuela de Magisterio Fray Luis de León y colaboró con el sacerdote Jesús Pascual en la fundación del Aula de Teología de la Universidad. Una experiencia pionera que después fue adoptada en otras universidades públicas, y que desde la facultad de Medicina de la UVA permite estudiar algunos créditos de Sagrada Escritura, Cristología y otros temas relacionados a los estudiantes de Valladolid y de los otros campus de la universidad.

Con las Víctimas de ETA

El P. Máximo dejó también su impronta en la vida social de la capital. En los años de la transición colaborando con la comunidad de dominicos que en el barrio de las Delicias trabajan como ‘curas obreros’ y apoyaban a Millán Santos en los inicios de la parroquia de Santo Toribio.

Ya en la comisión diocesana Justicia y Paz puso en marcha las concentraciones silenciosas en la plaza de San Pablo como respuesta desde la no-violencia a los atentados de ETA.

El propio Máximo colocaba en la cruz de piedra que preside la plaza la foto de los fallecidos y congregaba en torno a ella un reducido círculo de personas que permanecían en silencio. Un gesto pacífico que entonces le acarreó muchas críticas, pero que terminaría siendo general en España y decisivo en el final del terrorismo gracias al “espíritu de Ermua”.

En Olmedo como un vecino más

En 2004 sus superiores le destinan como capellán del monasterio Madre de Dios en Olmedo, uno de los principales conventos femeninos de la orden, que hoy es cabeza de una federación de once comunidades repartidas por cuatro continentes. Los primeros meses cumple este ministerio desde Valladolid, pero enseguida decide establecer su residencia en Olmedo ocupando la vivienda destinada al capellán.

Las hermanas dominicas y los vecinos destacan de él su sencillez y humildad; su disponibilidad para el diálogo y la confesión; su atención a quienes aparecen pidiendo alguna ayuda; y su trato con los vecinos integrándose en el pueblo, participando en las fiestas, en las devociones, etc. siempre como uno más.

El sábado 1 de agosto a las 20:00 h., será su despedida en la iglesia de Santa María. No puede ser en el monasterio donde ha celebrado durante 16 años, pues hoy las misas siguen siendo a puerta cerrada para preservar la salud de las hermanas mayores.

No es un homenaje, sino una acción del gracias por el regalo que ha sido para Olmedo la presencia de este fraile dominico, y la gratitud del propio Máximo Marina por sus 16 años de vida en la Villa del Caballero.

Foto adjunta: El P. Máximo Marino (primero por la derecha) en una concelebración en Madre de Dios de Olmedo, junto al cardenal arzobispo de Valladolid, D. Ricardo Blázquez y el párroco de la localidad, José Ramón Peláez.

(Archidiócesis de Valladolid)

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