Casa Santa María de Cervellón, un hogar para las víctimas de la trata

La casa Santa María de Cervellón nació hace 8 años en Guatemala y es un hogar para mujeres adultas víctimas de la trata de personas, forma parte de la Asociación Misión Redentora. Fray Dionisio Báez, de la Orden de la Merced, comparte con Vatican News la profunda experiencia de Dios, fruto de este servicio a los excluidos en Guatemala.
Existe desde hace 8 años, en Guatemala, un Hogar para mujeres adultas víctimas de la trata de personas, forma parte de la Asociación Misión Redentora, institución que lucha contra la trata por medio de programas de sensibilización, información, protección y procesamiento del delito. Iluminados por el carisma de la Orden de la Merced, enfrentamos a la esclavitud del s. XXI, al estilo de San Pedro Nolasco, siendo misericordia para los cautivos de hoy.

Un lugar para sentirse amado, no excluido

Fray Dionisio Báez, mercedario, responsable Piso de Trata de Guatemala expresa:  Cuando pienso en una familia, en un hogar, no puedo dejar de lado la imagen de Nazaret, creo que la casa para mujeres sobrevivientes de la explotación y la esclavitud, quiere ser eso, un espacio para construir diálogo, recuperar la paz, vivir el valor de la fraternidad, saberse amado por lo que soy, no marcado, no excluido, no golpeado, no abusado sexualmente, no estigmatizado, todo lo contrario, un lugar en donde se me respeta, en donde me ayudan a recuperar el verdadero sentido de la libertad, un Nazaret en el que experimento al Dios con nosotros, al Dios cercano, al Dios que se hace esclavo con los esclavos por amor.

Ir a las periferias, al lugar de la oscuridad

Fray Dionisio describe el proyecto en su complejidad, pues: una casa para mujeres rescatadas de la Trata de Personas es compleja, es ir a las periferias, al lugar de la oscuridad, del dolor, de la tortura, es tocar la carne del crucificado, son seres humanos que han sufrido situaciones límites, están muy heridas, han experimentado el infierno en sus cortas vidas, escasos 16, 20, 26, 30 y poco más de años, vidas vividas y multiplicadas por cien en sufrimiento, por ello, la Casa Sta. María de Cervellón, debe ser una posada, un hospital samaritano, en el que las heridas físicas y psicológicas son sanadas con el buen vino de la misericordia, de la cercanía, del escuchar, del acompañar, del sentirse amado por el otro.

A la orilla del camino solo están los que sobran

El mercedario expresa que para muchas mujeres: Conocer ese Hogar, es recuperar humanidad y esperanza, aunque es doloroso, los lugares con sabor a Evangelio son muchas veces cuestionados, no se les encuentra razón para su existencia, se les persigue, se les hace a un lado, tal vez porque no ocupan grandes titulares en los medios de comunicación o estamos tan apurados en llegar al templo y  queda muy poco tiempo, mejor volver la cara, nos podemos contaminar, es molesto detenernos y mirar con los ojos de Dios, es preferible rodear, ya que ahí, a la orilla del camino, solo están los que sobran, los invisibles, los que no existen en la sociedad de hoy.

Servir para ganar la vida

Digna mención merecen las mujeres que laboran en ese nuevo Nazaret, lo hacen en silencio, acompañan a las víctimas día a día, olvidándose muchas veces de sí mismas, pues saben muy bien, que al final, lo que realmente es valioso en el mundo, es servir con amor.

El fraile mercedario finaliza comentando su propia experiencia de fe en este servicio a la comunidad: Jesús, no solo toca la puerta de la Casa Sta. María de Cervellón, sino que se le acoge, se le viste, se le da de comer y beber, se le sana de su enfermedad, se le acompaña a salir de la prisión, así emprendemos, como hermanos y hermanas, un camino que construye historias de libertad. Vengan benditos de mi Padre… (Mt. 25).

(Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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