«Humana communitas»: Una nueva mirada a la realidad

Coronavirus en California (ANSA)
El profesor Roberto Dall’Oro, profesor de Bioética de la Universidad Loyola Marymount de Los Ángeles y académico de la Pontificia Academia para la Vida, reflexiona en nuestros micrófonos sobre el reciente documento de la Pontificia Academia para la Vida (PAV) en relación con la realidad americana, duramente afectada por el Covid-19.
Hay 15 millones de personas infectadas en el mundo a causa del Covid-19; 8 millones de personas infectadas sólo en América. Los Estados Unidos han superado los 4 millones de casos, Brasil, con casi 2,3 millones de casos contagiosos, sigue teniendo graves dificultades, Bolivia y también Ecuador, donde el sistema de salud está colapsando y donde, en Arequipa, se han instalado tiendas de campaña cerca de los hospitales para los pacientes que esperan ser hospitalizados, algunos de los cuales duermen en coches a la espera de que se libere una cama para su tratamiento. Un cuadro que impresiona y al que la Pontificia Academia para la Vida quiso dar una respuesta con el documento: «Humana communitas en la era de la pandemia. Consideraciones intempestivas sobre el renacimiento de la vida». Un texto marcado por las preguntas para ser abordadas, que ofrece una reflexión sobre las consecuencias de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. «Todos estamos llamados a hacer nuestra parte», subraya el documento que pide «una actitud de esperanza» para ir más allá de la resignación y «poner en marcha un proyecto de convivencia humana que permita un futuro mejor» para todos.

Mirando la vida de una manera nueva

El profesor Roberto Dall’Oro, profesor de bioética en la Universidad Loyola Marymount de Los Ángeles y académico de la Pontificia Academia para la Vida, definió el documento PAV una invitación a la conversión, una oportunidad para asumir una nueva mirada sobre la realidad. ¿Es esta la lección que hay que aprender de la pandemia?

R. – Por supuesto que no hay una sola lección, hay muchas, y me parece que la Iglesia no está en un pedestal predicando y diciéndole al mundo: esta es la lección que hay que aprender. Más bien, este documento es una expresión de la Iglesia que quiere situarse al lado de todos los hombres para discernir con ellos el sentido de las experiencias que viven, experiencias que tocan a todos y que son la experiencia de la fragilidad, la experiencia de la vulnerabilidad, la experiencia de la finitud. Por lo tanto, la naturaleza del documento es precisamente la de ser una invitación a pensar, es un documento que nos habla de algunas dimensiones fundamentales de la condición humana que tal vez en nuestra distracción debemos recuperar. Se trata de recuperar una nueva conciencia antropológica que va directamente al centro de nuestra actitud hacia la vida. La apuesta del documento es de alguna manera esta: de este pensamiento puede surgir una disposición diferente dirigida agradecimiento, a la apreciación de la vida. Y entonces de esta forma diferente de ver la vida también surge una voluntad diferente de enfrentar los desafíos de la pandemia, así en este sentido nace una actitud de conversión.

R. – Diría que el documento es importante para la realidad americana, sobre todo porque ofrece una especie de antídoto a dos actitudes que pueden ser más fáciles para la mentalidad americana: el pragmatismo por un lado y el individualismo por el otro. En este sentido, el documento es importante precisamente como una crítica a toda actitud pragmática e individualista. Sin embargo, es necesario reconocer la enorme labor de los médicos y el personal sanitario en condiciones a veces muy duras. La urgencia del problema en los Estados Unidos ha despertado una conciencia ética muy fuerte a nivel de las instituciones hospitalarias. Aquí cada institución sanitaria tiene un comité ético y el trabajo realizado ha sido muy importante, yo diría que un trabajo muy conmovedor, no sólo por la lucidez e inteligencia de los criterios normativos que se han ofrecido sino también por la sensibilidad moral de estos protocolos de intervención. No hay que olvidar que la mayoría de los hospitales americanos están dirigidos por instituciones religiosas, por lo que existe una sensibilidad moral que también entra en las instituciones hospitalarias. La pandemia nos hace pensar una vez más en la condición del mundo, el documento muestra cómo la dimensión global del problema despierta en todos, especialmente en el mundo occidental y en América, una conciencia diferente de la miseria, la pobreza de esa parte del mundo que vive estos problemas y vive la muerte, vive el sufrimiento, vive la pérdida de personas con regularidad. En este sentido, el documento nos insta a repensar la plausibilidad del estilo de vida que también adopta Occidente: desde la forma en que comemos, desde la forma en que nos movemos hasta todas las dimensiones de nuestra vida que tienen un impacto global, y de hecho este impacto es un impacto que también surge claramente con respecto al problema de la pandemia.

El documento habla de solidaridad responsable, sin recetas económicas preestablecidas. Pero, ¿cómo podemos actuar para poder empezar de nuevo, teniendo en cuenta las necesidades y dificultades de una gran parte de la población?

R. – Debemos preguntarnos en qué concepción de la vida, en qué concepción de la humanidad se basan ciertas políticas. Por ejemplo, me refiero a los Estados Unidos, una nación que aún no ha logrado ponerse de acuerdo para organizar una política de salud que conduzca a un sistema nacional de salud para todos. Esta es una política que traiciona implícitamente las concepciones antropológicas que son verdaderamente problemáticas porque están guiadas por ese individualismo del que hablaba antes. Así pues, volver a empezar a partir de las necesidades de la población significa volver a empezar a partir de una política pública, especialmente una política sanitaria, que tenga en cuenta el derecho a la salud como un derecho de todos. Por supuesto, esto puede hacerse sobre la base de una «filosofía social» inspirada en la solidaridad. En este sentido, pues, la referencia del documento es muy importante, aunque el documento no da inmediatamente indicaciones políticas o normativas, ciertamente el documento se refiere a aquellas actitudes antropológicas básicas que pueden de hecho definir políticas sanitarias de un cierto tipo.

Usted vive en California. Según estadísticas recientes, se encuentra entre los estados más afectados por el coronavirus, con cifras que aumentan constantemente. ¿Cómo se está enfrentando esta crisis?

R. – California, en particular, abordó el problema muy seriamente a principios de marzo y ha habido una actitud de gran seriedad de parte de las autoridades estatales y esto está un poco en contraste con la falta de liderazgo a nivel nacional. Una seriedad al principio, luego progresivamente hubo una falta de atención y luego esas actitudes de individualismo, de pragmatismo resurgieron y, de hecho, hubo un momento, especialmente a finales de mayo, en el que parecía como si la gente no daba más y por lo tanto se dejaron estar. Esto, por supuesto, creó una situación en la que el virus sigue cobrando víctimas y ahora estamos de vuelta en el punto de partida. Lamentablemente, es aquí donde está en juego la llamada a la solidaridad: se trata de comprender que el bien de la comunidad y la salud de la misma depende de nuestra actitud individual. Esta es, por supuesto, una lección que hay que aprender, y me parece que América es, de hecho, un poco inmadura en este aspecto.

(Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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