Palabras para crecer IV

Queremos dilucidar qué significa “crecer” para un discípulo de Cristo. Crecer y hacer crecer el mundo y la Iglesia.

De ello habló y obró mucho Jesús, al tratar del Reino de Dios que comenzaba con Él en la tierra. Su mensaje nos va descubriendo que ambos crecimientos, el del mundo y el de la Iglesia, tal como se suele entender, son distintos. El crecimiento de la Iglesia, en tanto que inicio, exordio, del Reino de Dios en la tierra, sigue caminos muy distintos, a veces contrarios, del que se entiende por progreso del mundo.

Sin embargo, el progreso del mundo y el crecimiento de la Iglesia no son independientes ni indiferentes entre sí. La fe cristiana sostiene que la verdadera plenitud del mundo es el Reino de Dios, y que el triunfo del Reino de Dios será al final de la historia: el mundo será absorbido por el Reino de Dios, será transformado en él. Así ambos crecimientos tendrán un punto de encuentro, incluso podemos decir de “identificación”. ¿Cómo será eso? Nos lo podemos imaginar recordando los pequeños “puntos de encuentro” que se dan cuando a través de nuestra acción se consigue transformar algo de este mundo en nombre del amor de Dios.

Jesús no tuvo inconveniente en usar ejemplos del mundo del comercio y del mercado para explicar misterios del Reino de Dios. Así, él veía que en el mundo del comercio y en el mercado, a veces podía suceder que un comerciante se jugaba todo su capital invirtiéndolo en una sola operación de compra. Estaba tan seguro del valor de lo que adquiría, que arriesgaba todo su dinero, sin miedo a quedarse arruinado. Entonces Jesús pensó: esto es lo que sucede con el Reino de Dios, cuando es hallado “fortuitamente” por alguien que lo desea y lo busca (cf. Mt 13,44-46).

Sin duda no es frecuente el caso de alguien que arriesgue todo lo que tiene en una inversión. Pero se da el caso, si se percibe que lo adquirido tiene un valor absoluto. El comercio y la economía, crecerían rápidamente si fuera fácil encontrar valores así, “absolutos”, de un rendimiento totalmente seguro…

Desagraciadamente las cosas no son tan fáciles. Este tipo de “operación”, sin embargo, se da siempre en el hallazgo y el crecimiento del Reino de Dios:

– Según las palabras de Jesús, el hallazgo del Reino de Dios es casual, no se puede controlar. Pero se ha de tener un deseo intenso de lograrlo, tanto como uno desea un gran tesoro o el comerciante anhela la perla preciosa.

– Una vez hallado el Reino de Dios, sorprende y deslumbra por su valor, hasta el punto de que a los propios ojos merece arriesgar todos los bienes que se poseen.

– Siguiendo esta percepción, el Reino de Dios se adquiere efectivamente, se goza de él, más allá del miedo a quedarse sin nada, porque con él se tiene todo.

Este lenguaje, estas expresiones tan radicales, como “valor total, absoluto, perfecto”, es extraño en el mundo del desarrollo económico y social. Solo aparece en la propaganda; ya se sabe que no responde a la realidad y que únicamente se usa para aumentar clientes. Sin embargo, la Iglesia anuncia el Reino de Dios sin engaños, con total convicción, transparencia y sencillez. La Iglesia crece a base de estas inversiones arriesgadas, a base del desprendimiento de todo lo que se tiene para adquirir la salvación y la plena felicidad.

 

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.