Francisco José Gaspar Rico: “Quiero ser sacerdote. Mi vida es plena, feliz”

La Iglesia de Albacete tendrá este año a un nuevo sacerdote: Francisco José Gaspar Rico.

Francisco José, próximamente serás ordenado sacerdote por nuestro Obispo, D. Ángel.

Sí. Estoy muy contento, muy feliz. Doy gracias a Dios por todo lo que está haciendo en mí y también a la Diócesis de Albacete, porque me siento muy acogido por D. Ángel, por todos los sacerdotes.

¿Cuándo empezaste a sentir tu vocación de consagrarte al Señor?

Siendo monaguillo en mi pueblo, desde los ocho años, en la Parroquia de San Pedro Apóstol, de Pinoso (Alicante). Allí íbamos todos los días cuando éramos pequeños, y aunque tuve que empezar a trabajar muy pronto, a los 13 años, porque era una necesidad en mi familia y soy el mayor de siete hermanos, no dejaba de ir a la parroquia los fines de semana, los días libres que tenía y los momentos que podía, y allí fue creciendo mi vocación.

¿Qué te ayudó a crecer en la vocación?

Desde pequeños, el sacerdote de mi pueblo, D Domingo Torá, nos enseñó a tener la costumbre de estar durante horas delante del Sagrario, en la oración. Esto es lo que nos hace madurar y lo que nos hace de verdad poder entregarnos por completo al Señor. Para mí, la Eucaristía es lo principal que tiene el cristiano y para todo aquel que se acerque al altar. Nos enseñó también D. Domingo a tener todo bien preparado y dispuesto, para engrandecer lo que realmente se consagra en el altar, que es el cuerpo de Cristo. D. Domingo tiene ahora 90 años, qué alegría tan grande le he dado cuando le he dicho que me iba a ordenar de sacerdote.

¿Y cuándo empieza tu vinculación con Albacete?

Cuando tenía 20 años vine a Albacete para ingresar en la Orden de Frailes menores franciscanos. Después de treinta y tres años como fraile y por motivos de querer hacer un trabajo pastoral fuera de la orden, fui destinado a Yeste, El Señor me llama en este momento de mi vida a una mayor entrega y servicio, y por eso he pedido ser sacerdote, porque quiero servir más a Dios y a la Iglesia.

Llevas de diácono dos cursos en las parroquias de Yeste. ¿Qué tal la experiencia por la sierra?

Ha sido maravillosa, y sigue siendo muy buena. Encontrarme con aquella gente, que necesita que seas cercano, como uno de ellos, y con aquel lugar, ha cambiado mi vida, ha hecho surgir de mi interior todo aquel afán que hace tiempo llevaba en el corazón. Hasta ahora, en Yeste, he hecho la celebración de la Palabra con mi compañero Daniel, que es el sacerdote, y he estado echando una mano en todo lo que he podido, en la catequesis, en arreglar cosas para la Iglesia, en llevar la comunión a las aldeas…

Has visto, pues, la necesidad de transmitir un evangelio cercano a la gente.

Sí, muy cercano, y aquí donde estoy, a la gente de la sierra y de las aldeas. Los sacerdotes me dicen: Paco, tú tienes que ser sacerdote de pueblo, un sacerdote que esté cercano a ellos y que trabaje con ellos y les anuncie, a través del trabajo y a través de tu experiencia, a Jesucristo. Es lo que intento hacer en Yeste y me encanta: sales a la calle, ves a las personas mayores, hablas con ellos, te ríes con ellos, vas a visitar a los enfermos, a la gente que está sola, que hay mucha gente sola en la sierra y entonces, les transmites ese espíritu. Y con los que lloran, llorar y con los que ríen, reír, pues también es parte de mi trabajo, acompañar a la gente tanto en la alegría como en la tristeza.

La gente está necesitada de Dios ¿verdad?

Muy necesitada de Dios, la verdad que sí, porque mucha gente pregunta sobre cosas de Dios. Por eso, para mí es importante el sacerdocio, para poder entregarte más. A las familias, yo les diría que animen a sus hijos y a sus nietos a ser sacerdote, a entregarse al Señor, pues es una vida muy plena, una vida que puede dar mucha felicidad, no solamente a la persona, sino también a todos los demás.

Sabemos que te encanta el arte y que transmites por medio del arte el evangelio de Jesús.

Sí, son trabajos que hago, iconos con pan de oro, con estampas… en las catequesis con los niños hacemos el belén, pintamos imágenes, y todo esto hace que nos fijemos más en lo que es el momento del  Nacimiento, de la Pasión… Me encanta el arte y adornar los altares, que estén limpios, arreglados, porque la fe entra también por los ojos, contemplando ves las grandezas de Dios.

(Diócesis de Albacete)

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