Amemos y cuidemos a nuestros mayores

En la festividad de S. Joaquín y Sta. Ana, padres de la Virgen María, dedicamos hoy un recuerdo especial a las personas mayores, ya que son los patronos de los abuelos. El Covid19 ha afectado sobre todo a la gente mayor, y muchos han muerto en residencias, hospitales y en sus domicilios. También, los mayores son los que más han sufrido el drama de la soledad y de la separación de sus seres queridos, hijos o nietos, cuidadores o amigos. Confinados, solos, viviendo con miedo y angustia. Es necesario que los amemos y cuidemos con mucho amor y atenciones.

Los Obispos de la Comisión de Pastoral Social y para Familia y Defensa de la Vida han ofrecido un precioso mensaje de esperanza hacia nuestros mayores, “Una mirada especial a los mayores”. Destacan que los mayores nos ayudan a valorar lo esencial de la vida y a renunciar a lo que es transitorio. Ellos han aprendido que el amor y el servicio a los demás miembros de la sociedad son el verdadero fundamento en el que todos deberíamos apoyarnos para acoger, levantar y ofrecer esperanza a nuestro prójimo, en medio de las dificultades. El Papa Francisco recordaba recientemente que «la desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez» (31.1.2020). Sin olvidar que una sociedad que abandona a la gente mayor y prescinde de su sabiduría, es una sociedad enferma y sin futuro, porque le falta la memoria. Sin respeto, reconocimiento y honor por la gente mayor, no puede haber futuro para los jóvenes, y por ello hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y ancianos. Y continuaba el Papa: «Conscientes de este papel irremplazable de las personas mayores, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia» (Al Congreso Internacional «La riqueza de los años»).

Desde el respeto a su dignidad y al bien común de la sociedad, debemos ofrecer a las personas mayores una atención y unos cuidados ricos en humanidad y en verdaderos valores. No se les puede descartar injustamente. Sobre el drama vivido en la atención hospitalaria son iluminadoras las palabras de la Pontificia Academia para la Vida: «En este momento, después de haber hecho todo lo posible a nivel organizativo para evitar el racionamiento, se debe tener siempre presente que la decisión no puede basarse en una diferencia en el valor de la vida humana y la dignidad de cada persona, que siempre son iguales y valiosísimas. La decisión se refiere más bien a la utilización de los tratamientos de la mejor manera posible en función de las necesidades del paciente, es decir, de la gravedad de su enfermedad y de su necesidad de tratamiento, y a la evaluación de los beneficios clínicos que el tratamiento puede conseguir, en términos de pronóstico. La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así, se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles» (Pandemia y fraternidad universal, Nota del 30.3.2020).

Mientras rogamos por el eterno descanso de los difuntos, también debemos destacar la importancia de las personas mayores en el ámbito familiar y en la sociedad. Ellos son la sabiduría y la experiencia ante la vida, ejemplo y guía para los jóvenes y niños, ya que no son sólo destinatarios de la pastoral evangelizadora de la Iglesia, sino verdaderos actores que hacen mucho por la educación cristiana de los niños y los jóvenes en la fe.

+Joan-Enric Vives,

Arzobispo de Urgell

 

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).