Card. Stella: necesitamos parroquias capaces de salir y buscar a los lejanos

S.E. Card. Beniamino Stella (Vatican Media)
Según el Cardenal Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, la nueva Instrucción del dicasterio nace de la necesidad de orientar en sentido misionero la renovación ya en curso de las estructuras eclesiales. «Las parroquias no deben pensar sólo en protegerse a sí mismas, sino que deben ser capaces de mirar más allá de sus propias fronteras para proclamar el Evangelio».
Renovar las estructuras parroquiales redescubriendo la vocación misionera de cada bautizado y al mismo tiempo superando la idea de una pastoral parroquial limitada al territorio. Estos son los aspectos centrales de la Instrucción «La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia», redactada por la Congregación para el Clero y publicada el lunes 20 de julio. En el documento se subraya que hoy en día existe un riesgo real de que las parroquias sigan siendo estructuras organizativas burocráticas más cuidadosas de preservarse a sí mismas que de evangelizar, y se las invita a estar cada vez más proyectadas hacia las nuevas formas de pobreza. La Instrucción quiere en particular ponerse al servicio de algunas elecciones pastorales ya iniciadas y probadas, para contribuir a evaluarlas y orientarlas en un contexto más universal, como ha confirmado el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero.

R. – Por un lado, especialmente en el llamado mundo «occidental», hay escasez de sacerdotes, lo cual es ahora un aspecto objetivo. Pero también está el hecho de que los confines de las parroquias han cambiado: han «desaparecido» de alguna manera. Hoy en día hay otras necesidades: hay una movilidad más acentuada. Todo esto nos ha hecho comprender que tenemos que mirar más allá de la idea de la parroquia tradicional. Hoy en día la gente se desplaza, van a la iglesia del lugar donde están. Por lo tanto, muchos proyectos de reforma de las comunidades parroquiales y de reestructuración diocesana ya están en marcha. Es necesario, sin embargo, que la norma eclesiástica que debe regular estas reestructuraciones tenga en cuenta la esfera canónica de la Iglesia, que tiene ámbitos universales. Es necesario que estas reformas no sean dictadas sólo por el gusto – yo diría casi «por capricho» – de personas competentes y expertas. Es necesario que obedezcan a las nuevas exigencias, pero también que tengan en cuenta una perspectiva más amplia, que miren a la Iglesia en su universalidad.

P. – ¿Por qué la Iglesia siente esta necesidad de renovar las estructuras parroquiales en clave misionera?

R. – No estamos contratados por una empresa, sino que pertenecemos a una comunidad, a una familia. Esta fe nuestra, que significa adhesión, que significa encuentro, que significa adoración del rostro de Dios, debe llevarnos necesariamente a mirar más allá de nuestras necesidades personales y familiares, a sentir que nuestro campo de acción es la humanidad, pero una humanidad más amplia que nuestro el jardín de casa, que nuestras fronteras. Ser misioneros significa olvidar el pueblo, olvidar la familia, olvidar sobre todo las propias comodidades y, partiendo de la belleza de la fe y la alegría del Evangelio, sentir que pertenecemos al Señor y, por tanto, compartir nuestro tesoro con los que no lo tienen, con los que han perdido el sentido de su valor, con los que necesitan volver al encuentro del Señor, sentir su presencia en sus vidas.

P. – La Instrucción también pide que se supere la idea de una pastoral parroquial limitada, en el interior de su territorio, y espera una «pastoral de conjunto», caracterizada por un «dinamismo en salida». ¿Qué significa esto, en términos concretos?

R. – Significa que, si sentimos que nuestra fe es una fe a ser anunciada, a ser propuesta, no sólo están las rectorías, los muros de las iglesias, sino que están las personas que necesitan esta fe. La parroquia se ha sentido hasta ahora casi como un palacio, un castillo que se debe custodiar, proteger… Me parece que hay que quitar las llaves, abrir las puertas, ventilar el ambiente y salir: he aquí que este dinamismo en salida del que tantas veces habla el Papa significa mirar a lo lejos, ver quién necesita la fe: todo el mundo juvenil, todo el mundo de los que necesitan a Dios, pero no saben qué camino tomar. La parroquia debería ser una estructura en búsqueda. Sacerdotes, diáconos, consagrados, deben saber salir, estar fuera. El Papa habla a menudo de «estar con»: esto significa saber dedicar tiempo, descubrir las riquezas, a veces, de las personas, de las familias, simplemente viviendo juntos. Es un gran sacrificio porque todos amamos las costumbres, nuestro hábitat que nos hace pacíficos, serenos, cómodos. Pero esta no es la dinámica de la fe. También es necesaria la cooperación entre las parroquias, la coordinación de los horarios. Todo esto nos lleva a sentir la parroquia como una «vida de las comunidades», una «vida de la gran familia». Por eso el sacerdote debe ser el guía de esta procesión en salida: debe ayudar a sus colaboradores, ayudar a las familias a «estar afuera», a buscar a los que están lejos y esperar sólo un asentimiento, una palabra, una invitación a implicarse en este camino de fe que da también alegría, serenidad y a su vez proyección misionera.

(Fabio Colagrande – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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