A los confirmandos

Queridos adolescentes, jóvenes y adultos que os preparáis para recibir el sacramento de la confirmación: Todos los años, y durante el tiempo litúrgico de la Pascua, muchos de vosotros os preparáis para recibir el sacramento de la confirmación, culminando así vuestra iniciación cristiana. El término «confirmación» nos recuerda que este Sacramento aporta un crecimiento de la gracia bautismal: nos une más firmemente a Cristo; lleva a cumplimiento nuestro vínculo con la Iglesia;
nos da una especial fuerza del Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el nombre de Cristo y para no avergonzarnos nunca de su cruz (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1303).

Habéis asistido a las catequesis al menos durante los dos últimos años, y, junto con vuestros catequistas, os habéis formado y ejercitado en las virtudes, enriqueciendo vuestra vida de gracia con la participación en la Santa Misa y el Sacramento de la Reconciliación. Habéis aprendido muchas cosas de la vida de Jesús, de María y de los Santos; habéis estudiado las enseñanzas de la Iglesia recogidas en el catecismo, y también os habéis familiarizado con la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura. Ya estáis preparados para iniciar el camino del compromiso en la vida cristiana. Vuestros catequistas os han acompañado junto con vuestra comunidad parroquial, familiares y padrinos, ahora os toca poner en práctica todo lo que habéis aprendido y vivido. Ahora comenzáis a vivir realmente lo que ya sabéis; la confirmación comienza ahora, porque el Espíritu Santo que ha derramado en vuestros corazones sus siete dones, os concede la fuerza para ser testigos valientes del Señor en vuestros ambientes y en vuestras familias.

Se viven tiempos duros en la Iglesia diocesana, en el seno de vuestras familias y en la sociedad en general. Pero la pandemia no ha impedido que podáis profundizar en lo que significa el sacramento de la confirmación y estoy seguro que vuestras familias también os han ayudado en la tarea. Por ello, quiero agradecer el trabajo de los catequistas y el de vuestros padres y familiares que, durante estos meses, no os han dejado solos. Ahora se acerca el día de vuestra confirmación, de hecho ya he comenzado a administrar el sacramento. Sé que todos lo estáis preparando con ilusión y que saldrá muy bien, siendo un día inolvidable para todos. Yo también espero con ilusión ese día y deseo estar presente en vuestras comunidades presidiendo la celebración.

Os quiero recordar que, una vez que recibáis al Espíritu Santo, no ha terminado las catequesis, las reuniones de los grupos, la formación. Ahora es cuando más debemos estar comprometidos y seguir caminando junto con los demás compañeros y con todos aquellos que os han preparado. El sacramento de la confirmación no es el final del camino, sino una «meta volante» que nos empuja a seguir anunciando el Evangelio. La vida cristiana llevada con coherencia y compromiso, no puede vivirse aislados o dejándola para los domingos; si esto fuera así, pronto caería el entusiasmo con el que habéis recibido al Espíritu Santo, volviendo a una vida sin empuje evangélico. Ahora es más necesario que seais fieles y constantes en la oración, en el estudio de la Sagrada Escritura, en la participación frecuente de la eucaristía y de la penitencia, en el compromiso con las labores de
caridad y voluntariado. Es decir, a partir de ahora podéis mostrarle al mundo que sois jóvenes cristianos, alegres y comprometidos con Jesucristo.

Termino con unas palabras del Papa Francisco que os pido meditéis: «Cuando acogemos el Espíritu Santo en nuestro corazón y lo dejamos actuar, Cristo mismo se hace presente en nosotros y toma forma en nuestra vida, a través de nosotros, será Él, ¡Escuchad bien esto! A través de nosotros será el mismo Cristo quien rece, quien perdone, quien infunda esperanza y consuelo, quien sirva a los hermanos, quien se haga cercano a los necesitados y a los últimos, a crear comunión, a sembrar paz. Pero pensad que importante es esto, que por el Espíritu Santo viene el mismo Cristo para hacer todo esto en medio de nosotros y por nosotros» (catequesis del miércoles 29 de enero de 2014).

Ánimo, el Señor Resucitado está con vosotros y nunca os dejará solos.

+ FRANCISCO CERRO CHAVES
Arzobispo de Toledo
Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 167 Articles
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.