«Un encargo precioso»

La gran familia de la Iglesia ha hecho públicos sus números. Es un hecho que viene siendo habitual desde hace ocho años. Es un ejercicio de transparencia ante todas las personas que colaboran en el desarrollo de la misión de la Iglesia y ante todos los ciudadanos de nuestro país.

Es bueno saber y mostrar lo que uno hace con los recursos que recibe. Es necesario y saludable rendir cuentas de la labor realizada en cada ejercicio. Nos ayuda a todos. Os animo a acceder al resumen del informe elaborado por la consultora internacional PriceWaterhouseCoopers (PWC) que encontraréis publicado en el sitio web de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

La Iglesia ha recibido del mismo Jesucristo un encargo precioso. Somos portadores de una realidad que nos sobrepasa. Sí, en efecto, como dice san Pablo, portamos el misterio de Dios en vasijas de barro (cf. 2 Co 4, 7).

Ya sabemos que somos imperfectos, que fácilmente tropezamos con la misma piedra, que no siempre somos coherentes con el testimonio que hemos recibido de Jesucristo, pero, a pesar de ello, no perdemos la esperanza ni las ganas de seguir siendo frágiles instrumentos de Dios al servicio de la humanidad.

Hemos acogido con gran fe y amor la invitación de Jesucristo a anunciar la esperanza que mana del Evangelio, a ofrecer al mundo un camino exigente pero que es capaz de dar sentido pleno a la existencia de una persona. Dios nos ofrece acoger su amor, descubrir nuestra condición de hijos e hijas amados. Y, si somos hijos, entonces, cada uno de nosotros somos hermanos.

Por todo ello, los católicos somos llamados a ser transmisores de esperanza y generadores de cohesión social en el mundo y, de manera particular, en nuestro país, afligido por los efectos de una pandemia que está provocando una profunda crisis social y económica.

La gran familia que es la Iglesia, además de anunciar a Jesucristo e invitar al encuentro personal y comunitario con Él, realiza una gran labor social a pie de calle. En la última década, los centros socio-asistenciales gestionados por la Iglesia han aumentado un 71%. De hecho, según indica la Memoria anual de actividades de la CEE, en 2018 atendimos a 4,1 millones de personas en domicilios y hospitales. De modo que prácticamente un 10% de la población española recibió algún tipo de servicio de la Iglesia.

La educación realizada en instituciones de la Iglesia, por citar otro ejemplo, tiene un peso importante en la sociedad. Uno de cada cuatro alumnos va a un colegio concertado católico. Nuestra acción educativa ha colaborado con las arcas del Estado y ha generado un ahorro de más de 3.500 millones de euros a la administración pública.

Este es el gran reto que tenemos ante la crisis económica y social que se nos avecina: trabajar de manera coordinada, sumando recursos y evitando duplicidades entre la administración, el sector privado y las instituciones sociales y religiosas, entre las que se encuentra la Iglesia. Pidamos al Señor con insistencia que mueva nuestros corazones para que la meta del trabajo conjunto por el bien común sea eficaz y eficiente.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.