Una nueva ley de Educación

Queridos diocesanos:

Hace pocas semanas iniciaba su trámite parlamentario una nueva ley de educación. Otra más, dirán algunos. Y no les falta razón. En los últimos cuarenta años nuestra sociedad ha soportado el vaivénde siete leyes sobre este tema tan fundamental para el desarrollo de un país y para el futuro de sus gentes en general, sobre todo para niños y jóvenes. Y va la octava.

Quienes proponen las leyes aspiran siempre a concitar adhesiones. Suelen pedir también opiniones de los distintos sectores afectados por cada ley para que sus aportaciones puedan mejorar el texto inicial. En este caso concreto parece que algunas asociaciones de padres, grupos de profesores y federaciones de centros de enseñanza no han sido escuchadas. Las actuales autoridades ministeriales han tenido más prisa por el trámite que paciencia por el diálogo y la discusión razonada. Han mostrado poco interés en acercar posturas distantes. Es curioso cómo se busca el pacto escolar cuando no se gobierna y se olvida el discurso del consenso cuando se tiene el poder. Se duda de que los beneficios venideros lleguen a todos. Aunque es cierto que se utilizan contundentes y ampulosas palabras para definir un futuro universal envidiable. Más para tranquilizar los oídos de la misma cuerda ideológica recordando que conseguirán el objetivo propuesto a pesar del enojo del resto. Y así continúa dividida la sociedad en dos grandes grupos que caminan en líneas paralelas sin alcanzar puntos de contacto que favorezcan al conjunto de la misma.

Con este marco de referencia supongo que se nos permitirá opinar a quienes manifestamos serias discrepancias al respecto. Algunos grupos directamente interesados en la enseñanza lamentan el escaso eco que han tenido sus sugerencias. A pesar de todo no queremos ser reducidos al silencio.

En ese mismo sentido la Comisión Episcopal ha hecho pública una nota (17 de junio) en la que señala su responsabilidad para participar en el debate, su insistencia en la protección y la promoción del derecho a la educación y a la libertad de enseñanza, el derecho de los padres en la educación de sus hijos, el concepto de “demanda social” en todas las etapas, la formación integral del alumno incluida la dimensión moral y religiosa, el conocimiento y la comprensión de la propia realidad social con sus raíces cristianas y costumbres que marcan la identidad de nuestro pueblo, el respeto a las normas y disposiciones de los Convenios Internacionales sobre enseñanza y, por supuesto, de nuestra Constitución y los Acuerdos firmados entre el Estado y la Santa Sede. Pide, al final, un esfuerzo por el diálogo y la colaboración de unos y otros por el bien de todos.

Estoy plenamente de acuerdo con el contenido de dicha nota. La he resumido mucho pero se puede leer completa en la página web de la Conferencia Episcopal Española. Por otra parte y llevando el caso a nuestro ámbito cultural, tras escuchar a responsables de nuestras escuelas católicas y profesores de religión en la escuela pública, la preocupación es similar a la descrita para el resto del Estado: la poca atención, cuando no la discriminación, a los centros de iniciativa social por parte de la Administración educativa, el olvido de los padres en su responsabilidad, el escaso reconocimiento del profesorado que busca la innovación y la participación, la negligencia en el tratamiento de la educación integral del alumnado.

Hasta ahora hemos escuchado advertencias, silencios o amenazas. Es fundamental que nos pongamos a trabajar para conseguir un entendimiento que a todos beneficia. No queramos presumir de unas buenas escuelas sin contar con su larga experiencia y actual dedicación.

 

Con mi bendición y afecto.

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida.

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.