Mariano José de Ibargüengoitia y Zuloaga, Venerable Siervo de Dios

El Papa Francisco recibía el viernes 10 de julio al Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, autorizando al Dicasterio a promulgar los Decretos relativos a una nueva Beata y 4 nuevos Venerables Siervos de Dios. Entre estos últimos se encontraban los españoles María Félix Torres Mariano José de Ibargüengoitia y Zuloaga.

¿Quién fue Mariano José de Ibargüengoitia? 

Mariano José de Ibargüengoitia y Zuloaga nació en Bilbao (España) el día 8 de septiembre de 1815, siendo el menor de 11 hermanos, en el seno de una familia relacionada con el comercio marítimo de la Villa. Recibió una educación esmerada en un ambiente de profunda religiosidad. Tiene sólo dos años cuando fallece su padre y será su madre la que sostenga la unidad familiar. Cuando todo hacía presagiar que seguiría la tradición comercial que le ofrecía un futuro prometedor, él expresa su deseo de ser sacerdote: “El comercio que quiero entender es el de salvar mi alma”. La difícil situación política y social que vive el País hace que tenga que trasladarse a Roma para recibir la ordenación presbiteral, que fue el día 18 de abril de 1840 en la basílica de San Juan de Letrán.

A su vuelta a Bilbao ejerce el ministerio primero en la parroquia de San Antonio Abad y desde 1873 en la basílica de Santiago Apóstol (hoy Iglesia Catedral).

En 1860 es nombrado examinador sinodal y dos años después el Papa Pío IX le da el título de Misionero Apostólico y recorre la diócesis predicando misiones y ejercicios espirituales.

En 1857 había editado una obra en dos tomos titulada «Ejercicios Espirituales para Sacerdotes», según el método de San Ignacio de Loyola, obra recomendada por San Antonio María Claret, quien decía que «debiera estar en toda biblioteca sacerdotal». Buena prueba de su finura espiritual es igualmente su obra titulada «Método para facilitar la adquisición de las virtudes por medio del examen particular». Fue para sus hermanos en el presbiterado fiel amigo y prudente consejero, instruyéndoles en materias teológicas y cultivando las vocaciones al sacerdocio.

Don Mariano José hizo vida el Evangelio: centrado en Jesucristo y en la extensión del  Reino, anunciando la Palabra, cultivando la oración, meditando la Pasión y configurándose con el Crucificado, a través de la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía y Reconciliación, acudiendo con amor a la Virgen Madre, superando con fortaleza las adversidades y teniendo una vida sencilla y humilde, desplegó una intensísima actividad caritativa que producirá un resurgir espiritual en la Villa.

Como párroco fue pionero e incansable: promovió las primeras comuniones solemnes de niños, impulsó la práctica del «Mes de María» y el culto al Cristo de la Misericordia, introdujo en Bilbao la Archicofradía del Purísimo Corazón de María para la conversión de los pecadores, la Congregación de San Luis Gonzaga para la juventud, las Conferencias de San Vicente de Paúl en ayuda de los necesitados y las Madres Católicas de Santa Mónica.

Pastor según el Corazón de Cristo, D. Mariano José se dedicó a la atención solícita y cotidiana de sus feligreses, y tantos otros trabajos que lleva consigo el celo apostólico de las almas.

Su mirada de misericordia le descubre las necesidades más urgentes de una ciudad en el albor del desarrollo industrial y despegue económico, con toda su vitalidad, pero también con sus carencias: prostitución en las calles, jóvenes huérfanas sin atención, enfermos solos en sus casas, situación precaria de los obreros, pobres que necesitan lo más urgente para sobrevivir, encarcelados…

Será constante su empeño en promover la fundación de comunidades religiosas: en 1857 tramita la llegada a Bilbao de las Religiosas de Nuestra Señora del Refugio, para la atención a mujeres prostitutas, y dos años después de las Religiosas de la Cruz que se harán cargo de la instrucción de las jóvenes pobres. En 1871 promueve la fundación del colegio de las Carmelitas de la Caridad en Zumaya (Guipúzcoa), en 1878 llama a las mismas religiosas para abrir otra escuela en Deusto y en 1879 ayuda a los Pasionistas. Además, será visitador y confesor de varios monasterios de clausura.

A partir de 1871 colaboró decisivamente con Santa María Josefa del Corazón de Jesús (1842-1912) en la fundación de la Congregación de las Siervas de Jesús de la Caridad, siendo cofundador y director espiritual de la misma.

Llegó al final de sus días a una plenitud de vida en Cristo que hará exclamar a su Obispo: “Al lado del Cura de Santiago aprende el Obispo el menosprecio de las cosas de la tierra y toda clase de virtudes. Aunque sea ciego e inmóvil, pido a Dios que lo conserve en su silla, para modelo de los sacerdotes y cátedra de todas las virtudes”.

Murió el 31 de enero de 1888 en Bilbao, y los testimonios de quienes lo conocieron, como el sacerdote e insigne historiador D. Estanislao Jaime de Labayru, proclaman su fama de santidad: “Esforcémonos todos para que el honrado y apostólico nombre de D.  Mariano José de Ibargüengoitia no se eclipse nunca y que su memoria nos sirva a todos de estímulo y aliciente para ejercitar el bien”.

Las Siervas de Jesús de la Caridad, haciendo realidad el deseo expresado por la Santa Fundadora, Mª Josefa del Corazón de Jesús, promueven la causa de canonización de D. Mariano José de Ibargüengoitia, cuyo proceso diocesano se abrió en Bilbao el 27 de septiembre de 2003, clausurándose el 10 de julio de 2004 y que continúa su curso en Roma. El 10 de julio de 2020, el Santo Padre Francisco ha autorizado a la Congregación de las Causas de los Santos la promulgación del Decreto de sus Virtudes Heroicas.

De sus escritos…

«Bien puede suceder que un sacerdote no tenga los talentos necesarios para hablar en público, ni aún para hacer una breve exhortación en el secreto del confesonario o de una reunión particular, pero no hay sacerdote que en todo tiempo y en todo lugar no pueda estar con el incensario de la oración en la mano, no hay sacerdote que no pueda elevar su corazón hacia Dios para pedirle que haga descender sobre la tierra la lluvia benéfica de la gracia, para que pueda fructificar en todo género de obras buenas» (Ejercicios Espirituales para Sacerdotes).

«La Sierva de Jesús va a la cabecera del enfermo impulsada por la caridad, permanece allí por la caridad y su fin es la caridad… ¡contad los bienes que vuestra presencia puede producir en las casas a las que asistís!» (Directorio de Asistencias a los Enfermos de las Siervas de Jesús)

«Sin dejar de tener siempre presentes a la vista la hermosura y la fragancia de todas las flores de las virtudes, las vamos por este medio tomando una por una a la mano para participar más de cerca de sus benignas influencias. Unas veces nos ponemos delante la blanca pureza, otras la morada mortificación, otras la encendida caridad, y de este modo recorremos todas las demás sucesivamente, adelantando al mismo tiempo en todas; porque cuando tratamos de adquirir una sola, nos disponen para salir victoriosos en la adquisición de las otras» (El Examen Particular).

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 Oración

(Con autorización eclesiástica, para uso privado)

Señor Jesucristo,

que elegiste a tu sacerdote Mariano José

para testimoniar el Evangelio en el mundo

por medio de la vocación sacerdotal,

la vida consagrada, los pobres

y las personas abandonadas.

Te suplicamos, Señor,

que la vida evangélica de tu Siervo

sea pronto reconocida por la Iglesia

como camino de santidad para todos,

y nos concedas, por su intercesión

y confiados en tu misericordia,

el favor que pedimos.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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