La Stella maris en tiempo de crisis

En unos días celebramos la fiesta de la Virgen del Carmen. Su devoción está muy extendida en nuestra Diócesis, sobre todo en el litoral. La gente de la mar la honra como su Patrona. Ella es la Madre que nunca nos abandona y que nos protege siempre, también ante la pandemia. A ella le pedimos que sea la Estrella, que nos guie en este tiempo de crisis global y de desconcierto personal y social.

La devoción a la Virgen del Carmen surge en el monte Carmelo, donde el profeta Elías se refugió en la persecución y desde donde suplicó a Dios por el cese de una prolongada sequía, Este monte se convirtió así en signo de fidelidad al Dios único y en lugar de encuentro entre Dios y su pueblo. Más tarde, durante las cruzadas, los ermitaños se refugiaron en las grutas de ese monte y formaron la familia religiosa del Carmelo.

La tradición ve en María la nubecilla blanca divisada desde el monte Carmelo en tiempos de Elías. Mientras el profeta suplicaba a Dios por el fin de la sequía, enviaba una y otra vez a su criado a la cumbre del monte. La séptima vez dice el criado: «“Aparece una nubecilla como la palma de una mano que sube del mar”. En unos instantes los cielos se obscurecieron por las nubes y el viento, y sobrevino una gran lluvia”» (1 Re 18, 44). En esa nubecilla se reconoció más tarde la figura de la Virgen. Porque María por ser la Madre de Dios es la madre de todas las gracias y nos indica el camino en la vida. La Virgen es como una nube que nos da al Salvador. Jesús es el Camino y la Luz que nos guía en el mar, a veces tempestuoso, de la vida; Él es la Verdad que nos libera de la pandemia de la mentira; y Él es la Vida que nos alienta a cuidar la vida terrenal, como don de Dios, y nos ofrece su Vida, eterna y gloriosa, fundamento de nuestra esperanza.

María se convierte así en la “Stella maris”: la Estrella que guía el rumbo de  nuestra existencia por las difíciles aguas del mar de la vida. Los marineros de antaño leían la posición de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. La Virgen María es la estrella del mar nos guía hacia el puerto seguro que es Cristo. La Virgen del Carmen es, pues, camino privilegiado para nuestro encuentro con Cristo y también con el prójimo, para mostrarle nuestra caridad, solidaridad y generosidad. La Virgen no deja de decirnos: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5). El verdadero cristiano escucha a Jesús, se dejar transformar por Él y es testigo de la esperanza que no defrauda.

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.