«Cambio de planes»

Durante estos meses ha cobrado importancia lo que solemos denominar «cambio de planes». Desde el pasado mes de marzo, viene siendo frecuente modificar lo previsto —con la paradoja e incertidumbre que encierra— y lo seguirá siendo este verano. Aunque hemos recuperado las celebraciones comunitarias de la fe, algunas costumbres y ciertos acontecimientos relevantes que pospusimos, no realizaremos todos los habituales encuentros infantiles y juveniles, de formación y convivencia, ni todas las procesiones, romerías y fiestas. Los eventos aplazados o cancelados suponen una perspectiva de cambio. Si antes de la emergencia sanitaria ya hablábamos de cambio, ahora más. Cambio de época, cambio de estrategias, cambio de rutinas, cambio de normalidad, cambio de planes… Estos cambios suscitan expectativas de novedad, siendo la “nueva normalidad” la más recurrente en este tiempo. Ante tantos desafíos de cambio, junto a los más altos propósitos viene a la memoria el refrán “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, porque en estas circunstancias nos puede aquejar el inmovilismo, el conformismo, el pesimismo o el miedo, poniendo limitaciones al cambio y haciéndonos repetir lo mismo de siempre, aunque no obtengamos buenos resultados. Sin embargo, en este momento histórico, hemos de descubrir la bondad y grandeza de lo nuevo, bien reflexionado y planificado, especialmente quienes creemos que Dios hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5). Convencidos de que es mejor lo bueno que lo malo, superaremos la tentación de «dejar las cosas como están» (cf. EG 25) o el cómodo criterio del «siempre se ha hecho así» (cf. EG 33). Seguros de las ventajas del cambio, adoptaremos decisiones valientes para mejorar, abriremos vías de solución para los problemas que hemos detectado hace tiempo, evitaremos el derrotismo y combatiremos la desesperanza. Una pandemia que ha paralizado lo externo nos moviliza interiormente para que cambiemos dentro y fuera. Sin dejar de pensar, ni por un instante, en el drama que sufren tantas personas a causa del Covid-19 y sus consecuencias, debemos aprovechar este fuerte envite para el cambio. Ojalá tantas lágrimas derramadas sean enjugadas con esas conversiones que hemos de realizar, en el interior del corazón y externamente, para conquistar las novedades que nos permitan vivir a todos con más dignidad, justicia, fraternidad, igualdad, solidaridad, amor, libertad y esperanza, es decir, acercándonos un poco más al Reino de Dios. Para lograrlo este verano, acojamos los «cambios» que vienen, de modo que su impulso nos lleve más lejos de lo que hayamos podido imaginar, con sueños de unos y profecías de otros. Deseo a todos, además de un buen verano con salud y sin demasiadas dificultades, un verdadero, profundo y esperanzado «cambio de planes».

✠ Luis Ángel de las Heras, cmf

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal
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Nació en Segovia el 14 de junio de 1963. A los 14 años ingresó en el seminario menor de los claretianos de Segovia. En 1981 comenzó el año de noviciado en Los Negrales (Madrid), donde hizo su primera profesión el 8 de septiembre de 1982. Este mismo año inició los estudios filosófico-teológicos en el Estudio Teológico Claretiano de Colmenar Viejo, en Madrid, (afiliado a la Universidad Pontificia Comillas). Emitió la profesión perpetua el 26 de abril de 1986, año en que concluye la Licenciatura en Estudios Eclesiásticos. Al concluir la formación inicial, fue destinado al Equipo de Pastoral Juvenil de la provincia claretiana de Castilla, a la vez que cursó estudios de Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Pontificia Comillas. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de octubre de 1988. Inició su ministerio sacerdotal, en 1989, en las parroquias que los claretianos tienen encomendadas en el barrio madrileño de Puente de Vallecas (Santo Ángel de la Guarda y Nuestra Señora de la Aurora). Un año más tarde, en 1990, con otros claretianos y algunos laicos de la Parroquia, fundó la Asociación “Proyecto Aurora” (dedicada a la atención y acogida de drogodependientes en coordinación con “Proyecto Hombre”) y la dirigió durante seis años. Participó también durante 9 años en la animación de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) de la antigua provincia claretiana de Castilla. En septiembre de 1995 es nombrado auxiliar del prefecto de Estudiantes en el Seminario de Colmenar Viejo. Después fue formador de postulantes, superior y maestro de novicios en Los Negrales (Madrid). En Colmenar Viejo ejerce también como consultor, vicario provincial y prefecto de los seminaristas Mayores. En la Confederación Claretiana de Aragón, Castilla y León fue delegado de formación del Superior de la Confederación, de 2004 a 2007. Este último año fue elegido prefecto de Espiritualidad y Formación de la Provincia claretiana de Santiago. Durante el sexenio 2007-2012 fue también vicario provincial y prefecto de Estudiantes y Postulantes en Colmenar Viejo, así como profesor en el Instituto Teológico de Vida Religiosa y en la Escuela Regina Apostolorum de Madrid. El 31 de diciembre 2012 fue elegido Superior Provincial de los Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago. El 13 de noviembre de 2013 presidente de CONFER. El 16 de marzo de 2016 se hace público su nombramiento como obispo de Mondoñedo-Ferrol y toma posesión de la diócesis el día 7 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es actualmente miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, Comisión a la que se incorporó en la Plenaria de noviembre de 2016.