Un funeral agradecido

El grado de civilización de una sociedad frente a la barbarie se mide en cómo cuida y acompaña a sus moribundos y con que dignidad da sepultura a sus seres queridos. Si repasamos la historia de la antropología, veremos el decoro y la seriedad de los ritos funerarios que revelan el deber sagrado de enterrar a los muertos.

En pleno siglo XXI todo esto se ha visto vetado por la rigurosa normativa para hacer frente al inesperado Covid-19 y por la compleja e improvisada gestión que va: de no saber cuál es realmente el número de defunciones, hasta las situaciones de dramática soledad en las que han muerto muchas de las victimas del coronavirus. Aunque no han faltado los héroes de primera línea de esta pandemia, como son nuestros sanitarios y militares que, en la medida de sus posibilidades, han dignificado los últimos momentos de esa generación que tanto luchó por este país y que ahora se nos ha ido en el silencio más absoluto.

También es verdad que la sociedad española ha reclamado con insistencia a los poderes públicos, desde los primeros instantes, un homenaje a las víctimas y su merecido sufragio público, ya que las plegarias personales no les han faltado en todo el tiempo de confinamiento y en la desescalada. Ahora es el momento en que la Conferencia Episcopal, recogiendo el sentir de la Iglesia que camina en España y los deseos de hombres y mujeres de buena voluntad, ha organizado un solemne funeral por el eterno descanso de todos los difuntos de esta pandemia, por el consuelo de sus familiares y la pronta recuperación de los contagiados.

La actualidad cultural y social de occidente y de la misma España están marcadas por el nihilismo de la posmodernidad, para quién la muerte es un tabú y, engañándose a sí mismo, olvida que nacer es comenzar a morir, sintiendo el final de la existencia humana como el gran chasco de la vida. En cambio, el cristianismo pone en evidencia un programa de vida y verdad, no de vaciedad y de ocultación del tránsito de la condición terrena. De ahí que la fe en Cristo muerto y resucitado, “Dios de vivos y muertos”, experimenta, afirma y celebra de que el hombre ha sido creado no para la nada, sino para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre y que “es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad y que este ser mortal se revista de inmortalidad” (1Cor 15,33).

La Liturgia cristiana no es excluyente y convoca a todos, a nadie obliga y sabe acoger a los que están en plena comunión y a aquellos que un día se fueron, pero que siempre tienen las puertas abiertas. Ruega a Dios por: los vivos y muertos, el fin de esta tragedia y las víctimas colaterales que se han quedado en el paro y en la pobreza. Por este espíritu universal e integrador de lo cristiano, el funeral en la Almudena no menoscaba la sana laicidad, ni afecta a los reconocimientos civiles e institucionales que los poderes públicos puedan organizar. Es más, lo que se trata no es de confundir, ni enfrentar credos e ideologías, sino de sumar entre todos y hacer ese gran reconocimiento histórico de las victimas de esta maldita plaga que a los inicios del tercer milenio ha puesto en jaque a toda la humanidad.

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

 

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".