La dinámica de la vida: un salto al vacío que es un abandonarse en brazos de otro

“Somos testigos de la incapacidad política ante este desafío de la realidad, y la sospecha y desconfianza -que ya convivían con nosotros- se imponen como forma de afrontar la vida. Pero bajo la costra de esta posición, surge invencible el deseo de poder confiar, de poder descansar en relaciones verdaderas y estables que nos ayuden a entrar con decisión en las circunstancias”.

Como ya avanzamos, en la edición de Encuentromadrid 2020 queremos responder a la pregunta: ¿En quién podemos confiar? También a través del cartel, que ha diseñado Luis Ruiz del Árbol. Él mismo nos explica, a través de su dibujo, por qué es tan importante buscar respuesta.

¿Por qué has elegido esta imagen?

El cartel refleja ese momento dramático en el que uno de los funambulistas tiene que dejar su tabla de salvación, el punto de apoyo que impide que pueda caer al vacío. Hay un momento en el que tiene que soltarse y durante una décima de segundo tiene que confiar en que el otro le pueda agarrar. Es un gesto de ese momento en el que la libertad tiene que dar un pequeño salto de fiarse del otro y abandonar su propia seguridad arriesgándolo todo. Sin ese gesto de libertad, sin ese gesto dramático, porque es un gesto dramático, porque puede salir bien o puede salir mal, no está garantizado el resultado. Sin ese gesto, sin ese fiarse, no se puede producir ese encuentro con el otro que completa lo que es la figura del espectáculo.

Ese “otro” también es protagonista…

Solo puedes cumplir tu destino a través del encuentro con el otro. En un momento determinado sueltas amarras y pegas un salto que no es un salto irracional, es un salto que parte de la base de que confías en que el otro no se va a apartar o va a llegar a tiempo, o va a tener la suficiente destreza para cogerte.

Hay un punto ahí, que es justo el momento que he querido reflejar en ese dibujo, que es esa décima de segundo en la que se juega todo. Es muy dramático porque no he mostrado si sale bien o sale mal. Pero ese salto al vacío rompe la distancia y permite poder entrar en contacto con la otra persona. Me gusta mucho la figura de los funambulistas porque es una dinámica de trabajo en la cual la plasticidad y la belleza de los conjuntos que forman siempre dependen de que hay uno que tiene que abandonar su posición y abandonarse en brazos del otro. Esa dinámica refleja muy bien lo que es la vida personal en su faceta más íntima y también en la faceta más social o comunitaria.

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Vuelve a vivir EncuentroMadrid

EncuentroMadrid 2020 va a ser una edición diferente.Las circunstancias nos obligan a apostar por una edición principalmente digital. Este octubre no nos juntaremos en la Casa de Campo, no podremos ver físicamente a los ponentes, no podremos llevar a los niños a la zona infantil, ni compartir una comida en el bar. Pero aunque de otra forma, EncuentroMadrid va a seguir siendo ese lugar de encuentro en el que podamos hablar de belleza, de libertad, de política, de cultura… en definitiva, de todo lo que afecta a la persona. Y como todos los años, el alma de EncuentroMadrid son y seguirán siendo sus voluntarios. Esta fue su experiencia el año pasado.

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¿En quién confía el Colegio Internacional J.H. Newman?

Ante la pregunta recurrente de personas, familias… inquietas por todo lo que está sucediendo y cómo va a afectar en el ámbito educativo, la incertidumbre respecto a la política, la economía…, ¿de dónde surge nuestra confianza? Y sobre todo, ¿qué novedad ofrecemos colegios como el JH Newman o el Nicoli de Madrid? nosotros afirmamos que el camino es sencillo. Se trata de seguir el presentimiento de lo verdadero.

Al igual que un niño que entra sin miedo en un lugar desconocido porque está acompañado y seguro de la mano de su madre o de su padre, exactamente del mismo modo cada uno de nosotros podemos atravesar el misterio de la vida si tenemos un punto firme que nos ayude a hacerlo.

La cuestión más decisiva de la educación no es lo que tenemos que hacer o cómo debemos organizarnos; sino qué tenemos que ofrecer para la travesía.  Y este punto tan esencial obliga, lo primero de todo,  a responder el porqué de lo que  hacemos y de lo que emprendemos. Si no sabes el por qué no podrás ofrecer más que unas instrucciones de uso, pero nunca una razón para vivir, para construir.

La propia vida, su experiencia, mostrarán la razonabilidad de confiar en algo (alguien) que demuestra su pertinencia a las exigencias que reconocemos en nuestra persona.

En un momento así estamos llamados a vivir una unidad, como sociedad, en nuestras familias, y en nuestras comunidades. Una unidad que nos permita, mirar juntos la circunstancia que nos toca vivir. La educación es interesante, si nos ayuda a afrontar la realidad. Por eso, el mayor enemigo en este momento es la pérdida del gusto por vivir. Sin embargo, el gusto por vivir existe y se despierta cuando somos llamados por alguien que nos quiere, nos reconoce y además, nos remite y nos lleva a algo más grande. Alguien que tiene algo que ofrecernos.

Podemos sacar lo mejor de nosotros solo cuando sucede esto. Para ello hace falta compañía en el camino; compañeros que estén con nosotros y con quien contar. Una compañía que nos empuje a conocer y nos remita a ese horizonte último mientras recorremos la aventura de vivir.

Por tanto, una certeza que nos ayude a caminar y una compañía que lo facilite y sostenga. Porque si bien es cierto que en el mundo reina el espectáculo del límite, de la traición, al mismo tiempo por la compañía humana de relaciones que tenemos y por la fe que hemos encontrado, como decía D. Giussani también hay un espectáculo de “confianza inagotable en la gracia que se nos da y renueva cada mañana. De aquí procede ese atrevimiento ingenuo que nos caracteriza, que hace que concibamos cada jornada de nuestra vida como un ofrecimiento a Dios, para que la Iglesia exista en nuestros cuerpos y en nuestras almas a través de la materialidad de nuestra existencia”.

(EncuentroMadrid)

 

Agencia SIC
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