“La alegría del amor conyugal es la alegría de la Iglesia”

Queridos novios y esposos: Vuestra alegría es la alegría de toda la Iglesia. Así nos dice el Papa Francisco al comienzo de la bella exhortación Amoris Laetitia y yo también me uno a esta alegría. En efecto, el amor matrimonial es icono del amor de Dios a su pueblo y modelo del amor humano (AL n. 70); además, la familia que fundáis con vuestro compromiso matrimonial es imagen y semejanza de la Santísima Trinidad, fuente del amor verdadero (cfr. AL n. 71). Por lo tanto, la alegría del Señor revierte
y desborda en el seno de vuestro matrimonio, haciéndolo fecundo y evangelizador.

Ahora bien, estas ideas nos sitúan ante lo que supone prepararse para el sacramento del Matrimonio, que es una vocación a la santidad. Como también dice el Papa, el matrimonio no es una institución que pretende cubrir nuestras necesidades afectivas, sino una realidad muy grande que trae a la tierra, de manera real y palpable, el amor de Dios; es una vocación, no una opción entre otras muchas. Esto exige una preparación intensa, sincera, generosa y honesta. Un matrimonio cristiano no puede alcanzar su plenitud si todo se deja a la inercia, sin prepararse humana y cristianamente, como desgraciadamente ocurre en muchos casos. La Iglesia, movida por un deseo sincero de que los cónyuges y la futura familia encuentren una felicidad auténtica y permanente, quiere ayudar a los novios a descubrir la grandeza del matrimonio. La realidad tristemente nos pone delante la crudeza del sufrimiento que muchas veces experimentan los jóvenes que han llegado a la boda sin apenas
profundizar en el paso que van a dar. Las consecuencias que trae este error son muy dolorosas y dejan heridas difíciles de curar. Ahí quiere estar la Iglesia; ella quiere ofrecer el apoyo y la gracia que el Señor promete derramar en el corazón de aquellos que responden a esta vocación matrimonial.

Hace unos días he aprobado la iniciativa de la Delegación diocesana de Familia y Vida para realizar el curso prematrimonial on line, por la necesidad que habéis manifestado algunos novios que vais a contraer matrimonio en el último cuatrimestre del año y que no habéis podido realizar los cursos prematrimoniales en vuestras parroquias, porque se han suspendido debido a la pandemia. Ante esa necesidad se lanza esta iniciativa que solo pretende ser una ayuda para vosotros y vuestras parroquias.
Es mejor realizar el curso prematrimonial de manera presencial y así os lo recomiendo, pero para los casos en los que no sea posible, se os ofrece esta alternativa.

Ahora me dirijo a los jóvenes esposos: al tiempo que os aseguro mi oración, quiero animaros y deseo estar a vuestro lado en esta nueva etapa de vuestra vida. La ilusión y la esperanza que habéis puesto al celebrar la boda tiene la fuerza de la gracia del sacramento; ahí es donde una y muchas veces debéis volver. No olvidéis que la boda fue un día del calendario, pero «casarse» hay que hacerlo todos los días…

Todos los días tendréis que renovar vuestra alianza sacramental y para ello contáis con las ayudas espirituales que la Iglesia os ofrece; así, vuestra familia –Iglesia doméstica– se edificará con la caridad conyugal de vuestro vínculo sacramental. Estas son gracias del Señor tan grandes y vitales para vosotros que nunca podéis olvidar o perder; por esto son muy importantes los primeros años de vida matrimonial, que os harán cimentar vuestra vida familiar en los sólidos fundamentos de la fe, la
esperanza y la caridad. Para esta primera etapa del matrimonio os recomiendo el Proyecto Family Rock que tanta aceptación está teniendo y que merece la pena que conozcáis.

En estos meses he podido comprobar que nuestra Archidiócesis tiene un largo camino recorrido en la pastoral familiar cuyos frutos son verificables y meritorios. Las abundantes ofertas que la Delegación diocesana para la Familia y la Vida lleva a cabo son instrumentos inigualables que os pueden ayudar en vuestro camino conyugal y familiar. No lo desaprovechéis; pedid ayuda, dejaos acompañar, no os sintáis solos, especialmente cuando el horizonte barrunta tormenta; no dejéis que los problemas y las crisis se enquisten; tenéis a la Iglesia diocesana a vuestra entera disposición ¡Ánimo y adelante! A todos
vosotros, novios y esposos, os envío mi saludo cordial y mi bendición.

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo y Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.