Un plan para resucitar

Hay unas palabras de San Pablo en su carta a los Filipenses que me gusta recordar ahora, cuando nos vamos abriendo cautelosamente a una nueva etapa después de lo anteriormente vivido; dice San Pablo: «Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome a lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús» (Flp 3,13-14). A lo largo de estos meses hemos venido reflexionando mucho sobre lo que nos ha acontecido y lo que hemos experimentado personal y comunitariamente. A través de mis mensajes, también he querido animaros a que nos apoyáramos mutuamente y a vivir la situación como un tiempo de gracia, que nos permitiera abrirnos al plan de Dios que siempre es misericordioso.

Hoy, siguiendo con la mirada hacia adelante como os decía el domingo pasado, me gustaría soñar el futuro y avivar en vosotros la necesaria esperanza que nace de la fe y que hoy es tan urgente. En alguna ocasión os he manifestado mi certeza de que la experiencia vivida nos debe llevar a construir un mundo distinto, porque el mañana no puede ni debe ser como el ayer. Sin duda hay un antes y un después de lo vivido, o tendría que haberlo necesariamente, si es que hemos aprendido algo de este acontecimiento de muerte y de vida. Así confluyen las valoraciones y reflexiones que nos invitan a consolidar las actitudes mejores nacidas durante la pandemia. Y así lo hace también el Papa que nos ofreció su propia reflexión en torno a la Pascua con el título: «Un plan para resucitar», como un aliento de esperanza y de alegría pascual para animar la vida en tiempos de la pandemia. Solo así podremos afirmar que el dolor de lo vivido no ha sido en vano y que las crisis son el comienzo de un nuevo nacimiento. Dejar, como decía Pablo, lo que queda atrás… y correr hacia adelante, hacia la meta que deseamos.

Me viene al pensamiento la pregunta que el Papa Francisco plantea en su Encíclica Laudato Sí, de la que estamos celebrando su quinto aniversario, y cuyas enseñanzas están hoy más vivas que nunca: «¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (LS 160). Cuando nos interrogamos por el mundo que queremos dejar, entendemos sobre todo su orientación general, su sentido, sus valores. En efecto, la pandemia es un momento oportuno para que seamos capaces de reflexionar particular y conjuntamente sobre esta gran cuestión. Preguntarnos sobre qué tipo de mundo queremos es descubrir la insatisfacción por el mundo en el que vivimos y afrontar juntos esas otras epidemias silenciosas que también nos asolan. Así nos vuelve a preguntar el Papa: «¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?» (Cfr. «Un plan para resucitar»).

La Encíclica Laudato Sí puede ser una excelente guía moral y espiritual para la concreción de esta nueva sociedad que buscamos y por la que luchamos: un mundo más solidario, fraterno, pacífico y sostenible. Porque si algo nos ha demostrado la crisis que hemos vivido es que todos estamos conectados, que somos interdependientes. Y eso requiere de respuestas integrales tal y como se nos recordaba en la Encíclica. La «ecología integral», como propuesta de camino, tiene en cuenta los distintos aspectos ambientales, humanos, económicos y sociales; es esa visión completa que hoy necesitamos para esta casa común en la que vivimos. En concreto, esa pluralidad de elementos que componen nuestro mundo y que ninguno ha de descuidarse: una buena política que haga converger las diferentes sensibilidades en torno al bien común; una economía humana que solucione las auténticas necesidades de las personas; una cultura que contribuya al auténtico desarrollo; unos estilos de vida sencilla y solidaria que tengan en cuenta la justicia intergeneracional; una espiritualidad y una educación que sostengan este compromiso transformador…

Releer esta Encíclica nos puede ayudar a cambiar, y a que algo cambie en el mundo, en esta nueva etapa a la que nos enfrentamos; sin duda es un hermoso «plan para resucitar». «Dios, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante… Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea» (LS, 245).

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.