«El Plan Pastoral en tiempo de confinamiento»

El tiempo de «confinamiento» ¿acaso ha sido un momento de «hibernación» de nuestro Plan Pastoral Diocesano? ¿Lo hemos metido en el «congelador»? La pregunta es más que razonable cuando el Plan se titula ¡Salgamos! Tal vez ha parecido que lo hemos guardado en un cajón una temporadita y ahora, cuando progresivamente vamos saliendo del confinamiento, lo retomamos.

La pandemia del coronavirus no ha sido un paréntesis en nuestra vida. Ciertamente, el tiempo de confinamiento ha sido un tiempo muy duro en muchos sentidos y la crisis económica y social que ha provocado es muy grave. Sin embargo, tengamos en cuenta que el Señor se ha encarnado en toda nuestra historia y siempre está presente. Y, precisamente, en este tiempo de confinamiento hemos celebrado la cincuentena pascual. Cristo Resucitado nos da una vida nueva en plenitud que nada ni nadie nos puede secuestrar ni confinar.

Sin duda, durante los días confinados en casa se han paralizado algunas de nuestras actividades pastorales habituales, pero el Señor no ha estado ausente. Por ello, permitidme que os sugiera una pregunta: ¿qué significa en tiempo de pandemia ser Iglesia en salida? ¿Cómo afecta la pandemia a nuestro Plan Pastoral? ¿Volveremos a la «normalidad pastoral» de siempre?

Si nuestra mirada no se queda en un nivel superficial, nos daremos cuenta de que precisamente estos días hemos vivido experiencias de Iglesia en salida a pesar de la Covid-19, algunas de ellas inimaginables hace meses.

Como Iglesia en Barcelona, muchos hemos «salido»:

  • En el compromiso y esfuerzo de tantos cristianos profesionales de la salud y servidores públicos que han manifestado de manera coherente y profunda su compromiso por los demás.
  • A través de una renovada preocupación e interés por los enfermos y por los ancianos.
  • Manteniendo las puertas abiertas de nuestras Cáritas parroquiales para acoger y ayudar a los más vulnerables, con un cuidado especial por las familias con problemas vinculados a la vivienda y a la alimentación. Y como muchos voluntarios eran personas de riesgo, muchos jóvenes se han ofrecido para ayudar.
  • Saliendo al balcón para vivir la solidaridad y el agradecimiento.
  • A través de las redes sociales (que han dejado de ser instrumentos de los especialistas y de los jóvenes) hemos vivido pluralidad de experiencias comunitarias, de Iglesia universal e incluso de comunicación íntima.
  • Haciendo experiencia de una renovada vivencia de la «comunión eucarística espiritual».
  • Valorando mucho más a los profesionales de los trabajos esenciales y a algunos de nuestros vecinos que se han ofrecido para ayudar a los más necesitados.

Es evidente que esta realidad nos ha hecho salir de nuestras propias seguridades y prioridades. Muchos me habéis comentado que habéis echado en falta comulgar el Cuerpo de Cristo presente en la Eucaristía. Los pastores también hemos echado de menos poder celebrar con la presencia del Pueblo de Dios. Hemos experimentado la fraternidad desde la distancia, que hemos vivido acompañándonos, interesándonos los unos por los otros, llamándonos, solucionando dificultades, apoyándonos…

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de confinamiento hemos entrado más en la comunidad-fraternidad y eso ha supuesto un salir de nosotros mismos. En definitiva, todo esto nos dice claramente que el Plan Pastoral no ha quedado «fuera de juego» en tiempo de pandemia, sino todo lo contrario, hemos estado saliendo como nos pide el Plan Pastoral.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.