«Por el amor de Dios»

Mañana lunes, celebramos la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo. El Evangelio recoge que, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro dio una respuesta contundente y clara: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Entonces Jesús replicó: «Ahora yo te digo: “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”» (Mt 16,15-18). Y así fue. En aquel preciso instante, el Hijo de Dios en la tierra estableció los pilares de la Iglesia, la institución nacida del amor de Dios a los hombres y sacramento de salvación.

El Señor llama a Pedro, a Pablo y a los futuros ministros ordenados para enviarlos a llevar la Buena Noticia de su amor y para rehacer la relación de confianza de los hombres y las mujeres con Dios. Con otras palabras, también nos lo dice el papa Francisco: «La Iglesia necesita sacerdotes capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sabiduría; de encender la esperanza allí donde las cenizas han cubierto las brasas de la vida, y de generar la fe en los desiertos de la historia» (7 de octubre de 2017, Congreso sobre la Ratio Fundamentalis).

Hoy también hay personas que escuchan la llamada de Jesucristo a ser sacerdotes y dejan todo lo que tienen, como lo hicieron los Apóstoles. Este domingo, a las seis de la tarde, la basílica de la Sagrada Familia acogerá la ordenación sacerdotal* de cinco nuevos sacerdotes: Mn. Jordi Avilés Zapater, Mn. Jordi Domènec Llauradó, Mn. Vicenç Martí Fraga, Mn. Diego Pino Solà y Mn. Joan Mundet Tarragó. Estos futuros sacerdotes son jóvenes, unos más que otros, estudiantes y profesionales con perfiles muy distintos. Tenemos un doctor en filología clásica, un ingeniero industrial, un licenciado en derecho y con estudios de ciencias empresariales, un técnico en electrotecnia e, incluso, un mago. Se han dedicado a profesiones muy diferentes, pero todos tienen en común su gran amor al Señor, y ahora le quieren dedicar su vida.

El amor del sacerdote es un amor fecundo, de todos y para todos, ya que no se limita a una familia de sangre, sino que se entrega a la numerosísima familia de los hijos e hijas de Dios. El sacerdote es llamado a ser signo y vínculo de unidad en el seno de la comunidad cristiana, donde hace resonar la voz del Evangelio y la hace progresar con la gracia de los diferentes sacramentos. Es padre de todos, especialmente de los pequeños, de los pobres y de los marginados. La misión de los sacerdotes es signo de esperanza para los hombres y las mujeres de nuestro mundo, aunque en muchas ocasiones sea una voz que clama en el desierto.

Queridos hermanos y hermanas, esta tarde, unidos a toda la Iglesia, os animo a compartir la alegría de esta celebración eucarística en la cual cinco hombres recibirán el sacramento del sacerdocio. Damos gracias a Dios por estas vocaciones, rezamos por todos ellos, y pedimos a Dios con insistencia que todos los que reciben o recibirán esta invitación del Señor, respondan afirmativamente. Y mañana no dejemos de rezar por el Papa, el sucesor de Pedro. Siempre dice y repite: «no dejen de rezar por mí». En esta fiesta de san Pedro, rezamos especialmente por el papa Francisco.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 333 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.