“La Ley Celaá nace impuesta y sin consenso”

La primera tuvo lugar el 4 de mayo, la segunda, el 20 del mismo mes y la última, el pasado jueves 18 de junio. Han sido tres las “quedadas tuiteras” que organizaron alrededor de cincuenta delegaciones diocesanas de enseñanza de toda España, junto con asociaciones de padres y de profesores para solicitar al gobierno que replantease la LOMLOE, o “Ley Celaá”, cuya tramitación se puso en marcha en pleno estado de alarma en el país. Con los hashtag “#ReliEsMás”, o “#StopLeyCelaa”, se pretendía movilizar a la sociedad y concienciar sobre la importancia de conseguir una ley consensuada, que respondiera ante un modelo educativo en el que “todos tengan lugar”, porque “la escuela es plural”, recordaban.

En la misma línea se manifestaron los obispos de la Conferencia Episcopal Española, desde la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, en una nota publicada el pasado 17 de junio. “El Proyecto de Ley de Educación que ha sido publicado en circunstancias tan extraordinarias como las de un estado de alarma –recordaban en su nota los obispos– afecta sin duda a toda la sociedad, verdadera protagonista de la educación, de la que formamos parte como Iglesia católica. Por ello, consideramos responsabilidad nuestra participar en el debate público en orden a su tramitación”. En sus líneas los obispos recordaban que “tras examinar con atención el Proyecto de Ley, nos parece tener que insistir en la necesidad de proteger y promover el derecho a la educación y la libertad de enseñanza, tal como se explicitan en la Constitución y en su interpretación jurisprudencial”

Miguel Ángel Solís, Delegado Episcopal de Enseñanza, reconoce que se trata de una ley “que nace sin consenso, sin diálogo, que se impone y que merma los derechos y libertades de las familias y de los alumnos”. “Al querer eliminar la demanda social –explica– elimina el derecho a decidir que tienen las familias sobre cómo quieren que sus hijos reciban la educación, y además marginan la asignatura de Religión hasta límites insospechados reduciéndola a mínimos, quitando la asignatura espejo y su evaluabilidad”.

Para el Delegado episcopal de Enseñanza, el Proyecto de Ley ignora el hecho de que la asignatura de Religión sea una asignatura considerada como “fundamental”, sin tener en cuenta “lo que dice la Constitución y lo que ha ido confirmando la jurisprudencia que existe al respecto”, que es “mucha, tanto desde el Tribunal Supremo como del Constitucional”.

Y entre otras cosas, a nadie se le escapa la “prisa” que parece tener el ejecutivo en sacar adelante una ley en un momento de crisis sanitaria tan crucial para el país. “No es el momento ni son las formas”, afirma Miguel Ángel Solís. “Las prioridades –insiste– son otras ahora mismo, como por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la salud de las personas.  Vivimos en una incertidumbre muy grande, porque ni siquiera sabemos cómo va a ser el comienzo del curso que viene, y sin embargo, nos atrevemos a sacar adelante una nueva ley que no tiene en cuenta este nuevo paradigma educativo que se abre tras esta crisis sanitaria del Covid-19. Esta ley se empezó a tramitar en el curso pasado, y no tiene nada de esto en cuenta.

¿Por qué tanta prisa? ¿Por qué, en medio de toda esta situación? Para mí solo hay una respuesta, y es que se impone el criterio político y la ideología partidista para imponer una ley que nace sin consenso, sin diálogo y sin tener en cuenta a la comunidad educativa”, reconoce.

Y no solo eso. Arrinconar la asignatura de Religión supone también ignorar la voluntad de los más de 3.300.000 alumnos españoles que cada año eligen la asignatura. “Estamos hablando de más del 63% de alumnos a nivel nacional, y en Asturias, concretamente, más del 67%”. “Podemos decir que 3 de cada 4 familias escogen la asignatura en España, y el gobierno hace oídos sordos ante esta evidencia”, explica el Delegado de Enseñanza de la diócesis, que además denuncia que desde el gobierno se tergiverse la realidad, recordando que hablan de una asignatura “obligatoria”, cuando no es así: “es obligatoria su oferta, pero no su elección. La Constitución dice que los padres tienen derecho a elegir entre una formación u otra. Y la jurisprudencia lo ha reafirmado con toda claridad”.

Por todo ello, y debido a las circunstancias excepcionales por las que ha pasado el país desde mediados de marzo, las delegaciones de enseñanza de las diócesis españolas optaron por hacerse oír desde las Redes Sociales, una plataforma al alcance de todo el mundo desde sus casas. En ese momento nacieron las “quedadas tuiteras”, una iniciativa que logró ser trending topic en las tres ocasiones, las dos primeras con más de 100.000 impactos, y buscando, no sólo denunciar un proyecto de ley injusto, sino resaltar y poner en valor la aportación de la asignatura de Religión a los alumnos que deciden cursarla.

Por el momento, en Asturias, el curso que viene, será similar al que acaba de finalizar, al menos en lo que a la asignatura de Religión se refiere. “La nueva ley no ha sido aprobada aún, de tal manera que seguiremos con la LOMCE –explica Miguel Ángel Solís–. La novedad que tendremos este año será que, después de cuatro años que ha tardado en salir la sentencia en la cual se declaraba nulo el decreto por el cual no se ofertaba la asignatura de Religión en 2.º de Bachillerato, este año sí que se podrá por fin ofertar. Hemos luchado mucho para que sea así, y otra vez se ha demostrado que frente a esa voluntad política que existe de arrinconar y eliminar a la asignatura de Religión, la justicia llega para decir que lo que se está haciendo, no es lo que se corresponde con lo que tiene que ser”. 

Este año, sin Semana Diocesana de Formación

Por “prudencia y por responsabilidad”, tal y como se explica desde la Delegación diocesana de Enseñanza, este año no se celebrará la Semana Diocesana de Formación, que cada año, a primeros de septiembre, reúne a cerca de cuatrocientas personas en el Seminario Metropolitano para asistir a los diferentes cursos ofertados. “No sabemos cuál será la normativa, los espacios de los que podremos disponer o el aforo que podremos ofertar.–reconoce el Delegado episcopal de Enseñanza, Miguel Ángel Solís–. Ante esas circunstancias se pensó que era mejor postponerlo hasta que se vuelva a la normalidad. La Semana Diocesana de Formación goza de una buena calidad, los ponentes que vienen son realmente buenos, y no poder garantizar una presencialidad que dignifique, como hace cada año, estos cursos, hizo que optáramos por anular la edición de este año y esperar a que la situación se normalice”. A estas alturas del año ya estaría casi finalizando el periodo de inscripción para septiembre, una costumbre que además favorece el cálculo de los asistentes a cada curso. Este año, como ha sucedido con tantas otras iniciativas, habrá que esperar.

(Iglesia de Asturias)

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