Dos nuevos presbíteros para la diócesis de Córdoba

Javier Solaz y Mario González están a pocos días de su ordenación sacerdotal. Será el sábado, 27 de junio, en la Santa Iglesia Catedral cuando ambos reciban, de manos del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, el sacramento del orden.

El camino comenzó hace siete años. Durante este tiempo se han formado, han crecido en la fe y se han preparado para ser a partir de ahora dos nuevos ministros de la Iglesia. No le ha tocado una etapa fácil para comenzar su ministerio, pero Javier y Mario la afrontan con esperanza y entrega, sabiendo que en manos de Dios todo es posible.

En pocos días dejarán el Seminario, el que ha sido su hogar en los últimos siete años, para enfrentarse a la misión que llevan soñando tanto tiempo. Confían en la providencia del Señor y solo ansían ser sacerdotes santos predicando el evangelio, quieren ser referente entregado para la feligresía que los acoja próximamente.

Estamos en los días previos, aparte del nerviosismo la ilusión debe ser desbordante después de tanto tiempo esperando

Javier: si, la verdad es que son siete años de formación, pero ahora mismo se vive con cierta paz, porque son tantos años que ya vives con cierta paciencia. Es como la espera de la esperanza

Mario: desde pequeñito esperas el momento y la situación que nos está tocando vivir me está tocando mucho el corazón porque tienes que tener unos criterios claros. Nos gustaría una celebración en la que pudiera participar todo el mundo, pero son días de llamar y pedir que recen y te crea mucha inseguridad por dentro, ¿estarán entendiendo la situación aquellos que me quieren acompañar? Son días un poco raros.

Dejáis vuestra casa de los últimos siete años ¿en el plano personal produce cierto desarraigo?

J: Ciertamente, por un lado tiene cierta pena, porque son muchos años en el seminario, que es una casa de hermanos en el Señor, y tiene tantas emociones de tantos años que da pena. Sobre todo porque hemos vivido felices, si nosotros aspiramos a la vida del cielo, estos siete años han sido para mí como ese pedacito de cielo que he podido compartir con los hermanos.

M: cuando estás en primero o segundo y ves la meta final de la ordenación decías ¿estaré yo cuando llegue a los cursos superiores al nivel? Te das cuenta que esto es una pura gracia de Dios. Vamos a echar mucho de menos el seminario pero es verdad que hay que tener la cabeza un poco fría y saber que el seminario es una etapa, un instrumento y que aunque sea una familia, la verdadera familia es la Iglesia entera. Tengo muy presente a mis hermanos que han compartido curso conmigo y por algún motivo no han llegado porque te das cuenta de la misericordia que tuvo el Señor contigo.

¿Cómo se traducen las miras en el servicio a la Iglesia, en vuestro primer destino pastoral?

J: Estoy tranquilo, como aún no sabemos nada, estaré agradeció allí donde el Señor y el Espíritu Santo me quieran llevar, donde haga falta un sacerdote allí voy yo.

M: Sé que el Señor me va a mandar al mejor sitio que me tenía preparado desde siempre. También confío mucho en la Diócesis, me conocen muy bien, tanto los que tienen tomar la decisión, como el presbiterio. Es un momento de sentirte muy unido al resto de hermanos sacerdotes que sé que me van a cuidar. Estoy muy confiado respecto a mi primer destino.

¿En qué pondrás el acento de tu ministerio?

J: Principalmente en cuatro cosas, por un lado en ser un sacerdote de oración, también ser cercano, como dice el Papa Francisco “Sed sacerdotes con olor de oveja”, además ser un sacerdote alegre, que represente la alegría de Cristo resucitado y de la Iglesia, por último ser un sacerdote que mire a María porque mirándola nos acercamos a Jesús.

M: Últimamente estoy pensando mucho en algunas frases del Papa Francisco y me gustaría ser un sacerdote de carne pero carne traspasada de amor, es decir, un sacerdote que sabe pararse en la cuneta de la vida y dar el pan de la vida que es la eucaristía y cuidar a los hermanos, en el fondo nosotros somos portadores de Dios. También ser un sacerdote realista, con las debilidades propias y me gustaría que me recordaran al final de mi vida como un sacerdote que lo único que intentó fue servir a los hermanos lo mejor que puede y hacer en cada momento lo que Dios me ha pedido.

En estos momentos habrá muchos nombres que viene a tu cabeza, aquel maestro, aquel compañero de pupitre, la familia, aquel sacerdote ¿Quiénes están en tu cabeza ahora mismo?

J: Ahora mismo te acuerdas de todos, de toda tu historia hasta que has llegado aquí. De las personas que se han ido poniendo en tu camino, compañeros de la universidad, de la familia, que me ha estado apoyando mucho durante estos años y sobre todo de los formadores, que con sus consejos y experiencias de vida sacerdotal te abren el camino y te enseñan lo que te vas a encontrar en la vida sacerdotal

M: Es un momento de repaso de la historia, me doy cuenta que el Señor me ha dado muchos regalos, el primero ha sido mi familia, en especial mi madre, mi hermana y mis abuelas, que me han transmitido la fe. Tengo muy presente los sacerdotes que para mí han sido referencia, el de mi etapa de la comunión, del seminario y D. Ramón de Almería, que fue el sacerdote que me trajo al seminario, y en esta última etapa a D. Luis Recio, que me está ayudando mucho. También tengo presentes dos tipos de personas que me vienen mucho a la oración, lo primero los sacerdotes mayores, que son los que han entregado la vida y me pueden enseñar, y luego los grandes amigos que he descubierto estos años en Córdoba. Si me llevo un regalo de Córdoba son los laicos que el Señor me ha ido poniendo porque son para mí una referencia de vida cristiana.

Os vais a encontrar una feligresía atravesada por el dolor de la pandemia ¿os sentís fuertes ante este primer reto que pone el listón muy alto?

J: Son momentos difíciles que han provocado mucho sufrimiento y dolor con la muerte de tantas personas y es cierto que nosotros, que estamos llamados a guiar la almas, ahora mismo es fundamental tener tacto para cuidarlas en la parroquia a la que el Señor nos envíe. Hay que hacerlo con el cuidado y la delicadeza que se presupone en el sacerdote.

M: Soy consciente de que soy yo el que tiene que dejarse ayudar, empezamos en un época difícil pero para mí la pandemia está siendo un signo para el ministerio diaconal, ha sido un paso del Señor para decirme que lo importante en mi ministerio no va a ser el hacer sino el ser sacerdote, un hombre de Dios, aunque humanamente no puedas hacer mucho. Además, siendo realista creo que es un momento en el que necesitamos mucha austeridad y humanidad. Necesito ganar en humanidad y los preparativos de la ordenación y la primera misa están siendo sencillos.

En este momento los valores de la juventud van por el consumo, obtener un gran puesto de trabajo ¿qué le diríais a esta gente vosotros que a pesar de estar preparadas y a ver visto las reglas del mundo, habéis optado por el sacerdocio?

J: Hay que partir de la llamada y ser capaces de responder a esa llamada, es verdad que la sociedad moderna no anima a la vida sacerdotal y a los jóvenes no le resulta atrayente. Tenemos que mostrar la gracia que Dios transmite, a través del sacerdote en los sacramentos, con un lenguaje que ellos entiendan, ya que a veces les puede resultar aburrido y no lo entienden. Creo que se trata de captar el lenguaje que ellos hablan y su atención, si llegas a su corazón ellos responden.

M: Lo primero tengo que ser consciente de la sacramentalidad del ministerio, es decir, que Dios actúa a través de mí pero no me anula, se sirve de mi humanidad por lo que es muy importante que vean en mí que Dios los quiere a la forma humana. Por otro lado, es importante no juzgar, providencial el Sínodo de los Jóvenes, La Iglesia te escucha. En último lugar, se coherente, es decir, llevar una coherencia de vida que los jóvenes vean a un hombre de Dios sin mas pretensiones.

(Diócesis de Córdoba)

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