¡Venid y adorémosle!

Queridos hermanos y hermanas:

Con emocionada y profunda alegría os saludo a todos y a cada uno de vosotros en este día grande de nuestra Archidiócesis y, especialmente, de la ciudad de Toledo, ciudad eucarística cuya vida cristiana y civil tiene su punto culminante en esta fiesta, vibrando alrededor de todo lo que supone la preparación y la celebración anual del Corpus Christi. Nuestra ciudad no se entiende sin esta fiesta grande, no se explica justamente sin la presencia real y viva de Jesucristo entre nosotros; el Señor es el que da sentido a nuestra historia bimilenaria, a nuestro riquísimo patrimonio artístico y cultural, y a todos vosotros que, de una u otra manera, sois piedras vivas de la Iglesia que peregrina en la Archidiócesis de Toledo.

La prolongación del estado de alarma, y la descalada en distintas fases, no hace posible todavía que este año podamos reunirnos como siempre para celebrar el Corpus Christi. Tenemos que hacerlo de manera restringida, ciñéndonos al espacio catedralicio, pero participando a través de los medios de comunicación social que, a gracias a Dios, nos permiten estar realmente presentes.

La imposibilidad de hacer la procesión por las calles, con el esplendor de todos los años, no es una merma de lo que es más importante este día: adorar y amar al Señor Sacramentado. Sin quitar el mérito que tiene el esfuerzo que todos ponéis en la decoración de las calles de Toledo y de vuestras parroquias, creo que este año tenemos una oportunidad preciosa para que pensemos y reconozcamos por qué hacemos esta fiesta y qué es lo importante en la celebración: lo hacemos por el Señor y él es el único importante, el único que se merece el honor y la gloria. Por Jesucristo se “visten” de Corpus y alaban al Señor en la Eucaristía Toledo y tantas parroquias de nuestra Archidiócesis. Sea en la hermosísima custodia de Arfe, sea en el sencillo ostensorio de una pequeña parroquia en cualquiera de los rincones de la geografía diocesana, el Señor está aquí:
“¡venid y adorémosle!”. Sea con infinidad de adornos y multitudes por las calles, o sea en la pequeña comunidad parroquial, con la simple ofrenda de unos ramos de flores en la mano, el Señor está con nosotros: “¡venid y adorémosle!”. Sí, queridos hermanos: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar …. ¡sea por siempre y bendito alabado!”.

No os olvidéis que este día del Corpus Christi, junto con el Jueves Santo, celebramos también el día de la Caridad. Por ello, quiero agradecer muy especialmente a todos los miembros de Cáritas y a los voluntarios que colaboran, si excepcional y maravilloso servicio durante estos meses de confinamiento debido a la pandemia. En efecto, desde el inicio de la crisis, Cáritas ha estado siempre abierta, nunca cerró, y todos y cada uno de sus miembros han hecho un trabajo de tal
magnitud -hasta la extenuación-, que sólo Dios podrá recompensarles con justicia. Hoy nosotros queremos darles nuestro homenaje y efusivo agradecimiento; y la mejor manera de hacerlo es continuar colaborando con ellos, pues las necesidades son muchísimas. Así que os animo a que lo hagáis, mostrando así vuestro apoyo y vuestra particular acción de gracias.

Por último, queridos diocesanos: no os olvido a ninguno especialmente en este día de la solemnidad de Corpus Christi: os quiero agradecer con todo mi corazón el esfuerzo y la ejemplaridad que habías mostrado durante estos meses, adaptando vuestra vida cristiana personal y familiar a las circunstancias. Sois muchísimos los que estáis en comunión y pendientes
los unos de los otros, los que continuáis trabajando en vuestras parroquias y en vuestras comunidades eclesiales, en las cofradías y hermandades, en los movimientos, etc. Todos haciendo que la Iglesia, formada por las piedras vivas que sois cada uno, sea una Iglesia viva, evangélica y misionera.

Gracias, gracias, muchas gracias. Os envío cordialmente mi bendición.

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo
Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.