Corpus Christi 2020

Celebramos hoy la fiesta de Corpus Christi. Este año, debido a la crisis del coronavirus y las graves consecuencias que ha provocado, la celebración será diferente. No será posible recorrer las calles de nuestros pueblos y ciudades y contemplar los altares y las alfombras de flores que cada año preparábamos como ofrenda a Nuestro Señor. Será diferente, pero hemos de conseguir que sea muy especial poniendo intensidad y profundidad, para recibir todo el fruto que el Señor nos quiere conceder, que sin duda será abundante. También hemos de escuchar con atención la llamada a la caridad, a compartir nuestros bienes, y al compromiso activo por la paz y la justicia en el mundo.

Estamos llamados a vivir con particular intensidad la celebración litúrgica y a profundizar en el misterio de la Eucaristía. Precisamente porque las circunstancias son más dolorosas, hemos de percibir de manera especial la presencia de Jesús que camina con nosotros, nos enseña el sentido de las Sagradas Escrituras y se hace alimento en este difícil peregrinar. El misterio eucarístico es la raíz, el fundamento y el secreto de la vida espiritual de cada discípulo y de toda la Iglesia.

Cuando llegan la duda, el miedo, la incertidumbre y la oscuridad, la Eucaristía será luz en el camino.  Y es que la celebración nos alimenta con la Palabra de Dios y el Pan de Vida. En la primera parte leemos las Escrituras, que iluminan la mente y reavivan el corazón. Después recibimos el alimento de vida, a Jesús mismo, porque la Eucaristía es banquete, es Cristo real y sustancialmente presente. Por eso hemos de participar con conciencia viva de su presencia real y hemos de expresar nuestro amor y agradecimiento por su presencia dedicando largos ratos de adoración.

Él se nos da para permanecer  en nosotros. La comunión eucarística es una compenetración íntima entre Cristo y la persona que comulga. La comunión  genera también la unidad entre los que comulgan. La Eucaristía expresa y desarrolla la comunión eclesial y llama a los miembros de la Iglesia a compartir sus bienes espirituales y materiales, a ser solidarios con los demás, a ser promotores de justicia, de paz, y especialmente a compartir todo con los necesitados.

En el momento aciago que estamos viviendo, la Eucaristía tiene que llevar a los fieles y a las comunidades a  vivir la caridad afectiva y efectiva: a compartir los bienes, a capacitar a las personas para que puedan incorporarse a la vida laboral, a reconstruir el tejido económico, laboral y social, tan debilitado por la pandemia. Personas, instituciones y administraciones estamos llamados a mirar el futuro con confianza, a favorecer la creatividad y luchar con firmeza para que se creen las condiciones adecuadas para la inversión y el desarrollo de nuevas iniciativas capaces de crear economía real y generar nuevos puestos de trabajo dignos.

De la misma manera, todas las personas de buena voluntad, particularmente aquellas con más capacidades y responsabilidades, deben colaborar en una reflexión más profunda y creativa y poner los recursos al alcance de la sociedad para construir una economía más justa y equitativa. El Evangelio de Jesús nos inspirará para llevar a cabo una transformación radical de vida, con su mensaje de justicia, esperanza y fraternidad.

El encuentro con Jesús en la Eucaristía también nos lleva a evangelizar, a dar testimonio. Tenemos que dar gracias al Señor y no dudar en mostrar nuestra fe en todos los ámbitos de la vida sin miedo. Que el Señor nos conceda ser conscientes del tesoro incomparable que es Cristo presente en el Sacramento. Que María nos enseñe y nos ayude a vivir este santísimo misterio.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.