Corpus: celebración, comunión, caridad y adoración

En la celebración de la Eucaristía, cuando nos disponemos a recibir el pan consagrado, quien preside –obispo, presbítero o diácono– nos lo ofrece diciendo: “¡El cuerpo de Cristo!”.

Nuestra respuesta es: “¡Amén!”. Lo afirmamos, lo aceptamos, estamos de acuerdo y lo acogemos.

Del mismo modo, en las celebraciones en ausencia de presbítero, quien dirige la celebración con la autorización episcopal también ofrece el pan con la misma expresión, e igualmente la recibimos con la respuesta “amén”. Cuando se lleva la comunión a los enfermos o ancianos, reserva de la celebración eucarística, también se recuerda que es el cuerpo de Cristo.

En la exposición del Santísimo rezamos en presencia del cuerpo de Cristo, reserva de la Eucaristía.

No olvidemos que Jesús mismo se identifica con las personas, y muy especialmente con las más necesitadas de todo tipo de bienes.

La celebración, la comunión, la adoración y la caridad nos indican lo que celebramos en la fiesta del Corpus.

Celebración

Cuando, en 304, en el norte de África, unos cristianos fueron arrestados por haberse reunido en domingo, la respuesta a la pregunta y a la acusación del prefecto romano fue: “Sin el día del Señor no podemos vivir”. Querían decir con ello que sin la celebración de la Eucaristía no podían vivir como cristianos.

A menudo me pregunto por qué algunos hermanos de la fe no valoran la Eucaristía y por eso no participan de ella, sobre todo los domingos. Podemos encontrar razones prácticas para esa actitud, pero fundamentalmente es porque no aman a Jesucristo, no lo conocen del todo y no han descubierto que para seguirlo, para ser cristiano, hay que celebrar su presencia, muerte y resurrección, estar en comunión con Él y recibir sus dones.

Ojalá que el ayuno obligado durante el confinamiento nos haya devuelto el deseo de participar en la celebración.

Comunión

“Sin mí no podéis hacer nada”; “si no os mantenéis unidos a mí como el sarmiento a la vid, no podéis dar fruto”; “quién vive en mí y yo en él dará muchos frutos”, nos repite el Señor Jesús. Para vivir en cristiano es del todo necesario estar en comunión con Jesucristo, en la unión más íntima; hay que dejar que se haga carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre.

Igualmente, en la comunión con Jesucristo se sustenta la comunión en la familia de la Iglesia, y se nos abre el sentimiento de unión con la humanidad.

Caridad

El reconocimiento de Cristo presente en los hermanos con necesidades, sean las que sean, está profundamente unido al reconocimiento de Cristo en la Eucaristía. Desde siempre se han vinculado Eucaristía y Caridad, comunión con Cristo y los hermanos.

En la Iglesia tenemos que partir el pan de todo tipo de bienes y repartirlo, sobre todo por medio de Cáritas, de sus acciones y propuestas. Si compartimos y participamos del mayor bien –el cuerpo de Cristo–, también debemos compartir los demás bienes de menos valor, pero necesarios para una vida digna.

Contemplación y adoración

Cristo está presente en la Eucaristía que se reserva para comulgar cuando no puede haber celebración, para llevar la comunión a los enfermos y para la adoración y plegaria.

Entre tantos quehaceres diarios hay que detenerse, de vez en cuando, para no perder la capacidad de admirarnos, de dar gracias y de alabar a Jesucristo por todo lo que ha hecho y hace por nosotros, y hacerlo en su presencia, puesto que Él ha querido quedarse entre nosotros.

Corpus: participemos en la Eucaristía, acojamos al Señor en la comunión, adorémoslo con la plegaria y reconozcámoslo en nuestros hermanos.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 411 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.