“Sentado a la mesa con ellos” Ante el “Día de Caridad” de 2020

Queridos diocesanos:

La próxima solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el día 14 de junio, domingo, nos va a recordar una vez más la íntima relación que existe, por voluntad del propio Señor nuestro Jesucristo, entre la Eucaristía que celebramos y el amor fraterno que hemos de poner en práctica si de veras queremos ser sus discípulos. Os confieso que después de los meses vividos con la preocupación generada por la pandemia del Coronavirus me parece, mucho más que un alivio, todo un signo de esperanza la llegada de la normalidad, aunque esta todavía no es total y nos exige avanzar con prudencia.

 Con muy buen criterio los obispos de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social de nuestra Conferencia nos han ofrecido una interesante reflexión que invito a leer y meditar. Todos, de una manera o de otra, hemos padecido una situación que no debemos olvidar sin más. Nos hemos encontrado inermes y desconcertados y aunque existía una cierta confusión en cuanto a estadísticas de personas afectadas y el panorama se nos antojaba más oscuro que claro, hemos podido pensar que bastaba con tener cuidado para no contagiarse y mantener la confianza de que el peligro terminaría pasando. No es verdad. Nos lo han recordado los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social: Esta pandemia no solo nos está dejando dolorosas muertes, sino que está provocando además una grave crisis económica y social… Como consecuencia… está creciendo el número de personas que sufren física, social, psicológica y espiritualmente. Muchas ya están experimentando la noche oscura de los discípulos de Emaús al pensar que todo está perdido”

No sé hasta qué punto los fieles cristianos de nuestras parroquias, tanto urbanas como rurales, han echado en falta la celebración de la Misa del domingo y la participación sacramental en la Eucaristía con su prolongación en la vida diaria. De los primeros siglos, cuando los cristianos eran perseguidos a muerte y se veían obligados a interrumpir sus celebraciones, nos ha llegado un testimonio conmovedor. Preguntados por qué quebrantaban la prohibición de reunirse, respondían: “Porque no podemos prescindir de lo que es del Señor” en referencia tanto al domingo, el “día del Señor”, como a la Eucaristía fraterna.

Ahora llega la solemnidad del Corpus Christi y la celebraremos lo mejor posible. Esto supone aprovechar la experiencia reciente para valorar mucho más que hasta ahora la Misa dominical como “Mesa del Señor y de los hermanos”. Él es quien nos reúne, nos alimenta con su palabra y con su Cuerpo y Sangre y quien nos reenvía en misión para llevar a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados, el testimonio del amor fraterno. Pero de manera palpable y contante. Y si no tenemos a mano a quién hacerlo, hagámoslo a través de las instituciones caritativas y sociales. Ahí está Caritas diocesana de León con sus comedores, sus centros de acogida, sus residencias y dispensarios y sus planes de acción social. No lo olvidéis: “Caritas” es la mano de la Iglesia que sirve y comparte.

Celebremos lo mejor posible el “Día del Cuerpo y de la Sangre de Cristo” cantando al “Amor de los Amores” pero sin olvidar, como postula el “Día de Caridad”, que “unidos al Señor, nos convirtamos en testigos de la fe, forjadores de esperanza, promotores de fraternidad y constructores de solidaridad en medio de esta situación tan dolorosa que estamos atravesando”. Con mi cordial saludo y bendición:

+Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella